CULTURA
La historia del cineasta chileno y su película prohibida que exhibirá el Festival de Valdivia
“Alias Gardelito”, de Lautaro Murúa, cuenta la historia de un delincuente y fue rechazada en 1963 por su retrato social descarnado. El certamen comienza mañana.
Una película que fue censurada en su momento en 1963 en Chile es parte del Festival Internacional de Cine de Valdivia, que parte este lunes.
Se trata de “Alias Gardelito” (1961), dirigida por el chileno Lautaro Murúa (1926-1995), que será exhibida el miércoles 14 (11:00 horas) y el jueves 15 (17:15 horas) en el auditorio Felix Martinez de la Universidad Austral (General Lagos Nº1194), en el marco de un homenaje al Cine Chileno.
Raúl Camargo, director del festival, cuenta que la motivación para exhibirla de hecho surgió hace muchos años.
“Como festival reflexionamos sobre lo poco conocido que era Lautaro Murúa en Chile, pese a ser una figura consular del cine argentino, tanto como actor como director. Eso nos llevó a producir una retrospectiva de su obra con copias en 35mm traídas directamente desde Argentina el año 2012, lo cual contribuyó decisivamente a un mayor conocimiento sobre su figura en Chile”, cuenta a El Mostrador.

El cineasta Lautaro Murúa. Crédito: FICV
Murúa
Murúa floreció como actor en Chile y al comenzar los años 50 emigró hacia Argentina, donde inició su trabajo como realizador y convivió con la llamada Generación del 60 que, a partir del impulso de Leopoldo Torre Nilsson, integraron entre otros, Leonardo Favio.
“Alias Gardelito” fue su segundo largometraje en ese país y es la historia de un ladronzuelo, Toribio Torres, acorralado entre el mundo delictual en el que circula y fascinado por sus intentos de emular la figura de Carlos Gardel. Tensionado por su propósito de ascender en el hampa bonaerense y, a la vez, adquirir notoriedad en el espectáculo radial, el futuro inmediato de Torres pareciera ser existencialmente inviable.
A través de esa historia Murúa opta por una descripción realista y penetrante de los bajos fondos de la ciudad de Buenos Aires, en una aproximación entramada con las lecciones del neorrealismo, estética muy presente en otros filmes del período, como “Crónica de un niño solo” (1962), de Favio.
La historia es la adaptación del cuento “Toribio Torres, alias Gardelito” (1956) del escritor Bernardo Kordon, cuenta el crítico de cine Sebastián Tabany.
“Es la historia de Toribio Torres, un joven inmigrante del norte argentino que llega a Buenos Aires y, en lugar de insertarse en el trabajo formal, se convierte en cuentero: un estafador de poca monta que sobrevive mintiendo, estafando y robando. Lo apodan Gardelito porque canta bien y sueña, sin hacer nada concreto, con ser cantor de tango como su ídolo Carlos Gardel. Se asocia con el contrabandista Fiacini y, cuando intenta traicionarlo para quedarse con el botín de un robo mayor, vinculado al contrabando de autopartes importadas, termina asesinado y tirado en un basural”.
El guion es de Augusto Roa Bastos (escritor paraguayo, que por entonces colaboraba activamente con Murúa) junto a Solly Schroder. Está filmada en blanco y negro con fotografía de Oscar Melli y música de Waldo de los Ríos y pertenece a la Generación del 60 del cine argentino, camada que rompió con el modelo industrial clásico para narrar con recursos modernos (flashbacks, voz en off, elipsis, fragmentación temporal) y con protagonistas marginales antes ignorados por el cine comercial, explica.
“Esa generación está muy influida por el neorrealismo italiano de la posguerra y el comienzo de lo que se llamará la Nouvelle Vague francesa”.

El equipo que restauró la cinta en la U. de Chile. Crédito: U. de Chile
Restauración en la U. de Chile
La película se presentará gracias a la colaboración con la Cineteca de la Universidad de Chile, donde fue restaurada la cinta por un colectivo de estudiantes, funcionarios y académicos de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile.
