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Ignacio Socías, guionista de ‘El Tamagochi Escarlata’: “Todo lo que hago vuelve a la infancia”

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Tras su estreno en FICValdivia, El Tamagochi Escarlata, corto escrito por Ignacio Socías, ha recibido reconocimientos en festivales nacionales e internacionales y busca abrirse camino hacia los Oscar 2027. La obra llegó a los cines como parte de Monitos a Mano, una compilación de tres animaciones.


¿Qué se hace cuando se pierde algo que, durante la niñez, parece irremplazable? Porque “un crímen ha ocurrido en el 4to B… a una compañera se le perdió su tamagochi” y necesitamos encontrarlo.

Esa aventura atraviesa El Tamagochi Escarlata, cortometraje protagonizado por Iñaki y Cecilio, un niño y su tortuga de peluche —o, en buen chileno, su “mono”—, quienes deberán encontrar el preciado juguete perdido. La historia se construye como una aventura infantil con referencias al cine negro de Humphrey Boghart, pero con un humor que atraviesa la infancia de Chile en los años 90 e inicios de los 2000.

El cortometraje fue bien recibido por el público y la crítica durante sus primeras funciones en el Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia), destacando por su humor, animación, creatividad y guion. Sumado a ello, obtuvo la máxima distinción en la Competencia Latinoamericana de Cortometrajes del Festival Chilemonos y, más recientemente, en la Semana Internacional de Cine (SEMINICI) de Valladolid, España, obtuvo el Premio Jurado Joven Cortometrajes Internacionales.

“El Tamagochi toma esos problemas que se ven estúpidos cuando eres grande, pero que cuando eres chico son como la peor hueá que te pudo haber pasado y, de alguna forma, ocupaban todo tu corazón y en tu mente sentías el abismo”, explica a El Mostrador el comediante, escritor y guionista Ignacio Socías.

Dedicado principalmente al Stand Up Comedy, Socías ha sido reconocido por producciones como Tiempos Mozos (2016), el podcast Media Semana de su productora Dantesco y el show “Soy tu papá”. En esta ocasión, se reunió junto a Francisco “Visceral” Rivera y Matías “Matatatatatatat” López –director y animador, respectivamente– para gestar una obra que promete conectar con grandes y chicos, y que, además, apunta a los premios Óscar 2027.

Hoy, el filme de 13 minutos forma parte de Monitos a Mano –junto a Merrimundi y Ánima del Amanecer–, una compilación de tres cortometrajes de la mano de la productora Pista B y la distribuidora El Camino Pictures, y que durante su primer fin de semana reunió a más de 1.200 espectadores en salas.

Desde 2018 hasta 2025

Siete años transcurrieron entre la concepción del proyecto y su estreno en el FICValdivia, en 2025. Durante ese período, El Tamagochi Escarlata pasó de ser uno de los capítulos de una webserie a convertirse en un cortometraje de animación.

“Originalmente sería una webserie que se llamaría Iñaki y Cecilio, de seis capítulos. Y El Tamagochi Escarlata fue el capítulo que se decidió hacer cortometraje porque era el que tenía más carne”, explica Socías.

La propuesta consistía en transformar pequeños problemas de la infancia en grandes aventuras, a través de las experiencias de Iñaki y su tortuga de peluche.

“El primer problema era que te inviten a jugar a la pelota y que te dé vergüenza por ser malo; el segundo era El Tamagochi; el tercero tenía que ver con perder el muñeco en un viaje a Talca; en el cuarto era que te inviten a un cumpleaños y no sacarse la polera en la piscina porque te daba vergüenza tu cuerpo; el cinco era quedarse solo por primera vez en la casa y el miedo que eso daba; y el seis era el último día de clases, que, por lo general, a mí me generaba una nostalgia extraña”.

El guionista explica que Cecilio representa un objeto de transición al que Iñaki continúa aferrado, pese a que sus compañeros ya han dejado atrás esa etapa.

“En algún punto no es normal para el resto que un niño de esa edad tenga todavía un peluche. Por ahí, entre este niño medio mamón y frágil y su peluche, tienen que participar de estas aventuras”, comenta.

Para Socías, el objetivo era representar la importancia que tienen estas experiencias durante la niñez, aunque desde una perspectiva adulta puedan parecer situaciones menores.

“Son puros problemitas chicos, pero yo estoy seguro de que, si el niño que fui me los comentara, sería como una tragedia. Se intentó honrar la angustia infantil y los problemas reales de los niños que ahora uno mira tan en menos”.

