CULTURA
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Gustavo Kurlat, compositor de bandas sonoras: “La música nunca es solamente acompañar la imagen”
En su paso por Chile en el Festival Ojo de Pescado, el compositor Gustavo Kurlat compartió una reflexión sobre su trayectoria artística, detallando las complejidades de traducir narrativas visuales en emociones sonoras.
El compositor argentino Gustavo Kurlat, quien reside desde hace 40 años en Brasil tras abandonar su país natal debido a la dictadura militar, fue uno de los invitados estelares de la 15ª edición del Festival Internacional de Cine Ojo de Pescado, certamen que se desarrolló de manera gratuita hasta el viernes en la Región de Valparaíso.
Aunque lo invitaron por su trabajo en composición musical de bandas sonoras en cine de animación, Kurlat ha llevado la música a distintas dimensiones; es compositor, traductor, educador, locutor, director musical de teatro, cine y shows.
En el marco de esta celebración, la Sede de Industrias Creativas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) albergó un íntimo diálogo con el creador. Kurlat, ampliamente reconocido en la industria por componer la banda sonora de aclamadas producciones de animación brasileñas como Tito y los pájaros y El niño y el mundo, nominada a los Premios Oscar en 2016.
Para Kurlat la transición hacia la composición cinematográfica fue el paso natural de un camino que ya sumaba un largo recorrido en las artes escénicas.
“Cuando empecé a componer para cine, ya tenía una carrera de muchos años de componer para teatro”, explica el músico, destacando que siempre sintió una atracción especial por aquellos espacios donde confluyen diferentes disciplinas.
Su entrada formal a la industria del cine se gestó de manera fortuita a través de sus creaciones para la infancia, el director de El niño y el mundo, Alê Abreu, quien en ese momento preparaba su primer largometraje titulado Garoto Cósmico, escuchó un disco para niños que Kurlat había compuesto. Cautivado por su propuesta musical, el cineasta lo buscó para encomendarle la banda sonora de la producción, marcando así el inicio de su carrera en la composición de cine.
“Me buscó para ver si yo le hacía la música a a su a su película, a su primer largometraje y así comenzó mi trabajo con cine”, relata.
A lo largo de su experiencia, Kurlat ha consolidado una visión clara sobre la función del sonido en la pantalla grande. Lejos de concebir la música como un simple adorno de fondo, sostiene que su propósito fundamental es el de “crear climas sonoros, climas emocionales”.
“Creo que la música en una película tiene varias funciones, pero nunca es solamente acompañar la imagen, siempre es crear climas sonoros, climas emocionales y de alguna manera conducir al espectador es como tomarlo de la mano y llevarlo por la narrativa para que pueda de diversas maneras entrar en la película, apropiarse de la película. El género es audiovisual por lo tanto, es algo que está compuesto por los dos lenguajes, por un lenguaje visual y un lenguaje sonoro y la música es importantísima para eso”, explica.
De esta forma, resalta que el género es esencialmente audiovisual, sustentado por la interacción constante entre un lenguaje visual y un lenguaje sonoro donde la música es una pieza imprescindible.
El universo infantil
La conexión del compositor con el público joven proviene de una larga trayectoria en las aulas. Durante más de tres décadas, Kurlat se desempeñó como coordinador de una escuela para niños, una labor que le permitió mantenerse muy cercano a su realidad. Por esta razón, el desarrollo de música cinematográfica para la infancia representó una continuación orgánica de lo que ya realizaba tanto en el teatro como en el ámbito educativo.
“Ese universo siempre me interesó mucho y siempre estuve muy cercano a ese universo”, explica.
Aunque advierte que la música es un lenguaje universal que puede apelar tanto a niños como a jóvenes y adultos, puntualiza que las temáticas de sus proyectos cinematográficos siempre se han conectado directamente con la realidad infantil que tanto conoce.
Por otro lado, el compositor no oculta que el proceso creativo está lleno de desafíos, principalmente al intentar traducir el pensamiento de directores y guionistas sin perder la visión personal de la obra. Frente a esto, Kurlat plantea que “uno solo es libre en ese sentido para componer cuando sabe qué es lo que no puede hacer”.
“Los desafíos son muchos, tanto para traducir el pensamiento del director y de los guionistas, como para poder mi propia visión, mi propia idea de lo que se trata esa narrativa con la cual estamos trabajando. Y ahí a partir de eso ahí sí uno usa esa libertad para poder tornar el diálogo con la imagen más fértil”, sostiene.
Finalmente, Gustavo Kurlat puso especial énfasis en el valor de las instancias de difusión y su impacto en la sociedad, calificando a los festivales de cine como herramientas fundamentales para el desarrollo cultural. En particular, el compositor elogió la labor sostenida de Ojo de Pescado, una iniciativa que considera indispensable para que niños y jóvenes se acerquen al cine de una forma integral. A través de estos espacios, las infancias no solo acceden a nuevas historias, sino que también se interesan por la estética y las posibilidades creativas del medio cinematográfico.
“Es una de las mejores maneras de acercarse a las audiencias infantiles y juveniles”, concluyó Kurlat, expresando su deseo de que el festival continúe cumpliendo su misión educativa y artística por muchos años más.
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