“Es un ejercicio de cine-escuela activa, donde buscamos proyectar una conciencia sobre la recuperación de nuestras memorias incluyendo la investigación, pero también proyectando estos ejercicios a nuevas generaciones que tendrán, el día de mañana, la responsabilidad de resguardar la memoria audiovisual del país”, explica Luis Horta, director de la Cineteca.
“Tenemos un archivo relevante almacenado desde los añosa 60, y que sobrevivió a los allanamientos tras el golpe. A veces se olvida que la Cineteca de la Universidad de Chile es el primer archivo del país, y gradualmente estamos restaurando estas colecciones, que son relevantes para la historia del país. A la vez, establecemos estrategias innovadoras que vinculas lo transdisciplinar y lo educativo, que es el caso de este proyecto, para que la mediación y lo educativo formen parte de una línea de trabajo de la Universidad”, explica a El Mostrador.
Censurada
Los problemas de la película comenzaron ya en Argentina, según cuenta Tabany.
“Fue la segunda película de Murúa como director, después de ‘Shunko’ (1960). Tuvo una circulación muy limitada por problemas de censura: el Instituto Nacional de Cinematografía le dio calificación B, una condena práctica que hacía que su exhibición no fuera obligatoria para las salas. Además sufrió una denuncia por obscenidad de un fiscal, que fue desestimada por un juez cuyo fallo se publicó como editorial en la revista Tiempo de Cine”, explica.
Añade que tuvo fuerte repercusión en el ambiente cinéfilo especializado (como la revista Tiempos de Cinte antes mencionada) aunque no le fue bien comercialmente. En 1962 ganó el Cóndor de Plata a la Mejor Película. Años después se consolidó como una película importante de la Generación del 60.
Camargo cree que la censura en Chile se pudo deber al retrato social descarnado que realiza, que pudo influir para que el Gobierno de Chile pudiese sentir que exhibirla pudiese ser visto como un agravio diplomático.
“A su vez a inicios de los 60’s no existía aún un cine de carácter político-social consolidado en el país ni en Latinoamérica, por lo que pudo existir temor de mostrar una realidad mucho más cruda y sombría que si bien existía no era habitual en la gran pantalla”, explica el director del certamen de Valdivia.
Lo cierto es que en Chile el Consejo de Censura Cinematográfica chileno la prohibió en 1963, durante el gobierno de Jorge Alessandri.
Según los autores del libro “Pantalla Prohibida” (2000, de Marco Antonio de la Parra y Daniel Olave), la razón fue que la película menoscababa la imagen de Argentina. Treinta años después, en 1996, fue la propia embajada argentina la que auspició su exhibición en Chile.
“No parece haber habido alguna repercusión destacable en Argentina sobre la censura. Era algo muy común en dictaduras latinoamericanas. Gonzalo Aguilar escribió en 1994 un libro, ‘Lautaro Murúa’ (Centro Editor de América Latina) y ahí dice que Murúa peleó insistentemente hasta lograr la modificación de la calificación B”, afirma Tabany.
Horta, en tanto, explica que fue censurada por un tema diplomático: “como es de corte social y retrata las clases trabajadoras, no fue bien visto que en Chile se representará una mirada más ‘oscura’ de un país vecino”.
“Eso hizo que la película no pudiese estrenarse acá y por esa razón posiblemente Lautaro Murúa dejó la copia en la Cineteca de la Universidad de Chile, ya que al ser una institución educativa estamos eximidos de pasar por un consejo de calificación o censura debido a que el Estado reconoce una labor formativa ajena a la exhibición comercial. Murúa era chileno y llevaba años radicado en Argentina, y luego pasó a ser exiliado viviendo en España”.
Pedro Chaskel, entonces director de la Cineteca, logró que el Consejo de Censura de la época publicara la excepción que tiene hasta hoy la Universidad de Chile, de que las películas que se exhiben en dicha institución no pasan por censura. Eso a raíz de una muestra del cineasta Joris Ivens, que intentó también ser censurada.
En 1962, cuando se gestionó la visita de Joris Ivens a Chile y del que deriva el rodaje de la película “A Valparaíso”, que con el golpe se robaron de la Universidad y entre varias otras, surgen las aprehensiones del Estado, sobre todo de sectores anticomunistas, que querían prohibir e inhabilitar la labor de extensión cultural de la Universidad.
