CULTURA
Crédito: EFE
Muere el transgresor cineasta italiano Tinto Brass, director de “Calígula”, a los 93 años
El realizador enseguida expresó su interés por reflejar el mundo del sexo -la censura mutiló 29 de sus 30 películas- con la intención de exhibir al “hombre de verdad” desde sus pulsiones más íntimas, también a los más poderosos.
El cineasta italiano Tinto Brass falleció este miércoles a los 93 años en Roma, reconocido internacionalmente como el gran maestro del cine erótico italiano y una de las figuras más transgresoras y polémicas del audiovisual europeo.
El fallecimiento del realizador fue confirmado por sus familiares a través de un comunicado remitido a los medios locales, en el que precisaron que la intención es celebrar los funerales de forma íntima.
Reconocido a nivel mundial por una filmografía de marcado carácter libertario, hedonista y abiertamente provocador, Brass desafió durante décadas los límites de la censura oficial, convirtiendo gran parte de sus producciones en sonados debates sociales y culturales.
El director de la polémica “Calígula” nació el 26 de marzo de 1933 en Milán (norte) como Giovanni Brass, y adoptó de niño el seudónimo con el que pasaría a la posteridad en alusión al pintor Tintoretto.
Dio sus primeros pasos profesionales en los círculos de la Cinémathèque de París, en pleno hervor de la ‘Nouvelle Vague’, y llegó a asistir al maestro del neorrealismo Roberto Rossellini en cintas históricas como “Il generale Della Rovere” (1959).
Con el tiempo, Brass consagró su carrera a una cinematografía de marcado carácter libertario, hedonista y provocador, desafiando durante décadas los límites de la censura oficial y convirtiendo casi la totalidad de sus producciones en sonados debates sociales y judiciales.
El ejemplo más evidente es su obra más recordada, ‘Calígula’ (1979), con la que sacudió su época por sus orgías y que incluso fue denunciada por necrofilia.
Perfil
Brass solía presentarse como el cineasta “más censurado de todos los tiempos”. Sus películas eróticas y sexuales siempre sufrieron las mutilaciones de los jueces de la moral mientras pellizcaban a la sociedad de los 70, como su película más recordada y turbulenta, “Calígula”.
El director residió sus últimos años de vida junto a su última esposa, Caterina Varzi, en una casa comprada hace medio siglo en la campiña romana para tener más espacio para la que siempre fue auténtica pasión: el montaje cinematográfico.
Nacido en Milán en 1933, en plena era fascista, Giovanni Brass, su verdadero nombre, se consideraba natural de la isla veneciana de la Giudecca y desde niño se interesó por el arte. De hecho su abuelo le apodó “Tinto” en honor a Tintoretto, por su habilidad en el dibujo.
París y Rossellini
El cine entró por sus ojos de niño, no con clásicos, sino con el cartel de “San Giovanni decollato” (1940) del cómico Totò.
La idea de dedicarse al Séptimo Arte empezó así a rondarle por la cabeza hasta que se lanzó a escribir un guión de una poesía de Prevert y presentarlo en la Cinémathèque de París, lo que le hizo llegar a una capital sacudida por la “Nouvelle Vaugue”, donde entró en contacto con François Truffaut y Jean-Luc Godard.
Su carrera arrancó trabajando como montador en la Cinémathèque -su primer encargo fue un documental de Joris Ivens sobre Chagall- hasta que un día la directora le avisó de que alguien le esperaba en la recepción para conocerle. Era Roberto Rossellini.
Tinto colaboró con el maestro del Neorrealismo montado su cinta sobre La India y ayudándolo en la dirección de “Il generale Della Rovere” (1959) hasta que, con este bagaje, se lanzó a rodar su primera película: “Chi lavora è perduto” (1963).
En su debut vio los dientes a una bestia que lo seguiría siempre, la censura, que obligó a cambiar el título a esta trama de jóvenes anarquistas -de título clarividente, “Quien trabaja está perdido”- por el menos subversivo “In capo al mondo” (En la cima del mundo).
Tinto y el sexo
El realizador enseguida expresó su interés por reflejar el mundo del sexo -la censura mutiló 29 de sus 30 películas- con la intención de exhibir al “hombre de verdad” desde sus pulsiones más íntimas, también a los más poderosos.
El ejemplo más claro de este deseo de reflejar a los gobernantes desde su alcoba lo pergeñó en una trilogía sobre el sexo y el poder que nunca completó: hizo “Salon Kitty” (1975), sobre un lupanar para jerarcas nazis, y también “Calígula” (1979), pero nunca llegó a rodar el cierre, una historia sobre los Borgia.
El tormento “Calígula”
Pero fue su visión del sádico emperador romano la que le encumbró por sus orgías, desnudos integrales y todo tipo de escándalos, que granjearon hasta una denuncia por una supuesta escena necrófila, mientras que el rodaje estuvo repleto de problemas y polémicas.
Las desavenencias surgieron entre las tres personas más decisivas de la obra: él, el guionista Gore Vidal y el productor Bob Guccione, fundador de “Penthouse” y partidario de realizar una cinta porno.
“Calígula” reunió a algunos de los jóvenes talentos del momento, como Malcolm McDowell, Peter O’Toole y Helen Mirren, y también debía contar con Maria Schneider, ya famosa por “El último tango en París”, pero fue despedida por desacuerdos con el vestuario.
Brass contaba que durante el rodaje la tensión fue tal que sufrió una intoxicación de nicotina. Desde entonces dejó los cigarrillos y se pasó al puro, un vicio que nunca abandonó.
Sin embargo, el cine continuó para Tinto y poco después llegaría una de sus películas más aclamadas y de mayor rédito económico, “La Chiave” (1983), la búsqueda de la identidad sexual en una pareja en pleno régimen fascista.
Aunque el cineasta siempre confesaba que su obra preferida había sido “L’Urlo” (1968), la historia de una novia a la fuga que escapa de su familia burguesa para sumirse en una vorágine libertina.
Su fe por esta película fue tal que rechazó la oferta de dirigir “La naranja mecánica” (1971), que acabó en las manos de Stanley Kubrick. Aunque nunca se arrepintió.
Tinto tuvo dos hijos con la guionista Carla Cipriani, Beatrice y Bonifacio, y deja un largo legado de cine erótico y de batalla política con el antiguo Partido Radical, para el que hizo campaña por la libertad sexual con el célebre lema “Mejor un culo que una cara de culo”, muestra de su inagotable sentido del humor.
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