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Pablo Carrasco, director de orquesta: “En el arte, en general, uno no para de estudiar” CULTURA Crédito: Francisca Devivo

Pablo Carrasco, director de orquesta: “En el arte, en general, uno no para de estudiar”

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Natalia Figueroa Sepúlveda
Por : Natalia Figueroa Sepúlveda Periodista de la Universidad de Chile. Diplomada en Memoria y DDHH, así como en Periodismo de Investigación. Especializada en movimientos sociales, migración, violencia de género y cultura. Actualmente es encargada de Comunicaciones del Observatorio Ciudadano, fundación de derechos humanos. Desarrolla, además, un proyecto sobre memoria y feminismo en mujeres víctimas de femicidio.
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El director y docente, a cargo de los cursos gratuitos de dirección orquestal organizados por la Orquesta Latinoamericana de Chile en alianza con Balmaceda Arte Joven, comparte su experiencia en la formación de músicos que buscan abrirse camino en esta disciplina de la música clásica en Chile.


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La destacada trayectoria del director Pablo Carrasco, quien ha estado al frente de algunas de las principales agrupaciones orquestales del país, como la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta de Cámara de Chile, le ha permitido conjugar su experiencia artística con la docencia.

Consciente de que la dirección orquestal exige un proceso formativo de largo aliento, Carrasco reconoce que durante los últimos años se han abierto espacios que ofrecen herramientas puntuales para quienes se proyectan hacia ese horizonte musical.

Precisamente, este año participó en la segunda versión de los cursos de dirección orquestal, organizados por la Orquesta Latinoamericana de Chile (OLCh) y Balmaceda Arte Joven. Una iniciativa de carácter gratuito financiada por el Fondo de la Música 2026 del MINCAP, que ha contribuido a ampliar el acceso a una formación que, en Chile, suele implicar un alto costo económico.

Crédito: Francisca Devivo

Para comenzar, cuéntame cómo ha sido tu experiencia en la formación de músicos y, particularmente, de quienes buscan dedicarse a la dirección orquestal. ¿Qué implica acompañar ese proceso?

Siempre es un desafío, pero un lindo desafío, brindar herramientas para jóvenes que estén interesados en la dirección de orquesta, que es un mundo apasionante pero también muy difícil. En mi experiencia, que llevo harto tiempo enseñando a alumnos particulares y también dentro de cursos, he visto buena recepción y desarrollo de los chicos durante el proceso. Van creciendo harto y, al final, terminan todos contentos con los resultados.

¿Qué desafíos te planteas con cada curso o con cada grupo de estudiantes? ¿Hay algo que hayas aprendido tú también a partir de ese trabajo formativo?

Creo que en todas las profesiones, siempre uno aprende cuando enseña. Yo también estudiando para preparar una clase, me doy cuenta de que había algo que no tenía tan claro y se me empieza a aclarar. Eso me ha pasado mucho. Y, bueno, cada curso es diferente en cuanto a los desafíos que se plantean, porque va de acuerdo al repertorio, a la orquesta en este caso, y a los chicos que hayan sido seleccionados. A veces, toca dirigir a grupos que están en un nivel más básico, por lo tanto, son desafíos y metas distintas.

Esta instancia, organizada por la Orquesta Latinoamericana de Chile junto a Balmaceda Arte Joven, busca entregar herramientas técnicas más específicas a través de cursos breves. Más allá de esta experiencia puntual, ¿cómo es el camino tradicional de formación de una persona que quiere dedicarse a la dirección orquestal? ¿Qué exigencias, tiempos y aprendizajes lleva asociados?

En cuanto al aprendizaje de dirección, en este país no hay un lugar donde se enseñe, una universidad quiero decir. Durante un tiempo la Universidad de Chile, donde me formé, tuvo la carrera de dirección, pero después desapareció y se quedaron solamente con un magíster que tiene una duración de dos años. Pero, claro, esta es una carrera que requiere mucho más estudio que eso porque es necesario dominar algún instrumento, tiene que tener buen oído para los dictados musicales, reconocer las notas que están sonando en la orquesta. Hay que trabajar los instrumentos transpositores, que es un mundo completamente aparte; hay que saber de historia, tener la técnica, etc. Entonces, por lo general lo que se ha hecho en toda la historia de la dirección, es que muchas veces se estudia en una relación alumno-maestro, es decir, un maestro toma un alumno y le enseña casi individualmente. Y esa relación va mucho más allá de alumno-profesor común y corriente que puede existir en otras carreras.

