CULTURA
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Dermis León: una curaduría atenta a las historias que permanecen fuera de campo
La curadora cubana recorre más de tres décadas de trabajo internacional. En la Bienal de Venecia, su participación en “Inter-Reality”, de Norton Maza, prolonga una investigación sobre legitimidad, poder, memoria y relatos que permanecen fuera de campo.
Para observar Inter-Reality, la instalación con que Norton Maza representa a Chile en la 61ª Bienal de Arte de Venecia, el espectador debe acercarse, cambiar de posición y mirar a través de pequeñas aberturas. Tras la estructura blanca, monumental y de apariencia industrial, descubre dioramas pintados a mano, mecanismos visibles y escenas en movimiento que reúnen guerras, migraciones, destrucción ambiental y paisajes inspirados en la tradición pictórica occidental.
El ejercicio de mirar entre fisuras también permite aproximarse al trabajo de Dermis León, cocuradora del proyecto junto con Marisa Caichiolo. Durante más de tres décadas, la investigadora y escritora cubana ha dirigido su atención hacia los espacios que dejan abiertos las historias oficiales: artistas desplazados de los relatos institucionales, generaciones cuya presencia se ha vuelto difusa y obras que permiten revisar los criterios mediante los cuales el mundo del arte concede visibilidad y legitimidad.
Inter-Reality fue seleccionada mediante una convocatoria pública para representar a Chile y se presenta en el Arsenal de Venecia entre el 9 de mayo y el 22 de noviembre de 2026. La propuesta fue reconocida por la solidez de su planteamiento curatorial, su calidad artística y su viabilidad técnica.

Dermis León (izquierda) en la Bienal de Venecia. Crédito: Cedida
Una trayectoria construida en movimiento
León estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana y cursó un máster en Estudios Curatoriales en el Center for Curatorial Studies de Bard College, en Nueva York. Desde comienzos de la década de 1990 ha desarrollado exposiciones, investigaciones y colaboraciones con museos y centros de arte en América Latina, Estados Unidos, Europa y Medio Oriente.
Ella define ese recorrido como un “itinerario de vida”. Comenzó en Cuba, continuó por Centroamérica, Estados Unidos y Europa, y más tarde se extendió hacia Chile, el norte europeo, Medio Oriente, China y el norte de África. Cada desplazamiento le permitió observar cómo las escenas artísticas producen sus propias narraciones, establecen jerarquías y determinan qué discursos alcanzan reconocimiento.
“Mi principal referente sigue siendo América Latina. Es desde aquí que observo el resto del mundo y desde donde formulo mis preguntas curatoriales”, explica.
Su circulación internacional ha ampliado ese punto de observación hacia regiones que mantienen una relación menos visible con el arte latinoamericano. China, Medio Oriente y el norte de África aparecen en su investigación como espacios desde los cuales pensar intercambios alejados de la ruta tradicional que conecta América Latina con Europa y Estados Unidos.
Esa perspectiva entiende el campo artístico como una red atravesada por instituciones, políticas culturales, mercados, discursos críticos e intereses geopolíticos. “La legitimación del arte nunca es un proceso neutral”, afirma León. Esos sistemas definen quién circula, qué narrativas reciben atención y cuáles permanecen en los márgenes. Su trabajo curatorial examina los lugares desde los cuales se ejerce esa autoridad y las posiciones éticas y estéticas que logran insertarse en los circuitos internacionales.
Revisar la historia del arte chileno
Una parte importante de su trayectoria reciente se ha desarrollado alrededor de la escena artística chilena. En proyectos como Nosotras… de la sinrazón venidas, Los dominios perdidos y Filantropía, León revisó colecciones, generaciones y relatos historiográficos para recuperar vínculos que habían perdido presencia dentro de las instituciones.
Nosotras… de la sinrazón venidas surgió de una pregunta específica: cómo se transformaría la historia del arte chileno al construirla exclusivamente a partir de obras de mujeres. La exposición reunió trabajos de artistas como Roser Bru, Marta Colvin, Gracia Barrios, Voluspa Jarpa, Nury González, Josefina Fontecilla y Natalia Babarovic, entre otras.
