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Una luz parpadeante: el relato de los sobrevivientes del recital de Doom

por 2 diciembre, 2018

Una luz parpadeante: el relato de los sobrevivientes del recital de Doom
La luz azul se repite en todos los relatos y es posiblemente lo último que vieron las víctimas fatales, antes de fallecer bajo aquella luz de neón azul que recibía a los que ingresaban.
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Los sobrevivientes a esta tragedia, relatan que la violencia comenzó mucho antes de la avalancha humana. Los guardias se paseaban mostrando los bates según los testigos y los mismos videos de las cámaras de seguridad los muestran, incluyéndose los constantes insultos a los jóvenes, incluidos a aquellos que querían comprar una entrada en la puerta del recinto, hecho que es muy común en este tipo de eventos, incluso regatear con los encargados de la puerta, valores más bajos.

Leer reportaje: Doom: La tragedia que generó un antes y un después en los eventos masivos en Chile

Una luz azul parpadeante

“Vio a una persona con un bate y gente como echándose para atrás, se hizo la media luna, veía la luz azul que se reflejaba en el suelo porque había agua… escuchó que la gente que estaba más abajo decía que no les pegaran. Escuchaba bulla, no veía ni un color porque estaba quedando aplastado, luego no escuchó nada y quedó inconsciente”, así lo atestiguó uno de los cinco jóvenes sobrevivientes que quedó grave e internado luego en la ex Posta Central.

Además del hecho concreto que ninguna de las personas que se encontraba resguardando el evento contaba con las credenciales para efectuar esta función, como es el curso efectuado por el OS10 de Carabineros, requisito indispensable para efectuar esta labor en la actualidad, y dada la recepción que tuvo el evento en redes sociales, la posibilidad que se generara una situación incontrolable era previsiblemente alta.

Un segundo testigo señala que él vio el color azul y escuchó gritos; “no me peguen, no me peguen”, luego se quedó atrapado, se fue a negro, ahí escuchó que sus huesos empezaban a crujir y cayó inconsciente”.

La luz azul se repite en todos los relatos y es posiblemente lo último que vio Daniel Moraga, antes de fallecer bajo aquella luz de neón azul que recibía a los que ingresaban. Daniel, como cuenta su madre, era un joven fuerte que había sabido vencer a la adversidad. Una distrofia muscular lo tuvo sus primeros años de vida en la Teletón, hecho que le ayudó a poder concretar muchos de sueños, como era el poder hacer música punk. Y fue esa misma pasión, lo que ese viernes le hizo despedirse con un beso de su madre, sabiendo que estaba a solo una semana se ser intervenido quirúrgicamente de sus pies, cirugía esperada por el joven, la que mejoraría notablemente su calidad de vida.

Otra de las testigos, que fue también quien cuidó circunstancialmente a Daniel, relata: “no puedo decir el color exacto, porque en la zona de descanso había luces moradas o azules. Allí estaban golpeando a los chicos, en el descanso”, también relata que encontró a una persona sobre unos vidrios en ese sector y por las relaciones que estableció con las familias en las velatones, comprobó que ese joven a quien ella sin conocer acompañó hasta el final, coincidía con las características físicas de Daniel Moraga.

Ella pidió ayuda junto a un amigo de Daniel, ambos cayeron durante un rato en un estado de negación, sabían que el joven estaba muerto, pero tenían la esperanza que esto no fuera así. En ese momento se acercó un guardia que le dijo “ayúdame a sacar a este hueón pa’ afuera”, ella se negó por las condiciones en que estaba. Arriba había un ambiente de tensión, gente que estaba con falta de oxígeno, pedían agua, gente llorando, gritando, al momento en que empezaron a llegar las ambulancias.

