Ganadora de Festival de Valdivia: en Chile “búsqueda de un padre ausente es una realidad innegable”
Alba Garivaghi venció con “Hijas únicas”, tras haber estrenado el cortometraje “Una fortaleza” en el Festival de Venecia. En ambas es clave la relación entre madre e hija.
La relación entre madre e hija son clave en un cortometraje estrenado en septiembre en el festival de Venecia y un largometraje ganador en la reciente edición en Valdivia, que concluyó el fin de semana pasado.
Ambas obras -el corto “Una fortaleza” y el largo “Hijas únikas”- son fruto del trabajo de la cineasta Alba Gaviraghi (Santiago, 1992), cineasta titulada de la Universidad de Chile con experiencia en producción, guión, docencia y distribución.
Participó en cintas reconocidas internacionalmente como “SNAP”, “El verano del león eléctrico”, “Víctima Potencial” y “Nunca subí el provincia”, además de la dirección de diversos videoclips.
En el Festival de Valdivia, que terminó el domingo, “Hijas únikas” (Chile, México, Alemania, Argentina. 2026) fue premiada como Mejor Película Chilena, por el jurado conformado por Roger Koza y Viviana Saavedra, además de obtener el Premio Especial del Jurado de la Selección Oficial Largometraje.
Previamente, en Venecia, “Una fortaleza” fue el único cortometraje chileno que integró la selección 2026 de Orizzonti Corti, competencia oficial dedicada a obras que destacan por la calidad, originalidad y búsqueda expresiva de su lenguaje cinematográfico
En una entrevista con El Mostrador, realizada antes del estreno de “Una fortaleza” en Italia, la cineasta ya anticipaba que ambas cintas compartían universo centrado en las grietas de la relación madre e hija en un contexto político determinado: la toma de un colegio.
En “Hijas únikas”, explica la cineasta, “estamos situados en el 2006 en medio de la Revolución Pingüina y en medio de la revolución que para mí, yo la llamo así, no está en ningún libro de historia, es la revolución Pokemona”, que mezclaba “looks urbanos provenientes del rap y los emo de Estados Unidos con el urbano latino del regetón de Puerto Rico e influencias japonesas” para la “primera generación expuesta a Internet”.

La cineasta Alba Garivaghi (izquierda), junto a las actrices Antonia Pereira Salgado (centro) y Catalina Ortiz (derecha). Crédito: Festival de Valdivia
Fue una generación que consideró “nuestra identidad como algo modificable y maleable a propósito de esta globalización que estábamos viviendo y de donde podíamos robar un poco de todos lados”.
Es en este contexto donde el personaje interpretado por la joven actriz Antonia Pereira Salgado debe tomar una decisión. Su curso del liceo se va de gira de estudio a Bariloche y no cuenta con la autorización de su padre para poder salir fuera del país.
“Ella ni siquiera lo conoce, no sabe dónde está, nunca ha estado presente en su vida. Con suerte sabe cómo se llama. Entonces, lo que parte con la Revolución Pingüina y con su volverse pokémon es la búsqueda de este padre para encontrar ese permiso, para ser adolescente, y para encontrar, claro, básicamente un lugar desde donde zafar de esta idea impuesta de que un hombre que no conoces, que simplemente te dio la vida, pueda determinar a dónde vayas, no vayas, etcétera”.
Todo esto está mediado por el eje de la narración que es la relación de madre e hija, entre Antonia y su madre, Mariana, que es interpretada por Francisca Gavilán (“Violeta se fue a los cielos”).
“El corazón, al igual que en ‘Una fortaleza’, son los afectos, y los afectos con la madre, los afectos y los conflictos con la madre”.

Crédito: imagen de “Una fortaleza”
“Una fortaleza”
En cuanto a “Una fortaleza”, la historia “proviene totalmente de mi sensibilidad con respecto a vivencias que tuve en las tomas de mi liceo, el Liceo Siete de Niñas de Providencia, con respecto también a mis amigas, mis afectos dentro del lugar, también con respecto a mi madre”.
“Había varios temas ahí que eran super importantes de retratar para mí desde un nivel experiencial, desde un lugar super vivo, a propósito de los recuerdos de la época, a propósito de haberlo literal vivido”, cuenta.
Esta cinta tiene que ver con la tensión al interior de la identidad femenina, “cuando tenemos que decidir quizás si somos parte del círculo que hemos formado con nuestros pares o si volvemos al nido materno, encontrarse con amigos para desencontrarse a veces con lo familiar en tanto a mandatos”.
Para la cineasta “es un universo bastante rico de explorar (…) en un conflicto que para nosotros como chilenos es socialmente identificable, como la toma de un liceo”.
En este cortometraje, sin embargo, la cineasta está muy lejos de hacer una cinta explícitamente política o incluso panfletaria, a pesar de que “pienso en que todo lo que hacemos a través del cine, a través del arte, es político, porque estamos haciendo algo que se comunica al público, estamos dando nuestra opinión”.

La actriz Antonia Pereira Salgado participa en ambas cintas.
Sin panfletos
El haber hecho esta cinta “sin el panfleto o sin la ideología o sin la demanda específica o sin el contexto, más allá de consignas que llevaban esta toma a realizarse, fue una decisión super difícil de tomar, pero así nació el proyecto”, explica.
“A mí no me interesaba retratar específicamente una toma o un conflicto estudiantil. A mí lo que me interesaba y me sigue interesando es abrir el abanico de que esas cosas, estos movimientos, van a seguir pasando. El acto más político es tomarse el colegio. El acto más rebelde es agarrar ese edificio, que institucionalmente representa una opresión para muchos jóvenes, y liberarlo de eso y ser quien es uno ahí dentro del lugar, luchando por algo, obviamente, pero sobre todo creando afectos, sobre todo compartiendo con compañeras, sobre todo escuchando al otro, sobre todo armando una comunidad que se organiza”, dice.
“Esta organización, que está en lo práctico, en lo afectivo, es lo que a mí me llamaba la atención”.
En el caso de este cortometraje, la filmación fue en el Liceo Uno de Niñas de Santiago, por “sus azulejos, sus mosaicos, su estructura, sus colores. Me parecía arquitectónicamente muy hermoso”.
Ahora la cineasta celebra “estos pequeños avances de ir mostrando mi obra, de ir haciendo conectar a las personas con mis historias, que se encuentren en ellas, porque son historias bastante comunes”.
“Si uno pone la idea de una niña en un liceo, que no sabe si pertenece a sus amigas o a su madre, y está en conflicto identitario de cuánto quiere desobedecer y esa rebeldía femenina, es super universal y y empatizable. Lo mismo con la historia de Antonia en la búsqueda de un padre ausente, sobre todo en Chile, en Latinoamérica, donde es una realidad triste, pero una realidad innegable que muchísimas mujeres viven con la falta económica o de presencia de un padre. Eso evidentemente son cosas a mirar desde una perspectiva eh adolescente, femenina, feminista y actual”.