En Los dominios perdidos, presentada en 2019 en el Museo de Artes Visuales, reunió a 25 artistas vinculados con una generación formada durante la dictadura y la posdictadura. La exposición relacionó obras de las décadas de 1980 y 1990 con producciones recientes para reconstruir un contexto marcado por la pintura, la contracultura, la música, los cómics y las formas de experimentación surgidas durante esos años.
León empleó el concepto de “Revuelta Vitalista” para referirse a una parte de esa generación, cuya radicalidad se expresó tanto en la producción artística como en sus formas de vida. La muestra funcionó como una arqueología del presente: fragmentos, documentos y obras permitían establecer continuidades entre una escena anterior y su persistencia en el arte chileno contemporáneo.
En 2023, Filantropía propuso una nueva lectura de la colección del MAVI UC. Más de sesenta pinturas, esculturas, grabados e instalaciones establecieron un diálogo entre las primeras adquisiciones realizadas durante la década de 1980 y las obras incorporadas posteriormente mediante el Premio MAVI UC Arte Joven. La exposición recuperó piezas y nombres que habían quedado relegados frente a las figuras más reconocidas de la colección.
Los tres proyectos responden a preguntas distintas. Su punto de encuentro se encuentra en la revisión de los relatos dominantes y en la posibilidad de ampliar las historias que una institución, una colección o una escena artística construyen sobre sí mismas.
Norton Maza fuera del relato dominante
Esa preocupación reaparece en su aproximación a Norton Maza. León considera que la obra del artista ha ocupado una posición singular dentro del arte chileno de las últimas décadas. Su formación se desarrolló entre Cuba y Francia, luego del exilio de su familia, y produjo un lenguaje atravesado por referencias culturales, experiencias migratorias y tradiciones visuales difíciles de situar dentro de una sola genealogía nacional.
León conocía su producción a través de la investigación y la escritura crítica. Había seguido su trayectoria durante años y reconocía en sus instalaciones ciertas formas de construcción presentes en el arte cubano desde la década de 1990. Marisa Caichiolo, por su parte, había trabajado con Maza en iniciativas internacionales y conocía directamente sus procesos de producción.
Cuando decidió postular a la Bienal, el artista convocó a ambas. La conversación comenzó antes de presentar el proyecto y se mantuvo durante la fabricación de la obra. León visitaba el taller en Santiago, Caichiolo seguía el proceso desde Los Ángeles y ambas sostenían encuentros semanales para intercambiar observaciones que luego discutían con Maza.
Tras la selección, el diálogo se amplió hacia un equipo multidisciplinario en el que participaron el arquitecto Mathias Klotz, la asesora visual Beatrice di Girolamo, la gestora Claudia Pertuzé y los responsables de la producción técnica. Cada modificación espacial o material fue discutida colectivamente, en un proceso que León describe como una construcción colaborativa sostenida por la confianza.
La sofisticación de lo construido a mano
Uno de los núcleos de Inter-Reality se encuentra en el contraste entre su superficie industrial y su interior artesanal. La estructura exterior proyecta una sensación de precisión tecnológica. Los dioramas interiores están pintados a mano y funcionan mediante pequeños mecanismos, efectos de iluminación y recursos escenográficos que intensifican la ilusión.
Para León, esa coexistencia se relaciona con la experiencia formativa de Maza en Cuba y con prácticas creativas desarrolladas en contextos de escasez. Durante su infancia, el artista fabricaba sus propios juguetes. Esa relación temprana con los objetos convirtió la adaptación, la imaginación material y la capacidad de construir con los recursos disponibles en elementos permanentes de su lenguaje.
Los dioramas utilizan recursos de la pintura barroca y romántica para construir profundidad, dramatismo y movimiento. Los mecanismos permanecen visibles y participan de la experiencia. La sofisticación surge de la inteligencia con que se articulan materiales, imágenes y dispositivos.
León sitúa esta forma de producción dentro de una tradición latinoamericana en la que la precariedad material ha impulsado estrategias de reinvención. También reconoce afinidades con prácticas desarrolladas en África, donde la reutilización y la resignificación de los materiales responden a condiciones históricas específicas.