Uno de los grandes dolores relatados por Inés Azema, madre de Daniel, es que su hijo murió en el lugar y la música nunca se detuvo. Este hecho lo confirma Rodrigo Moyano, voluntario de la 6ª Compañía de Bomberos de Santiago, quien acudió aquella noche al rescate de personas a la esquina de San Francisco con Alameda, alrededor de las 11:00 pm. Al respecto, señaló que una vez sacados del lugar los cuerpos de dos personas que se encontraban inconscientes, volvió a bajar, con linternas buscaron más gente lesionada, pero no se veía que existiesen más. Mientras la tocata seguía porque la música continuaba, por lo que decidió salir de ahí.

Daniel, junto con Gastón, fueron los primeros en fallecer esa noche, en las mismas escaleras del inmueble. Angladetti tenía 25 años y había llegado a Chile dos meses antes del incidente. Venía a formar una familia con su pareja de nacionalidad chilena y la pequeña hija de ambos de 4 años.

Según relata quien fuera su pareja, Gastón había comprado la entrada un mes antes y se encontraba muy entusiasmado de poder ver esta banda, catalogada por la mayoría de los asistentes, como una de las más importantes de la escena “Crust Punk” a nivel mundial.

Gastón, al igual que Daniel, no tuvieron ninguna posibilidad de salir de la avalancha humana, falleciendo en los primeros minutos luego de ser aplastados por la masa que no paraba de caer por la escalera. Su mujer se enteró por Facebook de lo sucedido y al ver que no volvía a casa ni podía comunicarse con él, comenzó a averiguar, hasta que luego de muchas llamadas y búsqueda, dio con el cuerpo de su pareja en la ex Posta Central. Al ser Gastón argentino y ella no estar casada con él, no podía hacer nada en el Servicio Médico Legal. Estuvo ocho días tratando de sacar su cuerpo, hasta que el padre de Angladetti le envió desde Argentina, un poder para que lo pudiera sepultar. Nunca pensó que, por ir a un concierto de música, moriría y que su hija iba a quedar sin papá a los 4 años.

Todos los testigos, además, refirieron la existencia de varios bates en el lugar, resultando fehacientemente establecida la presencia de dos de estos objetos y un bastón retráctil, toda vez que tales elementos fueron incautados por el personal de carabineros que llegó al lugar, según dio cuenta el teniente Felipe Delgado Pérez, los que fueron exhibidos en el juicio y reconocidos por algunos de los testigos. “La causa determinante del aplastamiento y la muerte son los actos de Sánchez y sus guardias, que actuaron amenazantes, provocaron un impedimento que generó esta consecuencia mortal”, señaló al respecto la doctora y perito Vivian Bustos.

De lo que se transcribió en el fallo, todos los profesionales médicos coinciden en señalar que la causa de muerte en cada uno de los jóvenes, cuyas autopsias realizaron, fue por una compresión extrínseca o aplastamiento, causando en cuatro de ellos asfixia por compresión y, en uno, estallido hepático.

Según los expertos, la muerte por aplastamiento está considerada como una de las formas más angustiantes de morir.

Fabián González era oriundo de la ciudad de Iquique, pero estudiaba Administración de Artes culinarias en la ciudad de Valparaíso, lugar desde donde se trasladó -junto con un amigo de su ciudad natal- a ver a la banda. Sus cercanos lo recuerdan por su amor al dibujo y a la música, además de ser amante de los deportes acuáticos y gestor de muchas causas solidarias en su comunidad.

Fabián tuvo unas horas de sobrevida luego de la avalancha. Su madre, Rosa Dames, alcanzó a ver a su hijo por unos minutos. Él ya había sido intervenido dos veces por el equipo de la ex  Posta Central y los doctores sabían que el desenlace fatal era inminente.

Iván Pávez, médico tanatólogo del SML, señaló en su informe que Fabián, además del aplastamiento, presentaba la destrucción de uno de sus órganos vitales: “El estallido hepático podría ser atribuible a un aplastamiento, pero en particular esta lesión requiere, además, una concentración de fuerza bastante significativa en ese segmento del cuerpo, hay un traumatismo que ocasiona la lesión principal, es un golpe de distinta naturaleza, puede ser por una caída, por un golpe de rodilla”.