Y, últimamente también se están haciendo muchos cursos de dirección, como nosotros con la Orquesta Latinoamericana, pero también la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI) hace varios cursos. El director Rodolfo Fischer hace cursos en varias partes, incluso unas pasantías en Suiza.  Lo mismo el director Eduardo Brown. Entonces, cada vez hay más cursos, donde pueden ir a buscar más herramientas, pero es distinto que estudiar una carrera. Estos son cursos puntuales, que duran una o dos semanas y, como te digo, cuando uno estudia la carrera son por lo menos cuatro o cinco años, y más incluso. En esta carrera y para todos los músicos, y en el arte en general, uno no para de estudiar porque siempre está preparando nuevas cosas.

Cuando conoces a estudiantes que te dicen que quieren dedicarse profesionalmente a la dirección orquestal, ¿qué les aconsejas? ¿Qué crees que es importante que sepan antes de emprender ese camino?

Lo primero que le digo es que hay que estudiar mucho porque son muchas áreas en las que uno tiene que prepararse lo mejor posible. Y ojalá tocar algún instrumento de orquesta. Es muy importante eso para que el estudiante tenga la experiencia de cómo nace el sonido desde un instrumento y las cosas que se necesitan decir para aquellos y otros instrumentos. Les digo que tienen que tener mucha paciencia y que no es un camino fácil de recorrer. Apasionante e increíble. Yo creo que si ahora me tocara elegir, elegiría de nuevo esta carrera porque realmente me llena el alma. No me veo haciendo otra cosa. Me encanta estudiar las obras orquestales de grandes maestros, trabajar en equipo con más músicos y dirigirlos en los conciertos, los ensayos, etc. Así que más que nada les digo que es harto estudio, que se preparen mentalmente para eso, que no aflojen y que peleen por sus sueños.

Si hacemos una lectura desde la perspectiva de género, ¿cómo describirías actualmente el escenario de la dirección orquestal? ¿Qué brechas o desafíos persisten para las mujeres y disidencias que buscan desarrollarse en este campo?

Hoy en día, si bien aún existe bastante brecha entre hombres y mujeres y disidencias, cada vez hay más mujeres en el área. Antes era impensado ver una mujer dirigiendo y ahora se puede ver que hay directoras en casi todas partes del mundo. Creo que eso le ha hecho muy bien al mundo de la música sinfónica y de la dirección. No olvidemos que hasta final del siglo XX era bien dictatorial, incluso, la figura del director. Hoy eso ya no se aguanta, o sea, ese tipo de figura ha cambiado. Ahora también se están viendo directores de color, por ejemplo, antes tampoco se les daba cabida. Entonces, creo que se ha democratizado y eso vislumbra un buen presente y un buen futuro en relación a ese escenario.

A lo largo de tu carrera has dirigido distintas orquestas. Desde esa experiencia, ¿qué avances has observado en la formación de los elencos y en las herramientas con que cuentan los músicos para enfrentarse a una obra?

Hoy en día, tanto en Latinoamérica y mucho más en Europa y en Norteamérica, el nivel de la orquesta ha ido creciendo de una manera muy impresionante. Cada vez hay más alumnos en las escuelas y, por lo mismo, es más difícil entrar a estudiar música en escuelas importantes tanto en Europa como en Norteamérica. En Latinoamérica,las orquestas juveniles han ayudado mucho a ir subiendo paulatinamente el nivel de la orquesta. No estoy diciendo que antes eran malas, pero hay detalles que han ido mejorando y que los ha hecho más virtuosos. Los jóvenes ahora llegan a tocar a una orquesta profesional teniendo experiencia de tocar en orquestas juveniles casi profesionales. Por ejemplo, los chicos que tocan en la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil dejan de tocar a los 26 años y resulta que ya llevan 14 o más años tocando en una orquesta. Eso ha conllevado que el nivel de la música orquestal, como te digo, en todas partes ha ido en aumento.