Esta lectura desplaza las jerarquías que relacionan el desarrollo tecnológico con los centros económicos y culturales. En Inter-Reality, la pintura, el trabajo manual y la invención material poseen la misma capacidad de producir una experiencia compleja que la arquitectura monumental y la precisión industrial.
Toda imagen es una construcción
La instalación convierte al espectador en parte de su funcionamiento. El visitante ingresa a la plataforma, modifica su posición corporal, observa a otras personas y construye relaciones entre escenas fragmentarias. Su recorrido completa una narración que permanece abierta.
La percepción adquiere así el carácter de una forma de conocimiento. La obra dirige la atención hacia la manera en que confiamos en las imágenes, incluso después de descubrir sus mecanismos. Para León, esa experiencia concentra una de las ideas centrales del proyecto: “Toda imagen es una construcción”.
La frase también resume una preocupación constante en su trayectoria. Las imágenes construyen realidades y las instituciones construyen historias. Ambos procesos seleccionan, organizan y jerarquizan elementos. Aquello que una sociedad acepta como verdadero se encuentra relacionado con aquello que decide mostrar, conservar, recordar y legitimar.
La obra de Maza sitúa en un mismo campo realidad, ficción, simulacro, poder y verdad. Los dioramas presentan guerras, migraciones, crisis ecológicas y desplazamientos como fragmentos de un presente interconectado. El espectador debe reunirlos desde su propia experiencia, consciente de que cada abertura entrega una visión parcial.
La página oficial de la Bienal define Inter-Reality como una experiencia inmersiva y multisensorial basada en la fragmentación de la realidad, la multiplicación de perspectivas y el uso de la ilusión y el simulacro. El proyecto se integra al concepto curatorial In Minor Keys mediante la tensión entre lo monumental y lo poético, y mediante la atención concedida a los detalles, las fisuras y las resonancias que permanecen en segundo plano.
Representar a Chile desde un mundo interdependiente
La participación en un pabellón nacional planteó otra pregunta: cómo representar a Chile mediante una instalación dedicada a migraciones, guerras, desinformación, crisis ambientales y conflictos geopolíticos.
La respuesta curatorial sitúa al país dentro de una red global de relaciones económicas, culturales y ecológicas. Chile aparece como un lugar desde el cual observar problemas compartidos y como un territorio afectado por acontecimientos producidos a miles de kilómetros de distancia.
La biografía de Maza ofrecía una entrada especialmente significativa. El exilio, la movilidad y su formación entre distintas culturas forman parte de su experiencia personal y de su práctica artística. Desde esa trayectoria, el pabellón propone una identidad atravesada por desplazamientos e intercambios, capaz de hablar desde Chile hacia el mundo y desde el mundo hacia Chile.
Para León, una intervención desde el sur global adquiere fuerza al desplazar las jerarquías que organizan el campo artístico. Inter-Reality articula memorias de migración, referencias culturales diversas, estrategias de invención material y formas de conocimiento que han ocupado posiciones laterales dentro de los relatos internacionales.
Ese planteamiento reúne los principales focos de su trabajo curatorial: la revisión de los sistemas de legitimación, la circulación internacional entendida como intercambio, la ampliación de las narrativas históricas y la atención hacia aquello que permanece invisible o silenciado.
León considera la Bienal como el inicio de una nueva etapa para la obra. La visibilidad alcanzada en Venecia requiere continuidad mediante la circulación, la colaboración y la construcción de vínculos entre artistas, museos, curadores, instituciones y públicos.
El desafío también alcanza a futuras participaciones chilenas. La presencia en los grandes escenarios internacionales adquiere profundidad cuando forma parte de una política sostenida y de redes capaces de prolongar sus efectos. En ese recorrido, Inter-Reality puede contribuir a ampliar el lugar de Norton Maza dentro de la historia del arte chileno y, al mismo tiempo, confirmar una convicción que atraviesa la trayectoria de Dermis León: toda historia conserva zonas pendientes de ser observadas.
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