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La especie que desapareció: estudio advierte sobre impacto de las sequías extremas en fauna chilena CULTURA|CIENCIA Crédito: Rodrigo Vásquez

La especie que desapareció: estudio advierte sobre impacto de las sequías extremas en fauna chilena

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Una investigación publicada en la revista Ecology -Ecological Society of America- analizó 12 años de registros de una población de degús en Chile central revelando que estos roedores endémicos lograron resistir casi una década de megasequía, pero desaparecieron localmente después de sequía extrema.


Durante casi una década, una población de degús común (Octodon degus) que habitaba en Rinconada en Maipo, en la Región Metropolitana, consiguió sobrevivir a la prolongada megasequía que afectó a Chile central. A pesar de la disminución de las precipitaciones y de la productividad vegetal, estos pequeños roedores mantuvieron un crecimiento poblacional positivo durante gran parte del periodo estudiado.

Sin embargo, en el año 2019 ocurrió algo que cambió abruptamente su destino. Ese año, las precipitaciones fueron extremadamente escasas y la producción de vegetación cayó a niveles críticos. La falta de alimento afectó la supervivencia de los animales y la incorporación de nuevos individuos a la población.

En el año 2020, los investigadores dejaron de registrar degús en el sitio de estudio, pese a los esfuerzos de captura realizados, y la ausencia de registros continuó durante los muestreos adicionales efectuados en 2021.

Extinción

Así lo documenta el estudio “Los efectos de una sequía extrema provocaron la extinción local de un roedor social”, que analizó datos recopilados entre 2009 y 2020 mediante técnicas de captura, marcaje y recaptura. La investigación permitió identificar que la población no experimentó una disminución gradual durante toda la megasequía. Por el contrario, logró mantenerse durante años bajo condiciones ambientales adversas, hasta que la sequía extrema de 2019 provocó una reducción crítica de los recursos disponibles.

“Lo que ocurrió en 2019 fue que prácticamente no hubo lluvia durante todo el año. Normalmente, incluso durante la sequía, había algo de precipitación en invierno que permitía crecer a las plantas y proporcionaba alimento a los degús. Pero ese año las plantas no crecieron y prácticamente no había comida”, explica Annemarie Van der Marel, bióloga e investigadora posdoctoral del IEB.

El hallazgo revela que la capacidad de una población para resistir durante años condiciones ambientales desfavorables no garantiza necesariamente su supervivencia frente a un evento climático de intensidad excepcional.

Crédito: Nick Johnson

El trabajo fue posible gracias a 15 años de registros obtenidos en la Estación Experimental Germán Greve Silva, en Rinconada de Maipú. Originalmente, estos datos fueron parte de una investigación sobre la organización social del degú -especie que además cuida comunalmente a sus crías-, desarrollada por el equipo de Luis Ebensperger de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Loren Hayes de la Universidad de Tennessee en Chattanooga.

Posteriormente, la colaboración con Annemarie van der Marel del IEB e investigadores de la Universidad Mayor, Universidad de Florida y NOAA -National Oceanic and Atmospheric Administration- permitió analizar los cambios poblacionales asociados a la megasequía, destacando el valor de los estudios ecológicos de largo plazo para comprender fenómenos extremos. El financiamiento para este esfuerzo de largo plazo se logró a partir de una adjudicación continua de distintos proyectos FONDECYT y NSF, además de un FONDAP.

Aunque el degú común está clasificado como una especie de preocupación menor por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), aún se desconoce el estado de muchas de sus poblaciones en Chile. Para van der Marel, uno de los principales desafíos es comprender por qué algunas logran sobrevivir a condiciones climáticas extremas mientras otras desaparecen. Factores como la vegetación, la disponibilidad de alimento y la organización social podrían influir en estas diferencias.

Annemarie van der Marel, investigadora postdoctoral del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, en el sitio de estudio de campo Fundo El Roble.

La falta de alimento como un factor decisivo

El degú común es un roedor endémico de Chile que habita principalmente ambientes semiáridos. Son animales diurnos y sociales, que viven en grupos y utilizan madrigueras subterráneas como refugio. Durante el día salen a buscar alimento y regresan a sus madrigueras para descansar y protegerse. Su dieta depende principalmente de la vegetación disponible, especialmente de hierbas anuales verdes que crecen durante los meses más húmedos del año.

