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Alexandra Galvis, productora de Patricio Guzmán: “Le dedicó su carrera entera a Chile” CULTURA Crédito: Archivo

Alexandra Galvis, productora de Patricio Guzmán: “Le dedicó su carrera entera a Chile”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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Cuenta que el cineasta se preparaba para venir al país a filmar su próximo proyecto y del amor que recibió de los jóvenes durante el rodaje de su última película, “Mi país imaginario”. “Uno no se cruza con gigantes todos los días, y yo tuve la suerte de cruzarme con un gigante”, asegura.


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La productora Alexandra Galvis tuvo un estrecho vínculo con el cineasta Patricio Guzmán, fallecido este martes a los 85 años.

Periodista y cineasta, Galvis es una productora ejecutiva chilena destacada en el ámbito del cine documental, reconocida por su papel clave en la internacionalización y distribución del cine chileno. Con una trayectoria de casi 20 años, ha impulsado estrenos, estrategias de lanzamiento y coproducciones de alto nivel, vinculando el audiovisual nacional con el circuito global de festivales, salas y plataformas.

Formada en la Pontificia Universidad Católica de Chile, inició su carrera coordinando delegaciones chilenas en mercados como Cannes, Berlín, Guadalajara e IDFA. Su experiencia en medios como Canal 13 y la BBC fortaleció sus habilidades de producción y cobertura internacional.

En 2010 fundó Market Chile, sello de distribución de BF Distribution, la principal distribuidora independiente en la región; con el que ha estrenado más de 130 largometrajes chilenos. Además, lideró Parallel 40 Sur, enfocada en el desarrollo y distribución de documentales con alcance internacional. Ha participado y diseñado estrategias de estreno para películas de ficción y documentales destacados como los nominados al Oscar El Agente Topo y La Memoria Infinita, de Maite Alberdi.

En el caso específico de Guzmán, fue coproductora de La cordillera de los sueños (2019) y Mi país imaginario (2022).

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– ¿Cómo recibiste esta noticia? ¿Nos puedes contar algo de las circunstancias?

– Mira, yo creo que todos los detalles obviamente le corresponden a la familia, ellos son dueños de toda la intimidad de todo. Lo que sí te puedo compartir es que como parte de su equipo de trabajo, fue una sorpresa profundamente dolorosa. Creo que nunca para nadie es fácil recibir una noticia de muerte, pero con Patricio, no te miento cuando te digo que uno trabaja con una fuente de vida profunda.

Patricio era una persona con una energía impresionante y si bien tenía algunos problemas de salud, seguía trabajando y es una persona que nos deja en activo. Y yo sé que eso debiese ser motivo de alegría y orgullo, pero probablemente debe ser lo que nos duele más, porque es una persona que nos deja en la mitad de un trabajo. Nosotros estábamos preparando una próxima película.

Nunca dejó de pensar en Chile, el amor de su vida es este país. Le dedicó su carrera entera a Chile. Nuestra conversación la semana pasada era sobre personajes, sobre qué filmar, sobre el viaje a Chile que iba a hacer. Es muy doloroso porque si bien es algo que le puede pasar a todo el mundo, en cualquier momento de su vida, Patricio no daba señales de nada, porque estaba profundamente, como siempre, en una idea, en una historia que contara sobre el amor y sobre su obsesión que a Chile dedicó.

Yo, la verdad, no conozco a nadie más de medio siglo obsesionado y enamorado de algo, y ese amor como que parecía crecer, no irse.

– ¿Qué nos puedes contar del proyecto en el que estaban?

– Era muy preliminar todo, estábamos partiendo, pero Patricio estaba súper agradecido con el Observatorio Austral Europeo (ESO). El segundo amor de Patricio, además de Chile y el cine, eran las estrellas y el universo. Estaba muy emocionado con la posibilidad de que en Chile se construyeran nuevos telescopios y de lo que estaba pasando en astronomía en Chile.

