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El costo de urbanizar sin respetar la geografía costera: la ciencia tras inundaciones en Coquimbo CULTURA Crédito: Agencia UNO

El costo de urbanizar sin respetar la geografía costera: la ciencia tras inundaciones en Coquimbo

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Ricardo Acevedo Zalaquett
Por : Ricardo Acevedo Zalaquett Periodista en temas ambientales junto al Observatorio de la Costa UC.
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Investigadores del Centro UC Observatorio de la Costa advierten que construir sobre quebradas, antiguas terrazas marinas y planicies costeras ha incrementado la exposición al riesgo, una realidad que hace urgente avanzar hacia una Ley de Costas basada en evidencia científica. 


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Las imágenes de caminos convertidos en ríos, viviendas anegadas y quebradas desbordadas en Tongoy, Coquimbo y La Serena han marcado uno de los episodios más intensos del actual sistema frontal.

Aunque las precipitaciones asociadas al río atmosférico fueron extraordinarias, la ciencia sostiene que los daños no pueden atribuirse únicamente a la fuerza de la naturaleza. En muchos casos, el riesgo ha sido construido durante décadas mediante una ocupación del territorio que ignoró la historia geológica y el funcionamiento natural de la costa.

Para el Centro UC Observatorio de la Costa, los impactos observados estos días constituyen un ejemplo concreto de una realidad que afecta a gran parte del litoral chileno: la ausencia de un ordenamiento territorial específico para la zona costera y la falta de una Ley de Costas que incorpore el conocimiento científico sobre la dinámica de estos territorios.

La directora del Centro UC Observatorio de la Costa y académica del Instituto de Geografía UC, Carolina Martínez, explica que lo ocurrido en Tongoy responde a un proceso conocido en la literatura científica como construcción social del riesgo.

“Los daños que hoy observamos no responden únicamente a un evento hidrometeorológico extremo. Durante años hemos intervenido quebradas, humedales y planicies costeras sin considerar cómo funciona naturalmente este territorio. Hemos invisibilizado la geografía y la geomorfología costera y, con ello, construido condiciones que aumentan la vulnerabilidad de las personas frente a eventos extremos”, señala.

Evolución milenaria

Parte de esta vulnerabilidad es explicada en el informe técnico “Bases científicas para una zonificación costera en Chile: propuesta para una Política Costera”, elaborado por el Centro UC Observatorio de la Costa y publicado en 2025.

Según el informe, la Bahía de Tongoy es una de las planicies costeras más extensas del norte chico: su paisaje actual comenzó a formarse hace miles de años, cuando el nivel del mar alcanzó posiciones más interiores que las registradas actualmente durante el Holoceno.

“La evidencia geológica muestra antiguas líneas de costa, terrazas marinas y quebradas que han modelado el territorio durante miles de años. Estas quebradas -como Pachingo y el estero Tongoy- cumplen una función esencial al conducir naturalmente las aguas desde la Cordillera de la Costa hasta el mar”, explica Martínez.

Sin embargo, el problema radica en que gran parte de ellas ha sido intervenida por caminos, infraestructura y expansión urbana. De esta forma, cuando un sistema frontal excepcional activa nuevamente esos cauces naturales, el agua intenta recuperar los recorridos que siempre tuvo.

“Las quebradas no aparecen durante las lluvias, siempre han estado allí. Son parte de la estructura geomorfológica del territorio y cumplen una función en el drenaje natural de las cuencas. Cuando las ocupamos, las cubrimos o las interrumpimos con infraestructura, el riesgo aumenta considerablemente”, explica Martínez.

La investigadora agrega que Tongoy posee además un importante patrimonio geológico y paleontológico, cuya conservación también se ve amenazada por una urbanización que no considera la historia natural del territorio.

Cambio climático

El problema adquiere mayor relevancia en un escenario donde el cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de eventos extremos.

Las proyecciones científicas indican que Chile enfrentará cada vez más riesgos compuestos, donde lluvias intensas, los ríos atmosféricos, las marejadas, pueden ocurrir simultáneamente o en rápida sucesión, amplificando sus impactos sobre comunidades e infraestructura, generando inundaciones y daños a las personas.

“El cambio climático nos obliga a dejar de pensar que estos eventos son excepcionales. Debemos prepararnos para convivir con escenarios cada vez más complejos, entendiendo que cada zona costera posee características geológicas, ecológicas e hidrológicas propias que deben incorporarse en la planificación territorial”, enfatiza la académica.

Ley de Costas

Carolina Martínez agrega que la actualización de la Política Nacional de Uso del Borde Costero, aprobada a fines de 2025, fue retirada de Contraloría en marzo de este año, junto con el Plan de Adaptación de la Zona Costera, al asumir el actual gobierno, lo cual hace más difícil el ordenamiento territorial para la zona costera y afecta la adaptación rápida al cambio climático.

Por otra parte, seguir considerando a la zona costera como un “borde” genera que los desastres como lo que estamos viviendo sean más catastróficos considerando los escenarios de cambio climático. “Desde una perspectiva científica, la costa corresponde a una interfaz dinámica entre la tierra, el mar y la atmósfera, donde interactúan procesos geológicos, hidrológicos, ecológicos y sociales. Por ello, la planificación debe considerar la totalidad de estos sistemas y no únicamente un borde”, detalla Martínez.

Según agrega, avanzar hacia una Ley de Costas representa una condición indispensable para construir territorios más seguros.

“Necesitamos una gobernanza que reconozca la costa como un sistema integrado donde interactúan la cuenca, los humedales, las quebradas, las playas y el océano. Solo así podremos reducir el riesgo de desastres, proteger nuestro patrimonio natural y planificar ciudades resilientes frente a la crisis climática”.

La investigadora concluye que las inundaciones registradas esta semana no deben entenderse como un hecho aislado, sino como una señal de alerta sobre la necesidad de transformar la manera en que Chile planifica su territorio costero.

“Lo que vemos hoy en Tongoy probablemente volverá a repetirse en distintos puntos del país si seguimos ocupando la costa sin considerar su historia geológica y su dinámica natural. La evidencia científica existe y demuestra que una planificación basada en la naturaleza no solo protege los ecosistemas, sino también la vida, la economía y el bienestar de las comunidades. Ese es precisamente el desafío que busca abordar una futura Ley de Costas”, concluyó.

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