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De la decadencia al asombro: Día del Patrimonio como motor de un cambio de mirada de Santiago Centro CULTURA|OPINIÓN Crédito: Ministerio de las Culturas

De la decadencia al asombro: Día del Patrimonio como motor de un cambio de mirada de Santiago Centro

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Verónica Pardo Lagos
Por : Verónica Pardo Lagos Exsubsecretaria de Turismo.
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La inversión pública estratégica y la audacia privada pueden rescatar el corazón de nuestra capital. Santiago Centro no está muriendo, está resurgiendo; y ha sido fruto del trabajo de muchos: el Día de los Patrimonios lo demuestra nuevamente.


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Durante los últimos años, el diagnóstico sobre el casco histórico de Santiago ha oscilado peligrosamente entre la nostalgia irremediable y la crónica roja. Oscilación que comprometió profundamente mi gestión, ya que es el casco histórico el lugar donde más turistas llegaban al país, su puerta de entrada.

Se instaló un relato de abandono, alimentado por la vacancia de oficinas, el comercio ambulante desregulado y una fuerte percepción de inseguridad. Sin embargo, quienes caminamos por la ciudad en estos últimos dos años, hemos visto que, bajo la superficie, ya está apareciendo el cambio.

Experiencias como el familiar París Parade, la energía abrumadora de la Maratón de Santiago, las mareas humanas del Día de los Patrimonios y el éxito rotundo del Mercado París Londres no son hitos aislados. Son la manifestación física de un ecosistema donde la experiencia urbana que invita a ser turista en la propia ciudad ha cambiado la perspectiva de nuestro centro, pavimentando el camino para una inversión pública y privada destinada a un objetivo ambicioso pero urgente: repoblar un Santiago maravilloso.

Los nuevos anteojos con que miramos: Los de Santiago Adicto

Para recuperar un territorio, primero hay que conocerlo, para ahí poder quererlo y cuidarlo.  No se puede Cuidar lo que no se quiere, no se puede querer lo que no se conoce.  En esta batalla cultural el rol de Santiago Adicto ha sido fundamental, logrando traspasar la barrera del “simple” prejuicio.

Rodrigo Guendelman logra algo maravilloso: que los santiaguinos se atrevan a ser turistas de su ciudad. Al visibilizar la belleza arquitectónica, los nuevos cafés de especialidad, palacios restaurados y al contar historias de los barrios históricos, nos presta sus lentes para mirar Santiago, y comenzar a portar el CQC del turismo, conocer, para querer y cuidar.

Este “turismo doméstico” finalmente es la “pantalla mágica” contra el prejuicio. Cuando el ciudadano común decide volver al centro un sábado por la tarde, motivado por una ruta patrimonial, un parque centenario, un café instalado en un palacio, un mercado urbano, o un dato gastronómico, rompe la barrera psicológica del miedo y se abren nuevos espacios de desarrollo.

Convicción política e inversión pública: el rol del Gobierno de Santiago

Este cambio en la narrativa ciudadana ha estado, sin ninguna duda, invitado también por el correlato institucional indispensable: Santiago, una ciudad para las personas. El Gobierno Regional de Santiago apostó por una recuperación del centro que pasara de la reacción policial a la acción urbana.

Programas masivos de inversión pública y de generación de un nuevo relato amable para Santiago —como la histórica limpieza y recuperación de fachadas del eje Alameda-Providencia, el financiamiento de luminarias peatonales de alto estándar y la revitalización de espacios públicos críticos— han devuelto la dignidad a la infraestructura del casco histórico.

Esta tesis, liderada por el gobernador, ha sido un imán para mitigar el riesgo, ya que la inversión pública ha generado su impacto. Al inyectar recursos en seguridad urbana y estética vial, el sector público le demuestra a los ciudadanos y a los desarrolladores que el territorio tiene futuro.

Hoy lo que sigue es avanzar desde la limpieza a las condiciones de habitabilidad, para que el centro vuelva a ser un lugar deseable para vivir, atrayendo a nuevos residentes que llenen de vida las calles los siete días de la semana.

Ojos en la calle y gobernanza local: Turistik y TUCHS

El impacto que los eventos masivos y el turismo tienen en la seguridad pública es una representación clara del concepto “ojos en la calle” de Jane Jacobs.  Si quieres seguridad en la calle, llénala con la ciudadanía, que viva y disfrute en ella, que tenga sus ojos y corazón puestos ahí.

La delincuencia, incivilidad y sensación de inseguridad avanzan en el vacío urbano. Cuando miles de personas ocupan las veredas con un propósito claro y un ambiente festivo, generan el clima positivo que nos hace salirnos del lente que solo mira las externalidades negativas.

Para que este impulso de “visita al centro” pase a ser permanente, la articulación privada y gremial se vuelve crítica. La operación diaria y sostenida de operadores como Turistik, con sus buses imponentes, rutas curadas, y llenos de turistas, genera predictibilidad y esparce “burbujas de confianza”, que van demostrando que el centro es amigable.

En paralelo, la convicción de romper con los estigmas de decadencia y de mostrar las experiencias buenas y seguras del centro, ha sido el rol de asociación gremial TUCHS. Al coordinar al comercio local, la hotelería y la gastronomía, ha logrado avanzar en una agilidad que al sector público a veces le cuesta articular: estandarizan la oferta, mejoran portales, coordinan seguridad privada y co-crean valor a través de mercados de diseño o circuitos gastronómicos imperdibles

La maravillosa apuesta de valor: del modelo MUT al repoblamiento

El síntoma más revelador de esta transición es el cambio de mirada del gran capital inmobiliario. El interés latente de desarrolladores de alto estándar —como los creadores del Mercado Urbano Tobalaba (MUT)— por expandir o replicar lógicas de mercados urbanos en Santiago Centro responde a un cambio en las variables económicas válidas por este nuevo ecosistema.

El capital inmobiliario no le teme al desorden transitorio; le teme a las calles vacías y a los proyectos que se quedaron en el pasado.

Cuando los comités de inversión observan el éxito del Mercado París Londres y ven el respaldo del Gobierno Regional en obras de infraestructura, constatan que hay personas buscando donde encontrar cultura, diseño y gastronomía en el centro.

Ante la alta oferta de espacios que antes eran oficinas, debido al trabajo híbrido, la infraestructura del centro se presenta ideal para proyectos de usos que combinen vivienda y experiencia que ya han probado ser exitosas. Santiago Centro posee el insumo más escaso y caro de replicar en la industria inmobiliaria: una identidad histórica real que se rodea de una naturaleza que a veces no queremos ver, nuestra Cordillera imponente que es el límite natural de nuestra alameda.

La maratón, las rutas de Santiago Adicto, la gestión del gobernador y el empuje de la alcaldía y gremios locales, operan, en la práctica, como los pilotos en tiempo real de la ciudad que viene. Lo que está pasando es la prueba de que la articulación convencida de lo que se quiere lograr se mueve desde el orgullo ciudadano.

La inversión pública estratégica y la audacia privada pueden rescatar el corazón de nuestra capital. Santiago Centro no está muriendo, está resurgiendo; y ha sido fruto del trabajo de muchos: el día de los patrimonios lo demuestra nuevamente.

Santiago está mutando para volver a ser ese espacio maravilloso, diverso y vibrante que todos merecemos habitar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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