Estaba emocionado de esas noticias y las seguía con una avidez gigante, con mucha emoción. Así que era un lugar que nos abrió mucho las puertas y que era el tema de la próxima película para él.

– ¿Cuándo fue la última vez que lo viste? ¿Qué compartieron?

Hace muy poco, hablamos hace una semana. Patricio estuvo de cumpleaños hace muy poco, cumplió 85 años el 11 de agosto. Tenía siempre la costumbre de celebrar con su esposa, que también es su productora, y Renate (Sachse) ha sido como esa compañera linda que no solo es la compañera en su vida, sino también la compañera en las locuras que se le ocurría filmar o lo que hiciera.

Así que sí, habíamos hablado los tres de cómo seguir trabajando, de las ideas que teníamos, de todo. Por eso te digo que esto fue profundamente sorpresivo, porque hasta hace cinco días atrás estábamos hablando de la fecha en que venía a Chile y a trabajar acá.

– ¿Tenía previsto venir en qué momento?

– No lo habíamos decidido, pero en cualquier caso era muy pronto. Yo te diría que en una ventana de los próximos seis meses Patricio iba a estar acá. Y yo te diría que eso también para mí tiene algo muy doloroso, y me imagino que para su familia también.

A Patricio le gustaba la física, la ciencia, y tenía un magnetismo con Chile. Ese imán no lo soltaba, no lo soltaba con nada. Y venir a Chile era como una idea constante. Estar en Chile, ir a Chile, filmar en Chile. Porque pregúntale qué pasaba en París, no tenía idea.

– ¿Cuándo fue la última vez que estuvo aquí?

– La última vez que estuvo en Chile, mira, fue el último rodaje. Nos despedimos del aeropuerto para el último rodaje de “Mi país imaginario”.

Y su mayor sueño era venir a estrenarla acá, para escuchar a la gente, para saber qué pensaba. Y le hicieron una pequeña cirugía que no era grave y no pudo estar acá para el estreno. Entonces hicimos todo por videoconferencia, por Zoom.

Pero la última vez que estuvo acá fue su último rodaje. Y estoy segura que jamás pensó que era la última vez. Porque ya estábamos hablando de cómo preparar todo el rodaje acá, para la próxima.

– ¿Cuándo fue la última vez que tú lo viste en persona?

La última vez que lo vi fue hace muy poco. Un mes y medio, algo así.

– ¿Y cómo lo viste? 

– Fíjate que me pasó algo muy raro la última vez que las vi. Fui a verlo a su casa. Y me pasó algo muy loco. Porque a mí me gusta mucho Alejandro Zambra, pero no había leído algunos de sus libros. He leído casi todo, pero no todo.

Y me di cuenta que no había leído “Formas de volver a casa”. Y lo estaba leyendo. Iba en el metro, camino a la casa de Patricio. Y antes de llegar, como dos cuadras antes de llegar a la casa de Patricio, llegó el momento en el que Alejandro dice que un profesor le mostró “La batalla de Chile”. Y yo digo, “esto no puede ser coincidencia”. Y entré a la casa y le digo, “esto no me lo vas a creer”.

Y entré y le dije, “¿leíste este libro?” Y me dijo, “no, no lo leí”. Y le dije, “pues habla de ti”. Y se lo mostré.

Y hablamos de eso, se rió. Y fíjate que mucha gente tenía una imagen de este ícono grande del cine, pero Patricio era una persona tímida, afable, dulce.

Y cuando yo le conté, me dice, “no, no tenía idea”. Y le dije, “oye, pero habría que escribirle a Alejandro, ¿no? Decirle que te emocionó, que le gustó el libro”. Y él, “no, qué vergüenza”. Me dijo, “¿cómo le vas a escribir?” Y le dije, “pero si yo creo que lo va a recibir bien. Deberíamos decirle”. Y me dice, “no, no. Mejor no le digas”. Pero fue lindo.

– ¿Cuándo fue que lo conociste? 

