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Chile como vanguardia de la arquitectura: un diálogo entre Aravena y Radic CULTURA Créditos de la imagen: Karina Fuenzalida

Chile como vanguardia de la arquitectura: un diálogo entre Aravena y Radic

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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En un auditorio colmado de la Universidad Católica, los dos máximos referentes de la arquitectura nacional reflexionaron sobre sus años de formación, el rigor del dibujo frente a las nuevas tecnologías y la profesión.


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Rodeados por personas de todas las edades, Alejandro Aravena y Smiljan Radic, los recién nombrados Premios Nacionales de Arquitectura, firmaban libros, cuadernos de croquis o cualquier papel que tuvieran los asistentes de la masiva charla que protagonizaron.

El centro de extensión de Campus Oriente de la Universidad Católica de Chile fue el escenario de una conversación moderada por el Premio Nacional de Arquitectura, Fernando Pérez Oyarzún. El evento reunió a Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016, y a Smiljan Radic, quien diez años después consolidó a Chile como referente mundial al recibir el mismo galardón internacional. Durante la jornada, se exploró cómo dos trayectorias formadas en la misma aula han logrado impactar al mundo desde miradas distintas. La conversación no inició con explicaciones técnicas sobre sus edificios, los materiales o sobre los problemas de acceso a la vivienda en Chile, sino que partieron comentando su relación con los libros.

Fernando Pérez Oyarzún, destacó que antes de construir con hormigón o madera, ambos ya “escribían” la ciudad. Radic, desde sus tiempos de estudiante, editó publicaciones como Tristán y Arp, que funcionaban como antologías personales. Aravena, por su parte, publicó Elemental y El magno templo griego tras sus viajes por Sicilia, mezclando reflexiones teóricas con el dibujo de las ruinas griegas.

Para estos arquitectos, la palabra no es un accesorio, sino una forma de pensar el sentido de su práctica. Aravena enfatizó que el conocimiento específico de la arquitectura debe aplicarse a los problemas que le importan a la sociedad, como la pobreza o la vivienda, para recuperar la relevancia de la profesión.

Naturalmente el diálogo se dirigió hacía los primeros pasos hacía la arquitectura. Para ambos, la arquitectura no fue una vocación evidente desde el primer día, Aravena confesó haber entrado por “descarte” y Radic por su habilidad con el dibujo. Fernando Pérez Oyarzún fue profesor de taller de ambos y señalaron que sus clases fueron fundamentales para forjar el rigor.

Créditos de la imagen: Karina Fuenzalida

Un hito compartido fue su paso por Venecia tras graduarse en Chile. Aravena recordó cómo el consejo de sus maestros de “medir y dibujar” edificios en Italia fue su verdadera escuela. Por su parte, Radic destacó que sus años en la UC le enseñaron un sistema estructurado que aún resuena en su obra, aunque hoy elija rodearse de amigos y pensadores que lo sigan educando permanentemente.

“Mi formación depende mucho de lo que uno se rodea o cómo hace ciertas raíces”, dijo Radic.

“Para mí también fueron importantes los malos profesores, porque a uno lo llevaban a ser riguroso y contestatario”, agregó.

El desafío de los “dos tercios” del planeta

Entre los temas que abordaron, Aravena expuso que dos tercios de lo que se construye en el planeta se hace sin arquitectos. En este contexto de informalidad e incertezas, Chile aparece como un laboratorio privilegiado.

“Nosotros estamos en primera fila de poder mirar esos dos tercios del planeta que están fuera de lo formal”, afirmó Aravena, sugiriendo que las grandes universidades del mundo deberían venir a Chile a aprender cómo trabajar en contextos de escasez.

Radic complementó esta visión subrayando la necesidad de una flexibilidad intelectual tras la pandemia. Para él, la arquitectura hoy debe ser capaz de manejar múltiples alternativas y saber elegir estratégicamente, lo cual se logra no solo diseñando, sino leyendo y viajando.

“Los procesos analógicos en general lo bueno es que tienen muchos errores en el taller y esos errores uno los puede usar de una buena manera”, expresó.

En cuanto a los métodos de trabajo, ambos coincidieron en que el proceso creativo requiere de la “tensión” y el diálogo. Radic defendió los procesos analógicos y las maquetas físicas, pues permiten aprovechar los errores que aparecen en el taller, algo que la impresión 3D a veces oculta al entregar productos finales demasiado pronto.

Aravena, en tanto, describió su oficina, Elemental, como un espacio de “bullying” al proyecto: “Es mejor que el proyecto sufra ahí en el papel antes que sufra en la realidad”, explicó, destacando que el diseño colectivo funciona como una purga de las ideas que no son estrictamente necesarias.

Radic, por su parte, defendió la belleza de lo analógico y cómo la tecnología a veces oculta el proceso crítico. “Los procesos analógicos en el taller tienen muchos errores y esos errores uno los puede usar de una buena manera. A las impresoras 3D uno lo pregunta un botón y aparece el producto, pero a veces yo prefiero pararlo antes porque aparece algo ‘bonito’ que quizás no es crítico“.

El encuentro concluyó con una reflexión sobre el futuro, donde más allá de la tecnología o la inteligencia artificial, lo fundamental sigue siendo la capacidad de la arquitectura para ordenar la información en clave de propuesta y mejorar la vida de las personas.

“Después de la pandemia hay una necesidad de tener una flexibilidad intelectual que las universidades deben preocuparse por aplicar. Esa flexibilidad intelectual permite que nuestra generación pueda contar con unos 15 arquitectos buenos y los 15 hacen cosas diferentes. Y eso se aprende leyendo y viajando”, reflexionó.

Créditos de la imagen: Karina Fuenzalida

 

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