Sin embargo, el camino para concretar la producción estuvo marcado por dificultades. La idea original fue escrita en 2018 y pasó por cinco versiones antes de encontrar su formato definitivo.

“La gente ahora me tira harto para arriba en estos últimos dos años, pero la mayoría de nuestros proyectos han sido fracasos. O sea, la mayoría de las cosas que he escrito no resultan. El tema es que siento que he hecho muchas cosas. Al menos lo intento; intento todo el tiempo hacer cosas”, reconoce.

Y agrega: “Creo que es lo que te podría contar cualquier persona que hace lo que hago. Es también la típica del deportista que dice: ‘Por cada cien tiros al arco, meto solo un gol’. Este era uno de esos tiros sin gol”.

Ignacio Socías vestido de Cecilio. Extraída de Instagram.

La “animación experimental” al rescate

Durante varios años, la serie permaneció sin concretarse. Fue a través del trabajo con Lucas Engel, productor de Pista B, que comenzó a tomar forma la posibilidad de realizarla mediante técnicas de animación experimental, una alternativa que permitía reducir los costos de producción.

“Con Lucas Engel siempre tuvimos la idea de que estas cosas quedan, así que había que seguir trabajando. En el camino se fue sumando mucha gente y empezamos a sentir que el proyecto podía existir en el formato de animación experimental, porque era un poco más barato y lo podíamos costear nosotros. Nunca hemos ganado fondos con estos proyectos”, explica.

En ese proceso se incorporó Francisco “Visceral” Rivera, artista que había trabajado con Cristóbal León y Joaquín Cociña, reconocidos por sus propuestas de animación experimental.

“En un minuto Lucas me cuenta que había cierta animación experimental que se podía costear. Y, por ahí, un tremendo artista que es Pancho Visceral tomó el proyecto y le dio vida. Él venía de trabajar con Cristóbal León y Joaquín Cociña, y tenía un estilo totalmente opuesto al mío”.

La diferencia entre ambos estilos provocó inicialmente ciertas dudas en el guionista.

“Yo encontré que era mala idea, siendo súper honesto, pero el productor insistió y dijo: ‘¿Sabes qué? Por la oposición puede quedar divertida’”.

“Le creí y resultó. Pancho leyó los guiones y, aunque no eran guiones pulcros, porque ni siquiera estaban pensados para animación, sintió que había harto corazón, harta tripa, y dijo: ‘Me siento identificado, me encantó la historia’. Y la hizo suya”.

Socías considera que la incorporación de nuevos colaboradores fue determinante para que el proyecto pudiera concretarse.

“Esto demuestra que la gente que se nos fue sumando en el camino fue al final la que hizo posible este proyecto. Si hubiese sido solamente por nosotros dos, quedaba en carpeta”.

Extracto de El Tamaghochi Escarlata. Animado por Matatatat.

La infancia honrada en las historias

—¿Cómo se conecta El Tamagochi Escarlata con otros proyectos que has realizado?

—Se relaciona en dos cosas. El stand up es contar historias que remiten a la infancia, a la adolescencia y a las personas que conocemos; además de contar y escribir anécdotas.

Es una forma de trabajar que tiene el stand up y que atraviesa todo lo que hago, porque honestamente no sé trabajar de otra forma. Un montón de cosas del corto me sucedieron o le pasaron a alguien cercano, y yo tomé esa situación, ese chiste o esa cuestión y la metí en el corto.

Entonces, es muy cercano a cómo hago stand up o a cómo he escrito otras cosas, como Tiempos Mozos.

—¿Hay algo de Iñaki y Cecilio en la vida de Ignacio Socías?

—Claro. No podría decir que me pasaron exactamente las cosas, pero siempre son biográficas y uno se da ciertas licencias.

También hay otro lado, el humano, porque los equipos se repiten. Vengo trabajando con la misma gente hace muchos años. Con Lucas Engel, de Pista B, trabajamos juntos en Tiempos Mozos y Frente Fracasados.

En Dantesco llevamos cinco años haciendo contenido. Entonces, se relaciona tanto por lo biográfico como por la comedia, que es lo que cruza todo lo que hago, y por el grupo humano con el que venimos trabajando hace mucho tiempo.

—¿Qué significa para ti la infancia?

—Es el período que más me ha definido en mi vida. Me encanta pensar en ella, aunque a veces me da pena y a veces me da alegría.