“Alias Gardelito” está en ese contexto, “pero la labor social de la Universidad fue tan evidente que sobrepasó los intentos de censura y el Estado públicamente garantizó que la Universidad es un espacio de producción de saberes. Bueno sería saber si esta visión se reafirmaría hoy y que no se privatice el campo del saber”, comenta Horta.
“Así es como un cine de vanguardia no estaba sometido a la burocracia, sino al sentido de educar. Cuanta de esa experiencia sería útil hoy día”, afirma.
Murúa, el desconocido
Nacido el 29 de diciembre de 1926 en Tacna, Murúa tuvo sus primeras aproximaciones a las artes en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, posteriormente incursionando como actor en algunas de las pocas producciones chilenas realizadas a inicios de los años cincuenta.
Debió exiliarse en Argentina tras la llegada al poder del general Carlos Ibáñez del Campo, involucrándose en la vida intelectual y artística porteña.
“Era chileno de nacimiento pero construyó casi toda su carrera en Argentina, donde se nacionalizó y vivió casi cuatro décadas. Llegó a Buenos Aires a mediados de los años 50 tras ser descubierto en el teatro universitario chileno por Olga Zubarry, y debutó actuando junto a un jovencísimo Alfredo Alcón”, explica Tabany.
En 1960 dirige su primer film, “Shunko”, con guión de Arturo Roa Bastos. Un año más tarde filmó “Alias Gardelito”, el retrato de los barrios bajos de Buenos Aires y que fue censurada en Chile pese al reconocimiento internacional.
La década siguiente le permitió consagrarse como uno de los más importantes actores del cine argentino, con apariciones en películas como “Martín Fierro” (Leopoldo Torre Nilsson, 1968), “Invasión” (Hugo Santiago, 1969), “Los traidores” (Raimundo Gleyzer, 1973), “Nazareno Cruz y el lobo” (Leonardo Favio, 1975), entre varios otros.
Además intentó filmar una película junto a Raúl Ruiz en 1964, “El retorno”, que nunca concluyen y de la que aparentemente se ha perdido toda pista de existencia. Recién en 1975 realiza un nuevo largo, “La Raulito, que nuevamente incorpora temáticas como la lucha de clases y la humanidad ajena al predominio del capital. Sin embargo debe exiliarse por segunda vez un año más tarde, en esta ocasión luego del golpe de 1976, radicándose en España.
“Murúa era un peronista de izquierda reconocido, no un militante pero sí una figura políticamente identificada y activa en el ambiente cultural. Después de la muerte de Perón y sobre todo después del golpe de 1976, sufrió persecución. Una bomba explotó fuera de su casa en La Plata, por lo que decidió a exiliarse en España, donde estuvo hasta 1983”, explica Tabany.
Retornó a Argentina en 1983 para filmar “Cuarteles de invierno”, una película “madura, oscura y melancólica, basada en la novela de Osvaldo Soriano y con música de Astor Piazzola. Sería su último film, que no le impediría actuar en algunas películas más hasta que su vida se agotó, un 3 de diciembre de 1995 en Madrid, en palabras de Camargo.
Para Tabany, Murúa es la figura de un actor más que de director.
“Era talentoso, moderno, pero no enfocado en la dirección, quizás por la censura, porque dirigir lleva más tiempo y desgaste que actuar o porque temáticamente era más político”, afirma.
“Los temas que abordó pusieron foco en la marginalidad social: sus protagonistas son siempre sujetos desplazados por la modernización económica -inmigrantes del interior, delincuentes menores, jóvenes de la-calle) retratados sin condescendencia ni redención moral fácil. De hecho, sus protagonistas no son héroes sino antihéroes y su mirada no es empática ni cómplice”.
Sin duda Murúa fue un gran cineasta, reconocido mundialmente. En palabras del director de la Cineteca de la U. de Chile, “existe una deuda con él, y este proyecto busca resarcir esta indiferencia, y por supuesto que la Universidad de Chile esté detrás da cuenta de la relevancia de pensar de forma critica los archivos”.
“Hizo lo que para mí es una de las grandes obras del continente, como es ‘Cuarteles de invierno’, no estrenada en Chile. Le debemos mucho, y esperamos quienes somos sus entusiastas, aportar en esta puesta en valor”.
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