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Carta a un amigo que votó por Kast Opinión Archivo (AgenciaUno)

Carta a un amigo que votó por Kast

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Álvaro Ramis Olivos
Por : Álvaro Ramis Olivos Teólogo, doctor en filosofía, Presidente Centro de Estudios Territorio y Comunidad.
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Te pido que reconozcas que el resultado no es el que te prometieron: no llegó el crecimiento, no llegó la seguridad y la experiencia en la gestión se ha visto poco. Lo que llegó fue un alivio tributario para algunos y una cuenta que se paga en el consultorio del barrio.


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Querido amigo:

Hace seis meses nos juntamos a tomar un café para conversar sobre el gobierno que empezaba. Me dijiste que me quedara tranquilo, que todo iba a estar bien. Yo entendí los motivos que te llevaron a votar por José Antonio Kast y también te dije de frente que no los compartía. Medio año después creo que corresponde otro café para repasar esos motivos, uno por uno, y ponerlos al lado de lo que pasó.

Lo primero que me dijiste fue que por fin llegaba gente que sabe gobernar. Se terminaba la improvisación. La rotativa ministerial, sin embargo, no se detiene, y los conflictos entre ministros se ventilan en la prensa antes que en el comité político. En Cancillería quedó a la vista con el comunicado firmado con Milei el 3 de septiembre: respaldamos la reclamación argentina sobre Malvinas y comprometimos apoyo logístico y todavía nadie explica qué obtuvo Chile a cambio ni quién paga el costo en Magallanes. Ese es un problema de oficio y no de la diferencia política que tú y yo arrastramos hace años.

Saber gobernar también es conducir a los propios aliados. Cuando la agenda la termina fijando el socio más duro de la coalición, el programa que tú votaste queda en segundo plano. Todos los gobiernos se equivocan al partir y eso no me escandaliza. Me cuesta más entender la negativa a reconocerlo, porque gobernar bien supone corregir a tiempo y esa parte todavía no aparece.

También me dijiste que había que darle la oportunidad a la derecha para retomar el crecimiento. Te concedí entonces que el crecimiento importa y te lo sigo concediendo, porque no hay programa social serio sin él. Pero hoy vamos para atrás. El shock del precio de las gasolinas no es la única causa y tú lo sabes. También está la contracción del gasto público y la falta de previsión sobre los efectos encadenados de las decisiones que se fueron tomando. Y está la incertidumbre, que para invertir es peor que una mala regla conocida.

Me vas a decir que la megarreforma te alivió el pago de las contribuciones. Es cierto y no te lo voy a discutir. Pero reconoce conmigo que el efecto sobre el bien común es dañino. Las proyecciones de la propia Dirección de Presupuestos dejan una brecha fiscal que no se cierra en esta década, y el Consejo Fiscal Autónomo lo advirtió por escrito antes de que se votara. El costo de la rebaja es inmediato. Los beneficios que se invocan para justificarla son inciertos y van a demorar años, si es que llegan.

Mientras tanto ya tenemos municipios más pobres, que es donde se resuelven la basura, el alumbrado y los consultorios. En salud el recorte también se nota: el Decreto 333 cortó donde no quedaba holgura y eso se paga en meses de espera. Tú vives en una comuna que puede absorber ese golpe. La mayor parte de las comunas del país no puede, y la diferencia de presupuesto por habitante entre una y otra ya era escandalosa antes de la reforma.

Y me hablaste de la seguridad como el asunto fundamental. Estuvimos de acuerdo en el diagnóstico, te lo recuerdo, porque no es cierto que la izquierda haya negado el problema, aunque le costó demasiado tomárselo en serio. No esperaba que medio año después la solución ofrecida fuera una reforma constitucional, con un nuevo estado de excepción incorporado en el artículo 9° bis.

Si los problemas se resolvieran definiéndolos en la Constitución no habríamos pasado 10 años empantanados en procesos constitucionales. De eso sabes bastante y me lo hiciste saber cada vez que tocamos el tema. Aguanté tus críticas y varias me parecieron justas. Hoy te devuelvo el argumento: no hay constitucionalista en Chile que se atreva a afirmar que un artículo nuevo baja la tasa de homicidios. Un estado de excepción permanente sí amplía lo que el Estado puede hacer sin control, y devolver ese margen a su lugar cuesta mucho más que abrirlo.

Sé que tus convicciones te van a mantener apoyando a este gobierno y lo respeto. Nunca te pedí que votaras como yo. Te pido que reconozcas que el resultado no es el que te prometieron: no llegó el crecimiento, no llegó la seguridad y la experiencia en la gestión se ha visto poco. Lo que llegó fue un alivio tributario para algunos y una cuenta que se paga en el consultorio del barrio.

No te escribo para sacártelo en cara. Te escribo porque somos amigos hace demasiados años como para fingir que no estamos viendo lo mismo, y porque acá la discusión política se volvió un intercambio de banderas donde nadie responde por lo que dijo seis meses antes. Yo respondo por lo mío. Los hechos hablan por sí solos, con la misma terquedad con que hablaban cuando el gobierno era otro y el que tenía que dar explicaciones era yo.

Quedamos para ese café cuando quieras.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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