Ignacio Medina, al igual que Fabián, fue trasladado a la Posta Central en estado de riesgo vital.

Ignacio tenía 17 años. Esa noche, después del concierto, había quedado de juntarse en el metro con su padre, Álvaro Medina. Este, al ver que su hijo no respondía a las llamadas, se comenzó a inquietar, hasta que fue contestado por una doctora de la Posta Central, quien le pidió que se trasladara a la brevedad, ya que su hijo estaba, literalmente, muriendo. Su padre sintió la presión de la angustia en su pecho y partió raudo hacia la Posta Central.

Ignacio era un chico inquieto. Estaba en cuarto medio, y era un alumno muy bien evaluado entre docentes y también por sus compañeros. Era vegetariano, deportista, no consumía drogas ni alcohol. A su corta edad, logro hacer 4 discos que publicó en YouTube y tomó un curso de serigrafía, para poder hacer sus propias poleras, la que luego vendía.

Su padre recuerda aquella noche y comenta que cuando llegaron al centro asistencial, el doctor les dijo que su hijo estaba muy grave, muriendo, los preparó para que lo iban a observar; su cabeza estaba deformada, hinchada, las piernas moreteadas, los dedos de los pies quebrados, tenía quemada la espalda. Le hablaron a su hijo, éste lloraba, siempre tuvieron la esperanza que iba a salir adelante, porque era vegetariano y deportista, lo único que le gustaba era la música… pero debido a las lesiones, finalmente falleció.

Robert Rivas estuvo becado de primero a cuarto medio, con la beca ‘Presidente de la Republica’. Mientras estudiaba, fue presidente del centro de alumnos del Liceo comercial Insuco 2, titulándose en área de administración de empresas. Trabajaba y estudiaba sonido en el Instituto Profesional (IP) de Chile con la beca Milenio y estaba a cargo de un sello discográfico independiente, con la responsabilidad de hacer las grabaciones de distintas bandas. Además, producía tocatas autogestionadas, lo que le ayudó a trabajar en sonido y música en México.

Robert agonizó 22 días en la Posta Central. Los antecedentes del Hospital Roberto del Río dan cuenta que la causa de muerte fue una hemorragia tronco encefálica, en el contexto de una asfixia por compresión torácica, por traumatismo torácico cerrado, derivado del aplastamiento por avalancha humana, en virtud de la sobrevida intrahospitalaria de 19 días. Aunque su madre, Fabiola Clavero, siempre ha mantenido la tesis que su hijo fue golpeado con un elemento contundente y estuvo más de 20 minutos sin recibir ayuda.

Pero finalmente, y a pesar de la extensa cantidad de relatos y pruebas presentadas, el tribunal solo estimó que, si bien tenían los bates y el resto de implementos señalados, estos fueron utilizados por los miembros del staff que oficiaba de seguridad, únicamente para amenazar a las personas que intentaban ingresar en avalancha, logrando con ello impedir el descenso de los mismos con la consiguiente caída y aplastamiento.

Una de las declaraciones que más llama la atención, es la del mediático perito Juan Francisco Pulgar, contratado por la defensa de Sánchez. Cabe destacar, que este mismo perito, estuvo involucrado en el caso de Nabila Riffo, siendo objetado por la fiscalía por utilizar pruebas que estarían fuera de la ley, desestimando su relato los jueces a cargo de este caso.

Pulgar resume las responsabilidades sobre el hecho de la siguiente forma: “La conducta más temeraria, es la de la persona con polerón que saca el seguro a la reja, es quien prácticamente gatilla la tragedia, ya que, si esa persona no realiza ese acto, de carácter irresponsable, violando claramente los controles, nadie puede ingresar porque la reja habría estado ahí”. Llama la atención al Ministerio Público, que gran parte de sus análisis consisten en las declaraciones en la carpeta investigativa, ya que solo habría revisado lo atestiguado y se refirió a los resultados arrojados por las autopsias, sin tener la condición de médico.

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