CULTURA|CIENCIA
Ayudante chileno del Premio Nobel de Física 2026: “Es una persona muy cercana”
La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió al físico belga Francis Halze por su aporte al Observatorio IceCube, una instalación construida en un kilómetro cúbico de hielo antártico, cuyo diseño permitió capturar “partículas invisibles” procedentes de los confines más lejanos del universo.
Cada segundo, miles de millones de neutrinos procedentes del Sol atraviesan nuestro cuerpo. No sentimos nada. Son partículas elementales de masa casi nula, capaces de cruzar personas, planetas y galaxias enteras prácticamente sin interactuar con la materia. Hasta 2013, los neutrinos de alta energía, que no nacen en el Sol o en nuestro vecindario, sino que son lanzados por los eventos más extremos y lejanos del universo —como agujeros negros supermasivos devorando estrellas, explosiones de supernovas o la colisión entre objetos compactos—, eran imposibles de rastrear. Lograr la hazaña de “atrapar” a estos “fantasmas del cosmos” fue lo que le valió este martes el Premio Nobel de Física 2026 a Francis Halzen, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison.
Debido a que rara vez interactúan con la materia, detectar este tipo de neutrinos requiere un volumen de observación gigantesco. Pero cuando uno de ellos choca fortuitamente con el núcleo de un átomo, la energía liberada puede ser captada por sensores ultrasensibles. Halzen comprendió que ningún laboratorio subterráneo tradicional sería lo suficientemente grande y, en 1988, propuso utilizar el hielo glaciar del Polo Sur, oscuro, puro y sumamente estable, como el medio natural para revelar estas colisiones.
Esta visión se materializó en IceCube, un observatorio de un kilómetro cúbico de hielo completado en 2011, bajo la capa de hielo de la Antártida. Apenas dos años después de entrar en operaciones, el experimento hizo historia al registrar los primeros neutrinos de alta energía, partículas que se confirmó que eran “de origen astrofísico”.
“Francis Halzen ha liderado a un equipo internacional de investigadores e ingenieros que nos ha proporcionado un instrumento fantástico. Su tenacidad y su visión científica han allanado el camino hacia un nuevo tipo de astronomía”, destacó Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física.
Un nuevo mensajero cósmico
Los neutrinos son una partícula fundamental de la naturaleza que se caracteriza por “ser neutros, tener muy poca masa e interactuar muy débilmente con el resto de la materia. Esto último los vuelve muy difíciles de detectar, explica, Mario Riquelme, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
“Estas partículas han dado lugar a varios premios Nobel por la relevancia que han ido adquiriendo y por sus características únicas que los han convertido en un nuevo “mensajero cósmico”, dice el académico. ¿La razón? “Hasta ahora, la astronomía se apoyaba principalmente en la luz (fotones) para obtener información del universo. Con el Observatorio de Neutrinos IceCube y sus hallazgos “se inaugura un área de la astrofísica de altas energías, que nos permite usar los neutrinos como mensajeros astronómicos, pues a través de ellos podemos conocer fenómenos muy extremos en la naturaleza, por ejemplo, acreción en agujeros negros o explosiones de supernovas, entregándonos información detallada de los mecanismos físicos que los fotones por sí solos no nos entregan”, explica el académico DFI-UChile.
A diferencia de las partículas cargadas (electrones o protones) que desvían su trayectoria al cruzarse con campos magnéticos en el espacio, los neutrinos “no se deflectan, entonces viajan derechito como si fueran fotones. Además, casi no son absorbidos por el medio donde viajan, conservando la información exacta sobre el lugar donde nacieron”, detalla Mario Riquelme. Esto permite a los científicos trazar su camino hacia atrás y descubrir exactamente de qué rincón del universo provienen.
“Es un avance súper relevante que muestra lo visionario que fue Francis Halzen, y cómo haciéndose preguntas y tomándolas en serio se pueden lograr (…) avances súper importantes para la ciencia”, dice el doctor Riquelme.
Ayudante chileno
El astrónomo de la Universidad de Chile, Francisco Ley, actual colaborador del académico Mario Riquelme en el Departamento de Física (DFI), cuenta que coincidió con Francis Halzen en 2019 mientras cursaba su doctorado en la Universidad de Wisconsin-Madison. Pese a que el físico belga ya era una eminencia mundial por su dirección en el proyecto IceCube, mantenía intacta su vocación impartiendo el ramo de pregrado “Física en las Artes”, donde el investigador nacional trabajó directamente como su ayudante.
“Era una persona muy cercana y siempre dispuesta a juntarse; muy interesado en que los alumnos aprendieran y con clases bastante abiertas a todas las preguntas, recuerda Ley, destacando además la sencillez del flamante Premio Nobel quien, en marzo de este año, tras ser contactado por él, accedió a dictar un seminario sobre sus últimos avances con neutrinos para un grupo de astrofísica en Chile. “Se acordaba de mí perfectamente, porque fue la última ayudantía presencial que se hizo antes de la pandemia”, rememora el astrónomo chileno. “Así que fue súper grato enterarme que él es el nuevo y único ganador del Premio Nobel de este año”, concluye.
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