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La pulseada entre Kast y los libertarios por cuánto puede ampliarse la derecha sin diluirse PAÍS Foto: AgenciaUNO

La pulseada entre Kast y los libertarios por cuánto puede ampliarse la derecha sin diluirse

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Andrés Cárdenas Guzmán
Por : Andrés Cárdenas Guzmán Periodista El Mostrador
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El PNL coopera con La Moneda, pero desde fuera le cobra cada concesión “al centro” y cada renuncia a la “batalla cultural”, mientras Chile Vamos intenta no quedar relegado en una disputa por identidad, poder y sucesión dentro de la derecha.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Kast busca transformar la mayoría que lo llevó a La Moneda en una base de gobierno capaz de incorporar a Chile Vamos, independientes e incluso negociar con la izquierda. El PNL acepta colaborar, pero se reserva el derecho a golpear desde afuera cuando entiende que la apertura cruza hacia la moderación doctrinaria. Detrás de la convivencia hay una disputa más profunda: quién fija los límites de la derecha que pretende sobrevivir al actual Gobierno.
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El cuarto aniversario del 62% del Rechazo encontró a la derecha nuevamente reunida alrededor de aquella mayoría, pero bastante menos de acuerdo sobre quién puede administrarla políticamente.

Mientras José Antonio Kast acaba de reivindicar la necesidad de “abrirse” para consolidar un proyecto capaz de sobrevivir a su propio Gobierno, el Partido Nacional Libertario (PNL) puso una frontera: conversar y pactar, sí; convertir automáticamente a Republicanos, Chile Vamos y libertarios en una gran coalición, no.

Pactos electorales me parece razonable conversarlo, pero más que eso lo veo difícil”, dijo la diputada Gloria Naveillan en declaraciones enviadas a El Mostrador. Su argumento apunta directamente al problema que atraviesa la convivencia de las derechas: “hacer una coalición con personas que a veces piensan bien distinto a uno, sobre todo en temas valóricos, no es tan fácil”.

El PNL quiere que al Gobierno de Kast le vaya bien y sabe que un fracaso puede devolver a la izquierda a La Moneda. Pero no está dispuesto a pagar ese éxito con su propia desaparición dentro de una mayoría conducida desde Palacio.

Ahí está la pulseada.

El 62% no tiene dueño

Para los libertarios, el triunfo del 4 de septiembre de 2022 tampoco puede convertirse retrospectivamente en el acta de nacimiento de una coalición que entonces no existía.

El diputado Hans Marowski definió el resultado como el momento en que una mayoría ciudadana rechazó el “proyecto refundacional” asociado al “octubrismo” y recordó que quienes hoy conforman el PNL fueron más lejos que buena parte de la derecha: rechazaron el plebiscito de entrada, la propuesta de la Convención y posteriormente el segundo proceso constitucional.

Su par, Pier Karlezi, fue todavía más duro. Definió el 4 de septiembre como el día en que Chile despertó frente a lo que calificó como una “pesadilla marxista” y un “mamarracho constitucional”.

Pero cuando la pregunta cambia desde la memoria hacia el poder, baja el entusiasmo unitario.

“Nosotros siempre hemos dicho que teniendo mínimos comunes y proyectos en común podríamos estar siempre dispuestos a colaborar en todo lo necesario. Pero hablar de coalición va más allá”, sostuvo Karlezi.

Naveillan coincide. Para ella, aquel resultado fue antes que nada “un triunfo para Chile”, no el patrimonio de una fuerza específica.

El mensaje es incómodo para quienes miran ese 62% como una reserva electoral disponible para una derecha ampliada: el PNL está dispuesto a sumar votos, no necesariamente a fusionar identidades.

Colaborar sin entrar al Gobierno

Esa lógica explica buena parte de la relación entre Johannes Kaiser y La Moneda.

Los libertarios respaldaron a Kast en segunda vuelta y negociaron su eventual incorporación al Ejecutivo, pero finalmente decidieron quedarse afuera. Tras tratativas que incluyeron ofertas ministeriales y diferencias sobre la capacidad real de incidencia del partido, el PNL optó por preservar su autonomía.

Desde entonces ocupa una posición peculiar: coopera legislativamente con el Gobierno, pero conserva libertad para golpearlo desde la derecha.

La Moneda tampoco los trata como oposición. Claudio Alvarado los ha definido como colaboradores directos y positivos en el Congreso, mientras Republicanos llegó a calificarlos como “aliados naturales”. Esa expresión incomodó particularmente a Chile Vamos: RN, UDI y Evópoli están dentro del Gobierno y asumen sus costos, mientras el socio ideológicamente más cercano de Republicanos conserva las manos libres fuera de Palacio.

El PNL ha convertido justamente esa libertad en parte de su identidad.

Kaiser llegó a decir en julio que tenía al Gobierno “bailando la música” libertaria. Desde el oficialismo prefirieron desdramatizar y Arturo Squella respondió con ironía, mientras el propio PNL reivindicó su papel de “ancla” del Ejecutivo.

No es una oposición destinada a hacer caer al Gobierno. Es una presión permanente destinada a impedir que, según su diagnóstico, Kast se mueva demasiado lejos del electorado que lo hizo Presidente.

La “batalla cultural” como línea roja

Ahí aparece la principal frontera doctrinaria.

Kast planteó en Foro Madrid que quedarse atrapados en “la izquierda, la izquierda, la izquierda” puede generar aplausos y ordenar partidos, pero no reemplaza la solución de problemas concretos. El PNL escucha esa frase con bastante menos entusiasmo.