Siento que hay una época en que la vida no tiene las reglas que tiene más adelante. Y cada vez que miro hacia atrás me parece sobrecogedor pensar en un momento donde todo fue un poquito más libre, menos socializado y más conectado con el instinto.

En lo personal, es una época que me genera mucho cariño y mucha risa, a pesar de que también a veces es muy duro pensar en ella. A veces pienso que todo lo que hago se basa en los mismos ocho años a los que siempre vuelvo.

Por ejemplo, mi primer show de stand up, ya más formal, trataba sobre mi papá. Iñaki y Cecilio trata sobre el colegio. En Tiempos Mozos, aunque somos más grandes, siempre hay referencias a eventos pasados. Frente Fracasados se basó en la habilidad que desarrollé para escuchar a mi familia de derecha toda la vida, a quienes amo y con quienes siempre estoy. Siento que estoy íntimamente conectado con esa parte.

La influencia de 31 Minutos y la tortuga

—Hay algo de la personalidad de personajes de 31 Minutos en Iñaki. ¿Qué influencia tuvo el programa en el resultado final?

—La verdad es que 31 Minutos es, yo creo, la referencia de que los monos para niños pueden ser entretenidos. Creo que en 31 Minutos pasa algo muy cuático: te deja enseñanzas sobre lo que hay y no hay que hacer, pero al mismo tiempo es un producto que pueden ver los adultos.

Ese tono, el equipo de Aplaplac lo hace ver tan fácil y es sumamente difícil de lograr. Creo que tiene mucho de eso: haber crecido viendo 31 Minutos, con un tipo de humor y referencias que uno incorpora aunque no esté pensando en ellas. Es parte del imaginario.

Creo que cualquier chileno que trabaja en esto está cruzado por 31 Minutos. Hay una escuela de hacer monitos, programas infantiles y títeres que es muy chilena, y eso me encanta.

—¿Qué relación tienen las tortugas contigo?

—Es como mi pequeña obsesión. Meto tortugas en todo lo que puedo.

Tuve una mascota cuando chico que me marcó profundamente. Es la mascota que también tuve en la época en que se sitúa Iñaki y Cecilio. Antes en Chile no sé si había mucha conciencia sobre los animales y te vendían una tortuga en la feria.

Un día mi mamá llevó una tortuga y probablemente fue una de las mascotas que más quise y la que menos supe cuidar. Porque un niño de siete años nunca va a saber cómo cuidar una tortuga mejor que la naturaleza o que un experto en animales exóticos. Esa sensación de “quiero mucho a la tortuga” y no saber cuidarla, me ha seguido toda la vida.

Así que cada cosa que hago es una forma de pedirle perdón a esa tortuga. Por eso la meto en todo lo que puedo. No es tan luminosa la historia, pero es una pequeña procesión personal.

Tortuga de Dantesco y Cecilio

Recepción del público y recorrido internacional

—¿Esperabas el recibimiento que ha tenido el cortometraje?

—Ha sido súper bueno. Vendimos más de mil tickets en un fin de semana y para nosotros fue algo muy importante. Nunca había tenido esa experiencia con una película en una sala de cine.

Todavía quedan funciones y otras oportunidades de exhibición que nos parecen interesantes.

—¿Cómo ha sido su recorrido por festivales internacionales?

—Está el camino hacia los Oscar, que no ha avanzado mucho todavía, pero sí El Tamagochi ha tenido muy buena recepción afuera, lo que nos deja en un buen pie.

Nos dieron un premio en Croacia y ha tenido buena recepción en México. También hay perspectivas interesantes en España. Además, ha tenido un camino festivalero muy entretenido y muy bueno para el tipo de corto que es, porque es un corto muy chileno. Genera identificación. Si vas a Letterboxd, hay gente que conecta con el corto, y eso también es interesante. En ese sentido, el camino se ve mucho más prometedor de lo que nunca hubiésemos pensado por el recorrido que hemos tenido en los festivales internacionales.

Función Monitos a Mano en Cinépolis Vivo Imperio – Cedida

 

Próximas funciones confirmadas con entradas ya a la venta en Cinépolis:

  • Paseo Costanera Puerto Montt, 7 de noviembre
  • Arauco Chillán, 12 de noviembre
  • Patio Outlet Temuco, 5 de diciembre

Durante los próximos días se anunciarán una nueva serie de funciones en Santiago y otras regiones.

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