– Mira, yo lo conocía desde muy chica. Yo vi “La batalla de Chile” y aluciné. Pero lo conocí de una forma muy loca. Vi una película suya, el inicio de la trilogía. Y me senté a llorar con “Nostalgia de la luz” (2010). No lo podía creer.

Yo la vi en la premier en Cannes. Pedí su mail y le escribí. Le dije que había visto su película, que encontraba que era increíble, pero que me parecía que en Chile no… no se conocía lo que se debería conocer una película así. Y que me encantaría trabajar con él, y que si quería me llamara algún día.

Pero que yo entendía que estaba en el Festival de Cannes. Y que no me iba a llamar. Y me escribió a las dos horas un mail.

Me decía, “estimada Alejandra. Me encantó tu mail. Tenemos que vernos”. Así fue.

– ¿Y qué nos puedes contar un poco de tu trabajo con él?

– Son demasiadas cosas. No te quiero llenar de anécdotas, porque hay setenta mil. Con Patricio no existía un día normal.

– ¿Qué anécdotas, por ejemplo?

– No sé cómo elegir, te juro. Bueno, hay una muy divertida. No sé si es el lugar. Tal vez me desubico. Pero te la voy a contar porque fue muy divertida.

Él tenía un humor negro loco. Un día nos pasó algo: tuvimos un rodaje muy, muy, muy difícil, y yo despaché al equipo y me quedé sola, y tenía todas las tarjetas de sonido (de la película). Y estaba muy urgida, porque yo tenía todo el audio conmigo. Entonces yo, muy urgida, me las pegué con másking para no perderlas. Estaba muy asustada. Y estuve caminando mucho rato hacia la casa de rodaje. Harto rato. Casi una hora.

Y cuando llegué, Patricio me dice: “tengo una pregunta muy importante para ti”. Y yo dije: “sí, Patricio, tengo todos los audios de la película, tengo todas las tarjetas de audio. Las tengo acá”.

“No, no”. La pregunta era: “¿Tinto o blanco'”.

No, era una persona que de verdad… El humor negro era lo suyo. En el buen sentido. Y fíjate que no lo hacía porque no le importaban las cintas. Era un obsesivo, por supuesto. Las cintas le importaban un montón.

Filmar con él era una cosa muy loca. Porque nosotros -y no te hablo de mí como productora, de Renate, de Juan Carlos (Maldonado), que era el sonidista, de Samuel (Lahu), que era su director de fotografía, éramos un equipo chiquitito estábamos todos a su lado – todos estábamos sorprendidos de algo, menos él. Era loco.

Por ejemplo, estábamos filmando. Y él era como si fuera… tenía un poder tan agudo de observación. Que es como… fíjate que algunas personas les dicen que esto es como el oráculo. No es un oráculo, no es verdad, no es que sepa el futuro. Es que era una persona con un poder de observación tan ridículamente agudo que lo veía venir todo.

Yo te diría que eso sí que es una marca. Porque a veces uno está con directores y están medio perdidos en el rodaje, es parte de tu pega. Pero Patricio tenía una tranquilidad… Nos pasó una vez. “Mira, a esta iglesia le pasó tal cosa”. “Sí, hace 50 años le pasó también”. ¿Qué? Pero claro, porque había estado hace 50 años ahí también. Entonces yo siento que no era un oráculo, solamente había estado tanto tiempo observando, con tanta delicadez, amando el documental. Porque por Dios que estaba apasionado por el documental.

Porque fíjate que todo el mundo decía, “bueno, ¿y cuándo haces la ficción?” A los documentalistas siempre nos dicen, “¿cuándo haces ficción?”. Y Patricio decía, “¿pero por qué me preguntan cuándo hago ficción? Yo hago el mejor género”. Él sentía que el documental era lo más puro, lo más auténtico. Y ese poder de observación era lo más auténtico. Entonces nunca quiso hacer ficción. ¿Para qué? Si tenía algo mejor. Tenía algo tanto mejor. Tanto, tanto mejor.

