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Crítica de teatro: Obra "La respuesta"

por 8 agosto, 2015

Crítica de teatro: Obra «La respuesta»
La obra se desarrolla en Valdivia, 1960, exactamente después del terremoto de aquella fecha, dos mujeres viven juntas y un vecino las visita, ellos, a su vez, son abordados por un equipo periodístico capitalino que tiene la misión de retratar fílmicamente lo acontecido, de dejar testimonio y documentar los estragos del terremoto, sin embargo, al poco andar, el equipo periodístico notará que “algo falta”, digamos: dramatismo, fuerza, verdad en la imagen, lo que a fin de cuentas instalará la discusión central de la obra, un conflicto que precisamente se articula en torno al uso y manipulación de los fenómenos materiales a través de los medios de comunicación y, por tanto, de la posibilidad de la verdad como un constructo intencionado, tendencioso y organizado en virtud de intereses creados.
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Los medios masivos de comunicación se convirtieron en un tema de discusión ya desde los años sesenta, probablemente y con diversos cambios en la discursividad en torno al contenido, siguen siendo hasta el día de hoy uno de los componentes centrales en la discusión de nuestra sociedad posmoderna o capitalista tardía; lo que no es de extrañar, porque –todo hay que decirlo- lugar común o no, son estos medios masivos de comunicación los que captan la mayor parte de la atención de la población, su credibilidad es (extrañamente) enorme y como sistema propagandístico no tienen competencia.

Así, pues, no es de extrañar que emerja en el panorama nacional del teatro una obra que proponga preguntas o cuestionamientos en torno a la idea de tales medios, sus efectos y su estructuración en la vida cotidiana de las personas, que es lo que como principio argumental trabaja “La Respuesta”, para luego procurar bases a otros temas que debieran quedar a cargo del espectador.

La obra se desarrolla en Valdivia, 1960, exactamente después del terremoto de aquella fecha, dos mujeres viven juntas y un vecino las visita, ellos, a su vez, son abordados por un equipo periodístico capitalino que tiene la misión de retratar fílmicamente lo acontecido, de dejar testimonio y documentar los estragos del terremoto, sin embargo, al poco andar, el equipo periodístico notará que “algo falta”, digamos: dramatismo, fuerza, verdad en la imagen, lo que a fin de cuentas instalará la discusión central de la obra, un conflicto que precisamente se articula en torno al uso y manipulación de los fenómenos materiales a través de los medios de comunicación y, por tanto, de la posibilidad de la verdad como un constructo intencionado, tendencioso y organizado en virtud de intereses creados.

Las actuaciones de esta obra son un gran acierto. Todas ellas están a un buen nivel como mínimo, el profesionalismo de los actores y su trabajo da sustento a la propuesta e incluso en los momentos más ripiosos de la dramaturgia, ellos logran mantener las escenas, el conflicto y las necesidades de la acción dramática a la que se juega la obra. María Paz Grandjean, por supuesto, es una de las notas más altas en este ámbito, su trabajo sólido y bien sostenido, realza a su personaje dotándolo de profundidad y caracterizándola verdaderamente (cosa esta última que cualquier actor o actriz debería hacer con su personaje, pero que a menudo –lamentablemente- no sucede) Grandjean dice sus textos con matices, valorando las palabras y dotándolas de significación, sin caer en la mera repetición de un texto.

Otro de los actores que llama la atención es Guilherme Sepúlveda, quién también dota a su personaje de múltiples claros/oscuros, desarrollando un trabajo concreto en torno al uso del lenguaje y del cuerpo, su personaje se corporaliza muy bien, hay una kinética en Sepúlveda que se relaciona o, más bien, se hace orgánica con el trabajo de voz y las gamas que allí articula, de manera que la construcción de su personaje se hace compacta y coherente. Jacinta Langlois y Rafael Contreras también hacen un trabajo bien compuesto y sostienen emotivamente la puesta en escena, en tanto Pablo Manzi y Andreina Olivarí se movilizan más desde un lugar intelectual a la hora de desarrollar sus actuaciones; en cualquier caso, todas las actuaciones están en un muy buen nivel.