La diputada Paulina Muñoz lo dijo sin rodeos a El Mostrador:

Si para el Presidente defender con fuerza las ideas que nos distinguen […] es caer en una pugna constante, entonces no estoy de acuerdo con él, porque para mí eso se llama batalla cultural”.

Y agregó una tesis que resume buena parte de la identidad libertaria: “No podemos permitirnos entregar nunca más las mentes jóvenes a la izquierda adoctrinadora e ideologizada”.

No es una reacción aislada. Johannes Kaiser venía de acusar a Kast de preocuparse por “no decepcionar a la extrema izquierda” al no avanzar con los indultos que reclama su sector, mientras Vanessa Kaiser ya había reprochado al Ejecutivo que no quisiera dar suficientemente la “batalla cultural”.

En una de las respuestas remitidas este viernes desde la bancada libertaria a El Mostrador, el diagnóstico volvió a aparecer: seguridad y economía son pilares fundamentales, pero deben ir acompañados de “la ideología de la derecha”. De lo contrario, advierten, una apertura excesiva puede terminar ayudando justamente al regreso de la izquierda que Kast dijo querer evitar.

Es el desacuerdo central: Kast considera que ampliar permite gobernar; el PNL teme que ampliar sin fronteras claras termine pareciéndose a ceder.

“Que escuchen”

Eso no significa que los libertarios quieran el fracaso presidencial.

Naveillan lo formuló con claridad: “Es importante que al Gobierno del Presidente Kast le vaya bien”.

Pero inmediatamente añadió la condición.

“Para que le vaya bien tiene que hacer las cosas bien. Tiene que escuchar”, afirmó. “También tiene que entender que no siempre tienen la razón en los planteamientos del Gobierno”.

Esa frase resume bien la posición que el PNL ha construido fuera de La Moneda: apoyo sin obediencia.

La colectividad ha respaldado reformas del Ejecutivo cuando comparte su orientación, pero ha levantado objeciones en materias como indultos, agenda valórica y la reforma constitucional de seguridad. El Gobierno, a su vez, necesita sus votos y procura evitar que esas diferencias escalen hacia una ruptura.

Es una relación diseñada para convivir con la fricción.

Chile Vamos, el tercer actor incómodo

La pulseada no ocurre solamente entre Kast y Kaiser.

Chile Vamos observa cómo el Gobierno que integra mantiene una conversación ideológica especialmente intensa con un partido que eligió quedarse afuera. Y el PNL, a su vez, utiliza precisamente a la centroderecha tradicional como ejemplo de aquello que no quiere convertirse.

El choque de este viernes entre Iván Moreira y Pier Karlezi lo dejó a la vista.

El senador UDI criticó el tono de Javier Milei en Foro Madrid y sostuvo que “de izquierda a derecha tenemos que tener algo de dignidad”, emplazando al Presidente argentino por sus excesos y sus alusiones a la historia política chilena.

Karlezi no respondió defendiendo simplemente a Milei. Golpeó a Moreira por lo que representa dentro de la derecha chilena.

Cuestionó a “esa derecha” que, según su lectura, impulsó dos procesos constitucionales y llegó incluso a desear que la carrera política del senador termine pronto.

El fondo excede el intercambio personal: los libertarios no solo compiten con Republicanos por endurecer ciertos límites; también construyen identidad diferenciándose de Chile Vamos y de lo que consideran sus concesiones históricas a la izquierda.

El Foro Madrid mostró la misma competencia en otro registro. Republicanos y libertarios llegaron con bancadas, dirigentes y militantes propios y, según la trastienda reconstruida por The Clinic, hubo una suerte de medición de fuerzas entre ambos sectores durante la jornada.

Kaiser tampoco entrega un cheque en blanco a Milei

La autonomía libertaria tiene, además, un límite interesante: tampoco desaparece frente al principal referente internacional de ese mundo político.

Johannes Kaiser cuestionó este viernes el comunicado conjunto suscrito por Kast y Javier Milei porque Chile reiteró su respaldo a las reclamaciones argentinas sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

“La amistad política no puede traducirse en costos para la nación chilena”, sostuvo, argumentando que Argentina no hacía una concesión equivalente al reconocer tratados que ya consagran la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes y advirtiendo que las pretensiones argentinas pueden cruzarse con intereses antárticos nacionales.

El episodio es políticamente útil para Kaiser: le permite ser más mileísta que Kast en la batalla cultural y, al mismo tiempo, más crítico que Kast con Milei cuando considera comprometido el interés nacional.

Eso refuerza la identidad que busca el PNL: aliado, pero no satélite.

La pelea por quién pone los límites

Nada indica por ahora una ruptura entre libertarios y Gobierno.

Se necesitan demasiado.

Kast requiere una derecha amplia para sostener su agenda legislativa y evitar que una mayoría electoral heterogénea se desarme. El PNL necesita que su principal vecino ideológico tenga éxito, pero también que deje espacio suficiente a su derecha para justificar la existencia de una alternativa libertaria autónoma.

Chile Vamos, mientras tanto, necesita que la conversación no termine reducida a una pulseada entre Republicanos y PNL en la que sus partidos aparezcan apenas como administradores del Gobierno.

Por eso la discusión sobre el 62% resulta reveladora.

Cuatro años después del Rechazo, las derechas pueden celebrar juntas el mismo resultado, votar juntas buena parte de la agenda y compartir adversarios. Lo que todavía no comparten es quién conduce esa mayoría ni cuánto puede ensancharse antes de dejar de reconocerse en ella.

Esa es la verdadera disputa que asoma detrás de la convivencia entre Kast y los libertarios: no si pueden seguir siendo aliados, sino quién decide dónde termina la ampliación y comienza la dilución.

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