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CULTURA|OPINIÓN

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Se escucha la voz de los pueblos originarios a más de 500 años de la llegada del hombre blanco a Magallanes

por 6 noviembre, 2020

Se escucha la voz de los pueblos originarios a más de 500 años de la llegada del hombre blanco a Magallanes
Es sabido que milenarios antes de la llegada de los europeos, todo el territorio de la Patagonia occidental y oriental, incluyendo la Isla Grande de Tierra del Fuego, era habitado por los pueblos originarios: los Tehuelches o Aonikenk, los Onas o Selknam, los Haush en las pampas de Argentina, y aquí en Chile los Qawasqar y los yaganes practicaban el nomadismo del mar en los canales magallánicos. Estos pueblos habían desarrollado una cultura y un arte de vivir digno de ser destacado por más que unos aspectos. Los herederos actuales de estos pueblos esperan que en las festividades programadas se dé una mayor importancia y realce a los aportes de los pueblos originarios.
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Durante todo el año 2020, Punta Arenas estará en los ojos del mundo cuando se conmemoren los 500 años desde que la expedición de Magallanes y Elcano alcanzara el hito más relevante del primer viaje que circunnavegó el globo terráqueo. El hallazgo del Estrecho, que hoy lleva el nombre del navegante portugués, marca un antes y un después en la historia universal.

Un conjunto de proyectos para embellecer la ciudad de Punta Arenas ha proliferado en torno a los 500 años, que sin lugar a dudas traerá consigo frutos económicos para la ciudad y sus habitantes. Sin embargo, las personas indígenas descendientes de una cultura milenaria, siendo los primeros habitantes de Magallanes, sienten que estas actividades carecen de una mirada y puesta en valor de la riqueza de los navegantes de esta apartada zona. Falta aún más incorporar el legado que nos han dejado nuestros ancestros, conocedores de las navegaciones de este territorio, ocupado por “los nómades del mar”.

A pesar que la gran población de Qawasqar ya no practica la vida nómade, aún sigue vivo el tejido de la historia del "pueblo del mar" a través de la elaboración de los canastos de junquillo y de los botecitos de corteza de árbol y de cuero de lobo, ambos pertenecientes a las culturas de los pueblos nómade de la Patagonia, que representan su cosmovisión. El canasto de junquillo representa la fuerza de la mujer kawésqar y su comunión con el mar, ya que se usaba de utensilio para mantener y recoger mariscos. Por eso que muchas mujeres Qawasqar luchan hoy por la conservación del mar y sus productos que hasta hoy es uno de las principales fuentes de ingreso familiar.

De los pueblos aún vivos en la zona nos encontramos los Qawasqar.

Es sabido que miles de años antes de la llegada de los europeos, todo el territorio de la Patagonia occidental y oriental, incluyendo la Isla Grande de Tierra del Fuego, era habitado por los Pueblos Originarios: los Tehuelches o Aonikenk, los Onas o Selknam, los Haush en las pampas de Argentina, y aquí en Chile los Qawasqar y los Yaganes practicaban el nomadismo del mar en los canales magallánicos. Estos pueblos habían desarrollado una cultura y un arte de vivir digno de ser destacado por más que unos aspectos. Los herederos actuales de estos pueblos esperan que en las festividades programadas se les dé una mayor importancia y realce a los aportes de los Pueblos Originarios.

A pesar que la gran población de Qawasqar ya no practica la vida nómade, aún sigue vivo el tejido de la historia del "pueblo del mar" a través de la elaboración de los canastos de junquillo y de los botecitos de corteza de árbol y de cuero de lobo, ambos pertenecientes a las culturas de los pueblos nómade de la Patagonia, que representan su cosmovisión. El canasto de junquillo representa la fuerza de la mujer kawésqar y su comunión con el mar, ya que se usaba de utensilio para mantener y recoger mariscos. Por eso que muchas mujeres Qawasqar luchan hoy por la conservación del mar y sus productos que hasta hoy es uno de las principales fuentes de ingreso familiar.

También representa el patrimonio de los Pueblos Originarios, ya que en ello podemos no solo contar con una pieza hecho por manos de Qawasqar, sino más bien el tejido de la historia de un pueblo, las costumbres y tradiciones ancestrales que fueron heredados de generación en generación, y que hoy es una de las principales fuentes de ingreso a través del turismo.

También hay que destacar la adaptación física al entorno: los aborígenes de la Patagonia lograban sobrevivir desnudos en la nieve, cubiertos con pieles. Observamos esto en las publicaciones del etnólogo francés Joseph Emperaire, quien estuvo viviendo con los Qawésqar en los años 40. Su obra destaca la importancia y es un realce de los aportes de los Pueblos Originarios.

Los aportes para el progreso de las investigaciones y la ciencia que hicieron nuestros ancestros a través de la cultura, el arte, al arte rupestre, la música, al patrimonio inmaterial, han sido fundamentales y de una riqueza incalculable única como pueblo multicultural y diversa. Este último se ha manifestado históricamente a través de un capital humano portador de costumbres, expresiones y conocimientos que, sin los debidos cuidados, peligra con extinguirse. Aún sobreviven algunos que han sido reconocidos por la UNESCO como Tesoro Humano Vivo de la Humanidad.