Él estaba profundamente enamorado de la realidad. Sabía cómo mirarla, sabía qué iba a pasar. Y no porque tuviera poderes. Pero tenía esa capacidad, una capacidad muy, muy hermosa de mirar. ¿Sabes qué? Esa capacidad muy profunda de mirar viene de querer, Marco. Viene de querer mucho.

Yo no conocía a nadie más chileno, a nadie que quiera más Chile que Patricio. Porque fíjate que igual le decía, “no, si este ya es francés”. “¿Cuál francés?”. Vivía en la mejor esquina de Chile en París. La mejor. No lo vi partir ningún día de rodaje sin su pisco sour. Para partir.

– ¿Sabes cómo él estaba viviendo el Chile actual? Porque hoy hay un Chile negacionista…

– Es innegable que Patricio es una figura profundamente política. Nadie lo negaría, es el director de “La batalla de Chile”.  ¿Pero sabes qué me sorprende? Esta mesura que tenía. Como cuando tú crees que pasó algo, y, “¡oh, qué terrible pasó esto!”, como cuando cayó la torre de una iglesia. Pero estar al lado de él siempre era la sensación de que estaba más allá del bien y del mal.

Fue un poco de lo que me pasó con “Mi país imaginario”. Porque para muchos es una película muy activista, muy todo, muy política. Pero para mí es una película que va más allá de lo político, que es real. Es como esa conciencia que tenía Patricio de que esto era un péndulo. Y de que había que observarlo y que mantener la calma siempre. Era una persona muy calmada, muy ponderada, mucho. Y era una persona, fíjate, muy afable.

Y no te voy a mentir, no es que no le preocuparan cosas, por supuesto, como para no tener consideraciones y preocupaciones políticas, sin duda. Pero también tenía la calma de ver las cosas en perspectiva y de tener un poco esa grandeza de mirar las cosas con perspectiva.

– Y en el caso del estallido social, que es el tema de “Mi país imaginario”, él, ¿cómo se lo tomó?

Sobre todo… Con fiebre. Con fiebre creativa. Y fíjate que yo creo que le voy a tener un profundo amor siempre a “Mi país imaginario”, pero no solo por el resultado. Fíjate que le tengo un profundo amor a la película por el recuerdo de ver a Patricio, ¿sabes cómo lo teníamos?, con la cámara en el hombro.

Porque, claro, hace rato que Patricio venía con su director de fotos, filmaban, cuidaban el plano. Con “Mi país imaginario”, Patricio caminaba por la calle en el centro con su cámara. Era una locura. Él venía con su cámara propia y teníamos un director de fotos. Pero había algo de esa sensación que te acababa de decir, que el péndulo va y vuelve.

Yo hice muchas preguntas, fíjate, a “Mi país imaginario”. ¿Te comparto una infidencia? Yo no entendí por qué abrir y cerrar con dos presidentes de la República, si era una película con mujeres. ¿Por qué abrir y cerrar con hombres?, que son los presidentes. Y yo siento que esa fue la forma de él de cerrar un ciclo político también. Como decir: lo que va, vuelve. Va a volverse ahí, va a volver acá. Y como de sentir que independiente en qué momento de la historia estés y del péndulo en el lugar donde estés, si hay alguien que vi firme con sus creencias, fue Patricio.

Y de alguna forma era como calma y ponderar porque si en este momento el péndulo no está del lado que tú crees, calma, ponderar y escuchar porque el péndulo siempre cambia. Y tú lo único que tienes que saber es por qué tú crees en lo que crees. Y tú mantente en lo que crees, porque eso sí: jamás se movió una coma. Nadie más consecuente que él.

Era una persona de profunda, profunda consecuencia pero también de profundo respeto porque entendía que los momentos históricos iban variando y que él sí, por supuesto que estuvo mil veces en desacuerdo, molesto lo que tú quieras, pero también con esa euforia y ponderación una mezcla muy rara. Euforia para ser lo que hacía y ponderación para tratar a la gente, para ser cortés para ser gentil que lo tuvo siempre.

