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Depeche Mode en Chile

Cultura - El Mostrador

Sonidos de fe y devoción en el fin del mundo

por 22 marzo, 2018

Sonidos de fe y devoción en el fin del mundo
La primera vez que tocó Depeche Mode en Chile fue el 10 de abril de 1994. Horas antes, había fallecido en un accidente automovilístico el fundador de la banda nacional ‘La Ley’ Andres Bobe y solo cinco días antes, se había sabido de la muerte del fundador de ‘Nirvana’, Kurt Cobain. Así, en ese contexto, se presentaron los cuatro de Basildon en nuestro país, en el Velódromo del Estadio Nacional, el mismo recinto que los recibió el día de ayer- pero en la casa grande- luego de 24 años, en la gira considerada la más extensa de la banda desde su fundación en 1980.
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El 11 de octubre de 2016, la banda británica Depeche Mode, anunciaba públicamente el comienzo de su gira ‘Global Spirit Tour’ en la ciudad de Milán, Italia y los fanáticos a nivel mundial esperaban con ansias que en esta pasada sus respectivos países estuvieran incluidos dentro del paquete de los 130 conciertos que se avisaban comenzarían en 2017 para promocionar su placa de estudio número 14, “Spirit”.

Fue así como los fans chilenos se enteraron en esa oportunidad, que serían participes por tercera vez de unas de las experiencias más esperadas por aquellos que crecieron con la música de los británicos y lo han vuelto parte de su diario vivir, en su mayoría, desde los años 90’ en adelante, luego que el mundo entero terminara de reconocerlos con su disco de ese mismo año ‘Violator´, donde aparecen los temas más conocidos a nivel popular en Chile de la banda como “Enjoy the silence” o “Personal Jesus”.

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Esto principalmente, porque a diferencia de los fanáticos europeos o norteamericanos, los intervalos de tiempo entre presentación y ´presentación han sido muy extensos. La primera vez que aterrizaron en tierra nacional fue en 1994, en su gira llamada “Devotional Tour” pero en su variante sudamericana que tenía por nombre “Exotic Tour”. En el Velódromo del Estadio Nacional, se reunieron sobre 15 mil personas que esperaban con ansias poder disfrutar de la oscura música de los ingleses. Horas antes, en el Estadio en sí, se había jugado un clásico entre la Universidad de Chile y Colo Colo, situación que había provocado una serie de desmanes en los alrededores del recinto de Ñuñoa y había colocado a la banda en una situación tensa a nivel de seguridad. Cabe destacar que Chile no era lo que es hoy a nivel de eventos masivos, solo cinco años antes había inaugurado la temporada de conciertos el inglés Rod Stewart, quién congregó a 70 mil personas en el Nacional, muchos de los cuales dirían después ni siquiera ser realmente fanáticos, pero no se podían perder la oportunidad de participar en el que sería el primer mega evento musical post dictadura.

Pero este primer acercamiento de los ingleses peligró en algún momento. La gira de conciertos a esta parte del mundo fue en cierto sentido forzada por Dave Gahan y Alan Wilder. Los principales oponentes de la ruta fueron Andy Fletcher y Daniel Miller. No es un secreto que el motivo principal de la oposición de seguir por acá la gira fue la taquilla, cabe recordar que la entrada de aquella época era de diez mil pesos, lo que no hacía rentable el transporte de equipos y técnicos a esta zona del mundo. Pero de igual forma se presentaron en medio del caos propio de una gira que se había extendido más de la cuenta y que manifestaba por lo mismo problemas en la interna dentro de la agrupación. No menor es el hecho que esta es la última gira en la que participa Alan Wilder, declarando posteriormente su incapacidad de mantener una buena relación laboral con Fletcher y estar sobrepasado por los excesos de Gahan, que solo meses antes de la salida formal del músico, había sido hospitalizado tras sufrir una sobredosis en 1996 que lo mantuvo clínicamente muerto alrededor de dos minutos.

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Muchos de los fanáticos de la época que no pudieron asistir a ese concierto, principalmente por la edad – que bordeaba entre los 10 y 15 años- y en vista de lo inseguro que era, además, asistir a ese tipo de mega eventos masivos, tuvieron que esperar quince años a que la banda volviera a pisar tierra chilena.

