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Paz López en Puerto de Ideas sobre la ternura como pregunta política ante a la hostilidad del mundo CULTURA Puerto de Ideas

Paz López en Puerto de Ideas sobre la ternura como pregunta política ante a la hostilidad del mundo

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En un diálogo con la escritora Ariel Richards en Valparaíso, la ensayista y académica presentó su libro “Pánico y ternura”, donde desmitifica la idea ingenua del afecto y propone imaginar el vínculo con los demás más allá del odio y las retóricas del bienestar.


En el marco de Puerto de Ideas, la ensayista, Paz López, se reunió con la escritora Ariel Richards para conversar sobre su más reciente publicación, Pánico y ternura. Lejos de concebir la ternura como una cualidad ingenua o edulcorada, la autora planteó una reflexión profunda sobre los afectos, la violencia constitutiva de la vida en común y la urgencia de construir nuevas formas de representación sobre los otros.

Richards destacó durante el diálogo que Pánico y ternura apuesta por un lenguaje amable y despojado de hermetismos, alejándose de la opacidad que caracterizó a cierta tradición de la teoría y filosofía del arte en Chile.

Frente a esto, López mencionó la influencia cardinal de la escritora italiana Natalia Ginzburg.

El encuentro comenzó con la lectura compartida de fragmentos del poema El don de la ternura de Raymond Carver, marcando el tono de una conversación centrada en cómo sostener el vínculo humano en un contexto contemporáneo atravesado por la dureza y el conflicto.

Al abordar por qué es necesario hablar de la ternura en la actualidad, López fue tajante al desmarcarse de cualquier sentimentalismo superficial.

“El odio no es una anomalía. Un vínculo con los otros inmediatamente nos enfrenta a una hostilidad de base: el otro interrumpe nuestro deseo, dependemos de ese otro, no sabemos lo que quiere de nosotros. La ternura no desconoce ese odio constitutivo, sino que justamente imagina formas de representación sobre los otros que no estén solamente atravesadas por el odio y la hostilidad. Por eso me interesa que aparezca no como una cosa dulzona o pequeñita, sino como un saber total de nuestra condición de animales hostiles. Esa es la pregunta política por excelencia”, expresó.

Explicó que su planteamiento parte precisamente del reconocimiento de pasiones hostiles como el odio, al que no considera una anomalía de la sociedad actual, sino un elemento constitutivo de la condición humana desde que existe la vida en común.

“Vivir es un oficio difícil. Queremos quitarnos rápidamente de encima esto que nos incomoda, como si el sufrimiento hubiera perdido su sentido, cuando cualquier vínculo real, el amor o el cuidado, implican tramitaciones con cuestiones que nos desagradan o nos generan malestar”, dijo.

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