– ¿Cómo resumirías el legado de Patricio? Que yo estoy seguro que es una figura que se va a ir agigantando con el tiempo.

– Uno no se cruza con gigantes todos los días, y yo tuve la suerte de cruzarme con un gigante.

Y si tú me preguntas por el legado yo pienso que que Patricio siempre tuvo la claridad. ¿Sabes qué le sorprendía? Me pasó aquí en la última película. Nunca nos había pasado, pero cuando filmaba la última película nos pasaba algo a lo que yo creo que Patricio no estaba nada acostumbrado (en Chile), tal vez en el mundo sí, porque en el mundo Patricio igual era una figura del mundo documental.

Te doy un ejemplo, cuando fue el invitado de honor a IDFA, que es el festival de documental más grande de todo el mundo, llegó una persona y le regaló un terreno, ¿puedes creer eso?, un terreno en Irlanda.

En el mundo era una locura y en Chile no. Él ya estaba acostumbrado, pero nos pasó algo muy distinto en su último rodaje: que sobre todo vino un fanatismo de gente joven.

A “Mi país imaginario” fueron más de 70.000 personas entre salas comerciales y alternativas, y nosotros no esperábamos para nada de eso, porque además tuvimos un accidente y nos piratearon la película. Entonces nunca esperamos que fuera un éxito comercial la película, y hubo algo ahí.

Yo te diría que cuando tú me preguntas cuál es su legado, me emociona un montón porque yo siento que eso un poco lo olimos en ese último rodaje, porque nos pasó una cosa muy loca. Hicimos un taller en la UdeC en Concepción, como pacientes cineastas, y nos daba risa porque le decíamos, “oye, te tenemos que sacar de acá como Mick Jagger”, porque llegaba gente con las cámaras y le decía, “fírmemela”, pero con un bisturí, gente muy muy fanática, muy joven.

A él le emocionó mucho, no que hubiera gente de su misma edad que lo reconociera, sino que en el último rodaje la sensación fue que hay gente muy joven que admira su trabajo, y eso fue un momento de esperanza hermoso y un momento dulce de sentir este péndulo del que te hablaba, que cuando una persona ha estado 50 años filmando y ve que hay gente muy joven que sigue lo que él hace, que le encanta lo que él hace.

Yo siento que hubo una esperanza dulce ahí. Todo el mundo dice que Chile es un país ingrato, yo siento que sí en muchas cosas, pero tengo una una alegría profunda de sentir que Patricio se fue siendo el Premio Nacional de Artes, que se fue con doctorado Honoris Causa en Francia. En la Universidad Valparaíso me estuvieron esperando tres años solamente porque querían hacer el trámite presencial solamente.

Para “Mi país imaginario” filmamos cerca del Estadio Nacional y nos íbamos a subir a la van y en auto pasaron dos personas gritando y dijimos, uy, ¿qué les pasó?, y no entendimos nada hasta que dejaron el auto al lado y vinieron corriendo a la van de rodaje y decían, “es el maestro Guzmán”, y Patricio no entendía. Y ver gente tan joven parar un auto en un lugar así, en todos lados, en realidad como, “oiga, es Patricio Guzmán”, gente muy joven, yo te diría que eso para mí ese es el legado.

Él le hizo un regalo a Chile. Yo entiendo que sea muy político y que haya gente que diga, “ah no, tengo una distancia porque es político”, pero más allá de lo político, es también es una obra de arte.

Acabamos de estrenar ahora sus películas restauradas. Él se dedicó en cuerpo y alma, ya le costaba mucho, y restauró con Renate, un trabajo tremendo de los dos, y un esfuerzo durísimo. Eso se lo llevaron los dos en los hombros, restaurar “El primer año” y “La batalla de Chile”, y siento que lo que hicieron ellos dos fue como un regalo. Yo te aseguro que en 100 años en este país, guste o no guste, va a existir, se va a cuidar y va a estar ahí.

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