Algunos de los relatos que escuchábamos era que navegaban a mar abierto, y buscaban lugares para amainar y luego seguir la navegación. En la misma canoa se hacía la fogata para mantener el calor, los niños se ponían a un lado cerca de los perros para recibir calor, ellos sabían dónde armar el at (vivienda). Sabían dónde había abundancia de mariscos y luego de una ardua recolección, seguían guiados por el clima y las condiciones climáticas, e indicaban hacia dónde dirigir la navegación para ir en búsqueda de otros recursos del mar para su sobrevivencia, dejando atrás el at “carpa y/o casa” para que otras familias Qawasqar lo usen para acampar y pasar la noche.

Los perros ayudaban a la caza y acorralaban a las nutrias, ellos se comían los desechos de los animales para no tirarlos al mar. Se sabía en qué fecha ir a la caza de lobo, y/o se iniciaba la temporada de algún molusco.

Margarita Vargas López. Académica. Qawasqar nacida en Jetarkte, Puerto Edén último reducto ancestral Qawasqar de Puerto Edén, Isla Wellington.

El interés de muchos científicos e historiadores de la cultura de los Qawasqar sigue latente por ser un pueblo del mar viviente, en armonía con la naturaleza y principalmente el mar, y habiendo desarrollado un conocimiento profundo para la sobrevivencia en las condiciones difíciles por el territorio austral.

Por ejemplo, el reconocido y destacado lingüista francés Christos Clairis, quien hizo un importante aporte al pueblo kawésqar en la década de los 70, realizó la primera descripción de su lengua publicada por la Universidad Austral de Valdivia a través de un rescate sistemático. Escribía que los pueblos del extremo sur, en particular los yaganes, han asumido la soberanía del ser humano antes de la llegada del hombre blanco en esta parte inhóspita de la tierra, hasta el Cabo de Hornos. Más allá nunca la tierra ha sido habitada por el hombre. Anotaba esto en respuesta a un gobernador de Puerto Williams que decía que ellos asumen la soberanía de Chile frente a Argentina en estos lugares lejanos.

Quien también aporto a la cultura y la educación, mediante una propuesta de cambio de nombre, ya que al convivir con ellos se dio cuenta que no se sentían identificados con el nombre de Alakaluf., por eso reconociendo el derecho de Los Pueblos a autoidentificarse propone reemplazar el termino a su verdadero nombre Qawasqar inaugurado su uso en el VI Congreso de Antropología chilena, octubre 1971.

El Jema/hombre blanco trajo consigo enfermedades desconocidas en este ámbito, sin poder ofrecer las protecciones necesarias. Muchas veces, y quizás con buenas intenciones, nos llevaban ropa y nuestros mayores, que no acostumbraban usar vestimenta, se quedaban dormidos con lo puesto después de haber navegado por los canales. Así brotaban las enfermedades, sobre todo la tuberculosis, motivo de desaparición, hasta hoy en día, muchos de nuestros ancianos se han ido de este mundo, productos de esa enfermedad.

Las burlas también fueron motivo de desculturización, ya que los mayores callaban la lengua cuando un niño o niña se acercaba a escuchar, para que no nos expongamos a las burlas que vivieron ellos.

La relación y vínculo con los huilliches que llegaron a Puerto Edén fue estrecha. Hubo un intercambio cultural interesante, los últimos aprendieron del territorio y las navegaciones, a través de los relatos y transmisión del conocimiento de las prácticas antiguas de navegaciones. Ambos eran cazadores de qijayo (nutrias) y de lobos, que luego intercambiaban en los barcos que pasaban por Puerto Edén.
No hubo genocidio explícito hacia los Qawasqar, pero los microbios, virus y el alcohol contribuyeron a la desaparición de mi pueblo y ellos no tenían los recursos necesarios para protegerse de estas enfermedades.

Sí existió la captura y rapto de la canoa con toda la familia en su interior de los gélidos territorios de Tierra del Fuego, en el extremo sur de Sudamérica. Integrantes de las canoas con familias completas fueron llevados a París para ser mostrados vivos en el jardín de aclimatación de Bois de Boulogne, y después a Alemania para ser exhibidos en el zoológico de Berlín.

Hoy los avances que ha desarrollado el Estado de Chile a través sus organismos públicos relacionados son limitadas. Falta avanzar en crear herramientas de apoyo que permitan realizar las prácticas habituales de pesca y de navegación de manera ancestral, ya que no consideran las técnicas y las prácticas propias de nuestra cultura, hay muchas limitaciones para navegar, y para los pocos practicantes de las navegaciones los permisos burocráticos son una barrera.

Las reglas marítimas impuesta por la Gobernación Marítima muchas veces no son entendidas y comprendidas por nuestros mayores. Por ejemplo, no es nuestra práctica llevar bengalas para las navegaciones, ya que los Qawasqar tienen otros recursos para la navegación segura. También hay que considerar nuevas legislaciones para la pesca libre, sin cuota, garantizando el cuidado del territorio.

Se ha avanzado con la puesta en marcha de la Ley Lafkenche que establece un mecanismo para destinar un Espacio Costero Marítimo (ECMPO) para la preservación de los usos y costumbres indígenas, el cual es entregado en administración a las comunidades correspondientes, siempre y cuando no existan derechos constituidos por terceros en dicha área y CONADI verifique los usos y costumbres alegados.

Sin embargo, aún falta por avanzar en que las leyes y los instrumentos de protección, como las Ley Indígena 19.253 y el Convenio 169 de la OIT, sean hechos considerando la cosmovisión de los pueblos originarios, y qué mejor forma que incluyendo a los depositarios de las culturas antiguas, quienes hoy están presentes, y que reclaman el reconocimiento y protección de sus derechos territoriales, que hacen referencia a la coexistencia en un mismo espacio geográfico de diferentes culturas.

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