El diseño integral a cargo de los Contadores Auditores es especialmente interesante, en lo personal, me pareció que se salían de su estilo más tradicional, integrándose a un registro diferente, en el que se ve, no solo una evolución, sino que también un acierto, en la medida que los vestuarios especialmente y algunos cuadros escénicos donde el diseño es privilegiado, comunican de manera evidente como parte de la obra y de la acción dramática de la misma. Por lo demás, la iluminación juega también un papel sustancial en este sentido y algunas de las mayores escenas de la obra se logran, precisamente, gracias a las luces, así como a la música a cargo de Ricardo Zavala, quién desarrolla un trabajo inteligente en este sentido, en la medida que acompaña la acción y no la borra, sostiene rítmicamente los procesos escénicos, sin sobrepasarlos, generando un trabajo humilde e inteligente sonoramente.

Franco Toledo, dramaturgo y director, con este trabajo ha dado muestras de ser un artista que está en un camino de exploración escénica inteligente y bien estructurado, organiza las escenas y la acción dramática de manera rigurosa y proponiendo una lectura de hechos y situaciones históricos a las vez que sociales, logrando así comunicar segundas lecturas y reflexiones poco comunes para un tema que, eventualmente, podría ser un lugar común. También, vale la pena mencionar un hálito poético en su trabajo, lleno por cierto de guiños interesantes: imágenes de la historia chilena o la escena final en relación al nombre de la obra y la apelación que hace al público es un momento elegante y bello al mismo tiempo.

Tal vez, el lugar más débil de la obra sea la dramaturgia.

La obra se sostiene y la acción dramática se configura de tal manera que se produce una totalidad que puede seguirse y, por cierto, hay una sentido en su construcción que permite variadas lecturas, esto solo ya es bastante –convengamos- sin embargo, hay ciertos problemas de ejecución que requieren ser pulidos (por supuesto, esta es mi miserable opinión y detesto ser crítico, pero es lo que me toca), el asunto es que las primeras escenas se alargan innecesariamente, con algunos diálogos parasitarios que no llevan a nada, no solo en el sentido de no activar la acción (eso no sería problema), sino que tampoco logran generar un mundo sígnicamente cargado, el conflicto mismo de la obra queda algo desaprovechado, siendo interesante como es, proponiendo una situación a todas luces posible de desarrollar, se cierra demasiado rápido y no se persigue, dramatúrgicamente, una serie de posibilidades que el problema planteado permite. Eso sí, los personajes, desde su propia habla, están muy bien caracterizados, sus discursos los hacen coherentes y les dan vida con verosimilitud, lo que en el ámbito de la dramaturgia es un acierto nada fácil de lograr.

“La Respuesta” es una obra muy interesante, con actuaciones notables y una dirección muy bien trabajada, tal vez su dramaturgia posea algunos problemas, pero es una puesta en escena que es absolutamente recomendable e interesante de ver.

FICHA ARTISTICA

Dramaturgia y dirección: Franco Toledo

Elenco: Andreina Olivari, Jacinta Langlois, María Paz Grandjean, Rafael Contreras, Guilherme Sepúlveda y Pablo Manzi.



Asistencia de dirección: Antonia Bannen

Diseño integral y gráfica: Los Contadores Auditores

Música: Ricardo Zavala

Producción: Katy Cabezas

Registro audiovisual y fotográfico: Alejandra Bitrán

COORDENADAS

La Respuesta
31 de julio al 30 de agosto
viernes y sábado 21 hrs. Domingo 20 hrs.
Teatro del Puente (Parque Forestal s/n)
General $6.000 Estudiantes $3.000 Tercera edad $4.000

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