Existe la idea de que la música clásica está dirigida a un grupo selecto de personas o que tiene un carácter elitista. Desde tu experiencia, ¿cómo dialogas con esa percepción? ¿Qué se puede hacer para acercar la música y la formación orquestal a públicos más diversos?

Existe un gran mito. Efectivamente, durante un tiempo, sobre todo en la ópera, se podía considerar más de un término elitista. Desde la forma en que iba el público vestido, que era prácticamente de gala, y también por el valor de la entrada porque requiere mucha preparación. Por lo general, son 3-4 semanas de preparación donde hay que darle alojamiento a los solistas si vienen de afuera, pagarles el avión, tenerlos un mes alojados. Son muchas cosas y obviamente que van encareciendo el espectáculo. Lo que se ha hecho, por ejemplo, es ofrecer ensayos generales de puerta abierta para que la gente que a lo mejor no tiene el recurso monetario para comprar una entrada, tenga la opción de ver la ópera en ese formato. O también, cada vez hay más colectivos independientes que llevan la música y la ópera diferentes rincones para democratizar, sacar un poco el la ópera de un teatro y llevarlas también al territorio.

Entonces, creo que hay un poco de mito-verdad sobre todo en la ópera, porque insisto, es muy caro. Además, bueno, siempre está la típica discusión, de que cuando una persona va a ver, no sé a Paul McCartney o cualquier grupo de música, puede comprar entradas que cuestan hasta cincuenta veces o más que una entrada para un concierto de música clásica. Entonces, también está un poco la prioridades que pone la gente y también la tarea nuestra es de tratar de cautivarla y que vean que un espectáculo de música clásica puede ser igual o más cautivante que ir a un espectáculo de música popular.

Aquí podemos inscribir la apuesta de la Orquesta Latinoamericana con sus conciertos en vivo, en establecimientos educacionales y cursos gratuitos. ¿Cuál es la necesidad de seguir fomentando estos espacios de formación?

Es muy importante seguir dando los espacios que mencionas y creo que la Orquesta Latinoamericana está cumpliendo un rol súper importante. Siempre le he dicho a los chicos de la orquesta que lo que hacen es digno de admiración porque primero están recuperando un repertorio latinoamericano que muchas veces no se toca. A veces, incluso ellos tienen que hacer el arreglo o hacen las ediciones, entonces, es un trabajo bien profundo de rescate y de difusión en formato de orquesta que se hace poco. Y, a la vez, dan espacios para que directores puedan aprender con ellos. Lo que hace esta orquesta creo que lo deberían hacer en todas partes. Bueno, como te digo hay cada vez más cursos aunque no muchas veces son gratuitos y, a veces, los cursos son bastante caros. Así es que con mayor razón creo que hay que aprovechar y agradecer las instancias que da la Orquesta Latinoamericana en la formación y difusión de estos espacios.

Finalmente, ¿qué te gustaría que una persona que nunca ha tenido contacto con una orquesta pudiera descubrir al acercarse a este tipo de experiencias?

Mira, hoy en día nosotros podemos escuchar música clásica desde un celular o desde el computador; a veces, podemos verlo desde la tele, incluso, podemos escucharlo con audífonos, etc. Quizás tenemos a mano mucho más de lo que se podía tener hace veinte o treinta años, y de ahí para atrás era más difícil aún. Pero no hay grabación que pueda sustituir la experiencia de la música clásica en vivo, sobre todo con una orquesta sinfónica grande: ver y sentir como los sonidos de cada instrumento te van envolviendo, cómo se funden en un sonido, como se mezclan las intensidades. Trae una experiencia que es impagable y que no la va a poder encontrar en ninguna grabación.

Para eso se necesita un espacio idóneo para que una persona disfrute de lo que está pasando auditivamente en el escenario, un espacio de silencio, de tranquilidad porque no es como cuando uno va al cine que puede estar comiendo palomitas. A un concierto o una ópera se va a disfrutar en silencio y respetando para que el otro también pueda disfrutar de la misma manera. Así es que son dos cosas: primero, invitar a todas las personas que vayan a escuchar música clásica porque es una experiencia que no la pueden vivir en ninguna parte y no se van a arrepentir. Y la otra, es sobre los espacios que se requiere escuchar esto de la mejor manera.

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