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Alzheimer: los cambios en el cerebro pueden comenzar años antes de los primeros olvidos CULTURA Créditos: Archivo

Alzheimer: los cambios en el cerebro pueden comenzar años antes de los primeros olvidos

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El Dr. Álvaro Ardiles, académico de la Universidad de Valparaíso e investigador del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV), explica cómo se alteran las conexiones entre neuronas antes de que aparezcan los síntomas.


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Olvidar dónde quedaron las llaves o el control remoto del televisor puede ser un descuido habitual. Perderse en un trayecto conocido o dejar de saber cómo realizar una tarea cotidiana es distinto y se convierte en una alerta. Aunque los problemas de memoria suelen ser una de las primeras señales visibles del Alzheimer, los cambios en el cerebro pueden comenzar mucho antes.

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora este 10 de octubre de 2026 en Chile y el mundo, el cuidado de la salud cerebral cobra especial relevancia. Reconocer los cambios de memoria que interfieren en la vida cotidiana, atender la depresión y fortalecer los vínculos sociales son aspectos que conectan el bienestar emocional con el abordaje de las demencias.

“Las estructuras de nuestro cerebro que nos permiten realizar todas nuestras actividades se van desconectando paulatinamente desde un par de décadas antes del inicio de los síntomas clínicos”, explica el Dr. Álvaro O. Ardiles Araya, profesor titular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso e investigador principal (PI) del proyecto Instituto Milenio CINV.

El investigador se refiere a las conexiones neuronales, que permiten transmitir la información necesaria para recordar, pensar y actuar. Según explica, antes de que una persona o su entorno advierta un problema de memoria recurrente, ya pueden estar ocurriendo cambios microscópicos en esas conexiones. La investigación sobre el Alzheimer indica que algunos cambios cerebrales comienzan una década o más antes de que se presenten síntomas. Durante ese tiempo, se van acumulando proteínas defectuosas que dañan la comunicación entre las neuronas.

¿Cuándo un olvido merece atención?

Ardiles advierte que el Alzheimer no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Con la edad pueden aparecer olvidos ocasionales, como no recordar de inmediato dónde se dejó un objeto y encontrarlo más tarde. Una señal de mayor preocupación es que las dificultades sean persistentes y empiecen a interferir con la vida diaria.

“Ya no solo me olvido de dónde dejé las cosas, sino también de cómo llegar a la casa o de cómo usar un lápiz”, ejemplifica. A medida que la enfermedad progresa, puede afectar otras capacidades y reducir la autonomía. Ante cambios de ese tipo, corresponde consultar a un profesional de salud para evaluar sus causas: un problema de memoria no equivale por sí solo a un diagnóstico de Alzheimer.

Cuidar la salud cerebral durante toda la vida

El riesgo de desarrollar demencia está asociado con factores que aparecen en distintas etapas de la vida. Ardiles menciona, entre otros, la hipertensión, la obesidad y el colesterol LDL elevado, la diabetes, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física, y la depresión,. A ellos se suman el bajo nivel de escolaridad en etapas tempranas, y la pérdida de audición o visión y el aislamiento social en etapas más avanzadas de la vida.

El consumo excesivo de alcohol es uno de esos factores modificables. Para comprender cómo puede afectar la salud cerebral, el Dr. Juan Carlos Sáez, director del Instituto Milenio CINV, explica que su abuso puede activar respuestas inflamatorias en el cerebro, en las que participan células encargadas de proteger y mantener el sistema nervioso.

“Es una inflamación que muchas veces pasa inadvertida. El daño puede no percibirse inmediatamente debido a la capacidad de compensación del cerebro, pero la repetición de estos episodios a lo largo de la vida puede producir pérdidas funcionales importantes”, advierte Sáez.

Por ello, se recomienda mantener la actividad física, aprender cosas nuevas, cuidar el sueño, fortalecer los vínculos sociales y controlar los factores de riesgo cardiovascular. Estas acciones pueden contribuir a reducir el riesgo, aunque no garantizan que una persona no desarrolle la enfermedad. Mantener el cerebro activo puede incluir aprender un idioma, tocar un instrumento, leer o resolver nuevos desafíos. Una alimentación saludable, con menos productos ultraprocesados, también forma parte del cuidado de la salud cerebral.

La magnitud del desafío en Chile es considerable. Un estudio publicado en The Lancet Global Health estimó que el 61,8 % de los casos de demencia, siendo la enfermedad de Alzheimer la más prevalente, son atribuibles, a estos doce factores de riesgo potencialmente modificables.  Es una estimación de la población; no significa que cada persona pueda reducir su riesgo en ese porcentaje. Además, no es un factor en específico, sino más bien considerar manejar la combinación de ellos y realizar pequeños cambios que permitan preservar la salud cerebral a largo plazo.

Una de las señales características del Alzheimer es la acumulación de placas de beta-amiloide en el cerebro. Esta proteína es uno de los focos de las nuevas pruebas diagnósticas y de tratamientos

Avances para detectar y tratar antes

Entre los avances recientes, Ardiles destaca los biomarcadores, que permiten detectar señales biológicas asociadas a la enfermedad de Alzheimer. En mayo de 2025, la agencia reguladora estadounidense, la FDA, autorizó la comercialización de un examen de sangre como apoyo al diagnóstico en personas de 55 años o más que ya presentan signos o síntomas. Por ejemplo, dificultades de memoria o de pensamiento que motivan una evaluación médica. La prueba se usa como apoyo diagnóstico en personas con síntomas de deterioro cognitivo; no sirve por sí sola para confirmar la enfermedad.  El examen no está planteado como una prueba general para personas sin síntomas.

También existen tratamientos dirigidos a la proteína amiloide, como lecanemab y donanemab, que pueden ralentizar el deterioro en determinados pacientes con Alzheimer en etapas tempranas. Ardiles subraya que su efecto puede variar y que el costo y las características de cada paciente condicionan su uso. Estos tratamientos no revierten la enfermedad y requieren evaluación y seguimiento médico.

Para el investigador, dos ideas equivocadas dificultan una respuesta oportuna: pensar que el Alzheimer afecta únicamente a las personas mayores y creer que no existe ninguna opción de intervención. Reconocer los cambios que interfieren en la vida cotidiana, buscar una evaluación y cuidar los factores de riesgo a lo largo de la vida son pasos que hoy cuentan con respaldo científico.

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