Uno de los principales resultados de la investigación fue identificar que la productividad primaria bruta -un indicador de la cantidad de materia vegetal producida mediante la fotosíntesis- fue el factor ambiental que mejor explicó las variaciones en las tasas de supervivencia y reclutamiento de esta especie. Esto quiere decir que cuando disminuye la vegetación, también se reduce la disponibilidad de alimento, lo que puede afectar tanto la supervivencia de los adultos como la incorporación de nuevos individuos por el nacimiento o inmigracion a la población.

Esa relación es importante debido a las características reproductivas de la especie. “Lo más importante es que haya comida durante el invierno, porque ahí es cuando comienza la reproducción. Las hembras tienen una gestación de casi tres meses, que es mucho tiempo para un roedor. Después, cuando nacen las crías, necesitan suficiente alimento para producir leche”, señala van der Marel.

Los degús se reproducen principalmente durante el invierno austral y sus crías nacen entre finales de agosto y comienzos de septiembre, coincidiendo con el periodo de mayor disponibilidad de recursos vegetales. Además, se trata de una especie de vida relativamente corta, pues la mayoría de los adultos no sobrevive hasta su segundo año. Esto significa que la renovación constante de individuos es fundamental para mantener sus poblaciones.

¿Por qué algunas poblaciones sobrevivieron y otras desaparecieron?

Aunque el estudio documentó la desaparición local de los degús en Rinconada de Maipú, esto no significa que la especie se haya extinguido en Chile ni que todas sus poblaciones hayan respondido de la misma manera a la megasequía. De hecho, una de las preguntas que surgió posteriormente fue por qué otros grupos de degús consiguieron sobrevivir en sectores relativamente cercanos. Tras la desaparición de la población estudiada, los investigadores comenzaron a buscar nuevos lugares donde continuar sus observaciones. Así identificaron otra población a menos de diez kilómetros del sitio original.

Para Annemarie van der Marel, esta situación plantea una interrogante sobre el papel que pueden desempeñar las características particulares del hábitat.

“Encontramos una nueva población a menos de diez kilómetros de donde ocurrió la extinción, entonces por qué una población tan cercana sobrevivió y otra desapareció. Todo indica que las características del ecosistema local pudieron influir”, comenta. Una de las diferencias observadas fue la presencia de árboles y arbustos en el nuevo sitio, mientras que el lugar donde ocurrió la extinción presentaba una cobertura arbustiva reducida, cercana al 14 %. Esta vegetación podría proporcionar fuentes alternativas de alimento durante los periodos de escasez, además de ofrecer sombra y protección frente a los depredadores.

Los degús poseen distintas estrategias para enfrentar condiciones ambientales adversas. Durante el verano, cuando disminuye la disponibilidad de hierbas verdes, pueden ampliar sus áreas de actividad y consumir otros recursos vegetales, como hojas, semillas y partes de arbustos. También modifican sus horarios de alimentación para evitar las temperaturas más elevadas del día y refugiarse en sus madrigueras. Además, tienen adaptaciones fisiológicas que les permiten ahorrar energía cuando hace calor: mecanismos de conservación de agua y energía, y la posibilidad de reciclar nutrientes mediante la coprofagia (es decir, la reingestión de heces). Sin embargo, estas adaptaciones pueden resultar insuficientes cuando la disponibilidad de recursos cae a niveles extremos.

Cuando resistir ya no es suficiente

La investigación evidenció que resistir condiciones ambientales adversas no garantiza la capacidad de recuperación de una población. Aunque los degús soportaron gran parte de la megasequía, la drástica disminución de la vegetación en 2019 provocó una caída de su supervivencia y reclutamiento, seguida de un colapso poblacional.

Este fenómeno se asocia a un punto de inflexión ecológico, en el que las condiciones ambientales superan un umbral crítico y desencadenan cambios abruptos. El estudio destaca que las sequías prolongadas pueden aumentar la vulnerabilidad de las especies, mientras que los eventos extremos pueden precipitar su desaparición local, un riesgo especialmente relevante ante el cambio climático.

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