CULTURA
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“Nacer tantas veces”: Nemesio Antúnez más allá de la pintura
En “Nacer tantas veces” (Ed. Debate), Felipe Reyes reconstruye la trayectoria de Nemesio Antúnez y recupera una figura que desbordó su propia obra: pintor y grabador, creador del Taller 99, director de museos, comunicador y activo articulador de la cultura chilena.
Nemesio Antúnez fue pintor. También grabador, fundador del Taller 99, director del Museo Nacional de Bellas Artes, gestor cultural y comunicador. A lo largo de su vida creó espacios para otros artistas, difundió sus obras y participó activamente de la vida cultural y política chilena. Esa amplitud atraviesa “Nacer tantas veces. Retrato del pintor Nemesio Antúnez”, la biografía en que el escritor Felipe Reyes reconstruye una trayectoria que permite recorrer buena parte de la cultura chilena del siglo XX.
Antúnez llevaba tiempo apareciendo en las investigaciones de Reyes antes de convertirse en protagonista de uno de sus libros. Mientras trabajaba sobre la editorial Nascimento lo encontró como autor de algunas de sus portadas. En otra investigación apareció su encuentro con Albert Einstein en Nueva York. “Era un personaje que me aparecía en otras cosas que yo he hecho anteriormente, que siempre estaba ahí”, recuerda. Seguir esas huellas terminó revelándole una vida que atravesaba distintos ámbitos y se cruzaba con algunos de los principales protagonistas culturales y políticos de su tiempo.
Esa condición explica una de las características centrales del libro: la vida de Antúnez avanza acompañada por una reconstrucción de los escenarios históricos, políticos y culturales en los que se desenvolvió. Salvador Allende fue su vecino, Roberto Matta su vecino de infancia; conoció a Pablo Neruda y a Albert Einstein. “Me gusta mucho vincular de alguna manera al personaje y al tiempo que le tocó vivir”, explica Reyes.
La biografía como forma de reconstruir la cultura
Nacer tantas veces se inscribe en una línea de trabajo que Reyes ha desarrollado en torno a personajes de la cultura chilena. Antes de llegar a Antúnez, sus investigaciones habían estado vinculadas principalmente con la literatura, el periodismo y la edición, a través de figuras como Rodolfo Walsh, Roberto Arlt y el editor Carlos George-Nascimento.
En esas aproximaciones biográficas, busca reconstruir al personaje dentro del tiempo que le correspondió vivir. La trayectoria individual funciona también como una entrada hacia los procesos culturales, sociales y políticos que la rodearon. “Me parece importante el contexto en la medida en que es el mundo que le toca vivir a estos personajes”, explica.
Con Antúnez, ese método implicó desplazarse desde la escritura y la edición hacia las artes visuales. “Siempre quise hacer la vida de un pintor”, reconoce. El desafío lo llevó a investigar sobre arte chileno y a definir el lugar desde donde construiría el relato: concentrarse en Antúnez como artista, personaje público y protagonista de la cultura. “Preferí quedarme con eso y jugármela por el relato”, señala.

El autor Felipe Retes. Crédito: Cedida
El archivo y la construcción de una vida
Para realizar esa reconstrucción, Reyes trabajó con prensa, cartas, catálogos, libros y numerosos documentos, con un lugar especialmente importante para el archivo de la Fundación Nemesio Antúnez. Las cartas le permitieron acercarse a registros íntimos y a la “trastienda” de los personajes, mientras la prensa le entregó las opiniones y discusiones que acompañaron los acontecimientos en el momento en que estaban sucediendo.
“El archivo es increíble, es maravilloso. Completísimo”, dice Reyes sobre el material conservado por la Fundación. Su extensión hizo posible seguir a Antúnez en diferentes momentos, saber qué estaba pintando, en qué proyectos participaba y reconstruir el ambiente cultural que lo rodeaba. “Para mí el archivo es fundamental en un relato biográfico”, señala.
Reyes decidió abordar las artes visuales sin la asesoría directa de historiadores o teóricos del arte. Leyó sobre arte chileno y sus procesos históricos y asumió una posición específica: las obras aparecerían vinculadas a los distintos momentos de la vida de Antúnez, observadas principalmente desde la experiencia de un espectador.

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Un artista que abre espacios
Durante la investigación, Reyes encontró una situación que llamó su atención. A pesar de su reconocimiento público, Antúnez, sostiene, ocupa un lugar menos visible dentro de ciertos relatos académicos sobre la pintura chilena. Su formación inicial como arquitecto, sus largos periodos fuera del país y una trayectoria difícil de situar dentro de determinados grupos o periodizaciones contribuyen, según el escritor, a esa posición.
Al mismo tiempo, la investigación hizo visible otra dimensión de su influencia. “La sensación que me queda es como de un gran difusor. Existen pocos artistas tan dispuestos a difundir la obra de los otros, tan dispuestos a difundir la obra de los colegas”, afirma Reyes.
El Taller 99 constituye uno de los ejemplos más claros. La experiencia de Antúnez en el Atelier 17 de William Hayter, primero en Nueva York y posteriormente en París, fue fundamental para el espacio que crearía en Chile. Allí aparece una concepción del trabajo artístico que incluye el aprendizaje colectivo, la circulación de técnicas y la generación de oportunidades para otros.
Esa disposición se proyectó hacia otros ámbitos. Antúnez dirigió instituciones, difundió el arte a través de medios de comunicación y creó redes entre artistas. Después del exilio tuvo además una participación activa en la recuperación de la democracia. Para Reyes, detrás de actividades diversas existe una característica que se mantiene: la capacidad de reunir.
“Tenía esa capacidad de juntar voluntades”, señala. El escritor destaca su disposición para relacionarse con personas provenientes de distintas clases sociales, posiciones políticas y tendencias artísticas. “Era un tipo que tenía esa capacidad de unir. Y siento que eso se ve a lo largo de toda su trayectoria, no solamente en el caso del arte y en la difusión del arte y crear espacios de difusión y espacios para gente nueva”.

Roberto Matta con Nemesio Antúnez. Crédito: Cedida
Nacer una y otra vez
El título elegido por Reyes procede de los últimos días de Antúnez. En las conversaciones que mantuvo con la periodista Patricia Verdugo cuando estaba gravemente enfermo de cáncer, el artista expresó una idea que terminaría cerrando también el libro: “pintar es nacer tantas veces”.
La frase aludía a la experiencia de enfrentarse a cada nueva obra, aunque para Reyes terminó condensando algo más amplio de su trayectoria. “Pareciera que el tipo de verdad revivía en cada cosa que hacía, como una especie de inyección de vida”, señala. La actividad permanente, los proyectos, los viajes y su participación en diferentes espacios culturales construyen una vida marcada por sucesivos comienzos.
El subtítulo del libro, Retrato del pintor Nemesio Antúnez, adquiere así un sentido particular. Reyes utiliza la palabra “retrato” porque no buscó escribir una biografía totalizadora, sino aproximarse principalmente a la dimensión pública del personaje. La palabra pintor identifica al Antúnez instalado con mayor fuerza en la memoria colectiva, mientras el libro revela una figura mucho más extensa.
Esa figura es también la que Reyes proyecta hacia el presente. Antúnez aparece como un artista cuya incidencia cultural se construyó también en su capacidad para impulsar el trabajo ajeno, crear lugares de encuentro y poner su propia visibilidad al servicio de proyectos colectivos. Una forma de entender la práctica artística que permite leer su trayectoria más allá de las obras que llevan su firma.
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