Esta vez la cita fue el 15 de octubre de 2009 en el Club Hípico, uno de los peores escenarios en los cuales se podían presentar los ingleses, pero el único capaz de albergar a más de 50 mil personas que llegaron gracias a la gira ‘Tour of the Universe’. Es importante destacar que en aquella oportunidad no se pudieron presentar en el Estadio Nacional porque este se encontraba cerrado por reparaciones. La desorganización del evento hizo que los fanáticos que tenían las primeras ubicaciones -no las clásicas vip, ya que esa era en altura- se desplazaran en una carrera desenfrenada desde la entrada por Blanco Encalada hasta la entrada de Rondizzoni, donde se encontraba ubicado el escenario. Muchos de ellos llegaron a pernoctar un día antes en los alrededores del recinto y se dio por primera vez el fenómeno de las listas de llegada, pulseras de ubicación y los hoy tan comunes y criticados “check in y check out” de las filas de ingreso, algo que provocó más de un problema a medida que transcurría el día y se acercaba el horario de apertura de puertas.

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Otro punto en contra era la división de esta cancha en dos, entre la que era preferencial y la normal. La forma del recinto hacía que las personas ubicadas desde la mitad del recinto hacían atrás prácticamente no vieran nada y como es común en las últimas presentaciones de los británicos, la mayoría de las pantallas suelen proyectar piezas de apoyo más que a la banda en sí, lo cual en su momento fue fuente de fuertes críticas por parte de los espectadores de esa parte del recinto.

Y así es como pasaron nueve años hasta el día de ayer, donde gracias al ‘Global Spirit Tour’ aterrizaron nuevamente en tierras chilenas, ya cerrando lo que es considerado una de las giras más largas y completas de la banda.

Son 130 conciertos repartidos en los cinco continentes. Partió el 05 de mayo de 2017 en la ciudad de Estocolmo, Suecia y finaliza ahora el 25 de julio en Berlín, Alemania.

Pero esta gira tampoco ha estado exenta de polémicas y eventos desafortunados como la detección de cáncer a Gahan, que pusieron en jaque la continuidad de la misma en algún momento y la llegada de la banda a tierras nacionales. Pero luego de una suspensión provisoria y la oportuna detección y tratamiento de la enfermedad, pusieron a la agrupación nuevamente en rumbo retomando donde habían quedado por fecha.

A esto se debe sumar la repentina muerte del músico inglés David Bowie, que afecto profundamente a la agrupación y personalmente a Gahan quien compartía ciudad con el musico y espacios familiares como el colegio donde estudiaban las hijas de ambos.

Un dato no menor, es que Vince Clark, quien fuera uno de los fundadores de Depeche Mode y que en la actualidad es parte de ‘Erasure’, reclutó a Gahan luego de escucharlo cantar “Héroes” de Bowie en un bar, canción que siempre lo mantuvo ligado en su historia personal con el fallecido musico inglés y que ahora en esta gira tuvo la oportunidad de cantar rindiendo un sentido y honesto homenaje. En su concierto del 11 de septiembre de 2017 en la ciudad de Nueva York, luego de terminar la canción, Gahan alzó las manos al cielo en señal de saludo y agradecimiento, gesto que conmovió a la mayoría de los presentes. La canción con posterioridad fue sacada del repertorio a medida que avanzaba la gira. Al respecto, Gahan declaró a los medios que a pesar que se encontraba constantemente con Bowie, nunca fue capaz de decirle cuánto significaba su música para él.

El concierto de Nueva York también estuvo cargado por una gran emotividad en general. Desde el 09 de septiembre la ciudad se encontraba en estado de alerta, cerca de un nuevo aniversario del atentado a las torres gemelas. Eso hacía que el ingreso a uno de los países con mayor seguridad en el mundo se volviera el doble de compleja que en otras oportunidades.

Además de todas las medidas extremas de seguridad, era común ver en las calles policías armados con armas de grueso calibre y calles cerradas por seguridad, sobre todo en edificios estatales. Ese día, la jornada partió con un acto oficial que realizan las autoridades en lo que fue el World Trade Center, nombrado uno a uno los fallecidos en ambas torres ese desafortunado día de septiembre. Dave Gahan está radicado en la ciudad de Nueva York, por eso no era de extrañar que ese día tan particular la gira se desviara a esa zona y así él también pudiera compartir con los fanáticos locales quienes en su mayoría recuerdan ese día como uno de los más oscuros de la historia norteamericana y con sus seres queridos.

