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Julia Toro: cuando el rito imperfecto de lo cotidiano es todo un acontecimiento CULTURA|OPINIÓN Crédito: Julia Toro

Julia Toro: cuando el rito imperfecto de lo cotidiano es todo un acontecimiento

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Ricardo Rojas Behm
Por : Ricardo Rojas Behm Escritor y crítico, ha publicado “Análisis preliminar”, “Huevo de medusa”, “Color sanguíneo”, además de estar publicado en diversas antologías en Chile y el extranjero.
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Es el mismo hecho de acariciar esa aspereza la que le otorga a la obra de Julia Toro, un encuadre donde la urgencia por capturar el velado instante la hacen participe de ese maravilloso e imperfecto rito de lo cotidiano.


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“Saber leer un negativo o una copia lleva tiempo; por eso me gustan las fotos dramáticas que te cuentan una historia y éstas se quedan en la memoria. Creo en mi ángel fotográfico, en el inconsciente fotográfico y amo las cámaras mecánicas donde cabe la posibilidad de lo imprevisto”. Precisamente eso es lo que sigue impulsando a Julia Toro (Talca, 1933) a hacer del instante un espacio irrepetible, poniendo a disposición como señalara en su momento Francisco Brugnoli, en torno a la obra de esta artista:

“Su mundo asociativo solo lo recocemos en el silencio al que sus fotografías nos exponen, como algo guardado que nos hace preciso mirar y mirar, algo de un mundo en común pero dicho desde esa condición poética del decir siempre más. Es esa agudeza de mirada para, justamente, retener un silencio. Una paradoja: la luz nos permite ver, pero también nos lleva a mirar más profundamente, hasta indagar en los pliegues de esa sombra donde se nos niega”.

En una sociedad altamente deshumanizada donde se sobrevalora a los “tecno bros”, como una casta con habilidades técnicas superiores, y en donde el pragmatismo se lo lleva todo. El sólo hecho de pensar en fotografía análoga es un reto, porque quienes practican este oficio, parecen ser una especie en extinción. Pero el que Julia Toro con sus 93 años nunca se le agoten las reservas para tomar su cámara e ir tras esa imagen que nos demuestre todo lo contrario. En sintonía con aquello, es que está consiguiendo fondos para publicar un nuevo fotolibro llamado “Roots” (Raíces, Fluq ediciones-2026), entendido no como una retrospectiva, ni como una lectura definitiva de su imaginario.

Julia Toro es una artista que pone en relieve la intimidad de lo cotidiano, el rito imperfecto, el gesto mínimo de quien es parte de lo imprevisto, y comulga con la bruma. En esa indagatoria legitima del velado instante, que va más allá de la confluencia entre el lente y el objetivo, Julia Toro suele distanciarse de lo purista, convirtiendo la fotografía en una caja de sorpresas elaborada con los materiales más simples y que están inmersos en una realidad alterna que no siempre se visibiliza, y que deja al descubierto los surcos de una sociedad plasmada con la agudeza y la sensibilidad de quien a los 39 se enamoró a primera vista: “La cámara fotográfica me dejó atravesado el corazón para siempre”.  

A partir de ahí, Julia Toro crea un espacio espectral donde la pasión por lo subterráneo es la clave para formular una crónica intimista en la que conversan la bohemia, la memoria, (especialmente entre el 73’ y el 90’); delineando una ruta que incluye un erotismo cotidiano, casi doméstico donde el deseo prescinde de glamoroso. Lo subrayo, ya que su obra no está supeditada a la pose, ni a romantizar la imagen.

De ahí se explica que- exprofeso- se aleje de esa modulación estética, y opte por capturar la esencia de lo furtivo, expresando una espontaneidad que surca los bordes de paisajes imprevistos y no advertidos, pero que están a la espera que alguien como Julia los descubra, y devele su desprolijo encanto, el que viene acompañado de una síntesis de ocultos relatos, y vivencia en torno a los mal llamados outsiders: “Creo que en la precariedad la sensibilidad está más a flor de piel, porque no estás sentada en un sillón tranquila. Si hubiese estado con un chofer esperándome afuera, las fotos no habrían sido iguales. No habría llegado a los lugares en los que vivía”.

Si bien ella descubrió la fotografía en la intimidad del hogar. El paisaje nunca fue un obstáculo, ni mucho menos el rostro humano. Razón por la cual, fija con su lente la desnudez no sólo del cuerpo, sino de las innumerables realidades ocultas entre los pliegues citadinos. Un crudo periplo plagado de contrastes que socavan nuestro modo de ver esa ritualidad sin artilugios, producto de la nostalgia y del representar a quienes sobreviven sin escapatoria, pero que “igual se las arreglan”, para desde su anonimato sortear la infelicidad.

Finalmente, es el mismo hecho de acariciar esa aspereza la que le otorga a la obra de Julia Toro, un encuadre donde la urgencia por capturar el velado instante la hacen participe de ese maravilloso e imperfecto rito de lo cotidiano. Porque como ella concluye reflexionando en torno a su obra: “Son fotos tomadas desde el amor”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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