En esa oportunidad, el concierto programado para las 19:30 horas, fue reprogramado durante el mismo día una hora antes, ya que las medidas de seguridad requerían que los asistentes al evento pasaran por detectores de metales y muchas calles cerradas hacían que el tráfico al Madison Square Garden se colapsara más de lo que suele ocurrir en la cotidianidad de una ciudad que se caracteriza por su atochamiento vial.

En ese clima, los fanáticos locales, de los cuales muchos eran latinoamericanos infiltrados que venían siguiendo la gira desde Europa, se encontraron con un escenario donde ya sea por la idiosincrasia propia de los norteamericanos, las emociones fueron siempre controladas. Para muchos de los presentes era una presentación más (hablamos de personas que viven en una ciudad donde tienen eventos de estas características prácticamente todos los días) y salvo gestos concretos alusivos a la fecha, la mayoría disfrutó comiendo y bebiendo cerveza tranquilamente en sus asientos, el show de dos horas.

En ciudad de México, sin embargo, fue necesario agregar una fecha más. A la primera de las presentaciones programadas para el 11 de marzo se agregó la del día 13, ambas en el Foro Sol, espacio destinado a los eventos masivos y además a la Fórmula 1.

El público mexicano repletó el espacio en ambas oportunidades, llegando a más de 130 mil asistentes que disfrutaron en ambas jornadas a los ingleses. Y al igual que ocurriera en Estados Unidos, la diferencia del concierto la tuvo el público. La venta libre de bebidas alcohólicas y la corta edad de la mayoría de los presentes (el grueso del público no sobrepasaba los 35 años) hicieron a ratos el concierto en si un lugar peligroso para la seguridad de los propios asistentes. Peleas aisladas se multiplicaban entre los fanáticos que trataban de sobrepasarse mutuamente, haciendo que por intervalos de tiempo tuviera que intervenir la policía para poder controlar la situación.

Es así como tenemos en un mismo show dos realidades que se contraponen en la misma parte del mundo. Por un lado, el control excesivo que a ratos provocaba aburrimiento y por otro el descontrol y los excesos que generaba una situación constante de inseguridad y a ratos hasta miedo, sobre todo a personas que acostumbramos a estar en ambientes que, si bien pueden ser descontrolados por las emociones en sí que causan los artistas y su música, nunca llegan a ser peligrosos a nivel de sentir comprometida la propia integridad.

Ya cerca del final de la gira Latinoamericana y con todas estas presentaciones y escenarios distintos, es como los chilenos nos re encontramos con los chicos de Londres, que aterrizan con una de sus giras más completas en términos de repertorio en el coliseo de Ñuñoa.

Ciertamente el público en esta oportunidad, y como parte señalando esta nota, es el mismo que en su mayoría los vio en 1994 y posteriormente se agregaría el que asistió al concierto del 2009. Sumando las nuevas generaciones de jóvenes que no llegaban a los 30 años pero que cantaron a todo pulmón hasta las canciones más antiguas de la banda.

Porque ese es el poder que tiene la música; es intangible y muchos podrían decir que solo existe en el momento que se escucha, pero así y todo es capaz de alterar nuestra forma de ver el mundo y nuestro lugar en él. David Byrne decía que el poder de la música era tal, que nos podía ayudar a superar momentos difíciles en la vida, cambiando no solo como nos sentimos por dentro, sino también como sentimos todo lo que nos rodea.

Eso fue lo que ocurrió el día de ayer en el Estadio Nacional. La expresión misma de la emocionalidad condensada en 20 canciones que ubicada en este contexto, cambia no solo la forma en que se escucha, sino que le da un significado completamente nuevo. Y a riesgo de sonar chovinista, personalmente podría decir que la complicidad que tuvo la banda con el público y viceversa, solo la vi en esta oportunidad. Un público tan conectado, que hicieron que las dos horas de show se condensaran en no más de 30 minutos mentales y emocionales. Un público que al igual que los terremotos, asume que los volverá a ver si tiene suerte en intervalos de diez años, razón por la cual se aprende hasta las canciones más nuevas solo para poder gritárselas. Un público impecable ante el cual una de las mejores bandas del mundo, se rindió a sus pies. Sencillamente uno de esos momentos inolvidables que probablemente la mayoría de los 47 mil asistentes el día de ayer, podrá atesorar devotamente en su corazón hasta que el destino coloque nuevamente a los chicos de Basildon, Essex, en el corazón del fin del mundo.

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