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Holobiontes: una mirada microscópica de la regeneración
La idea del holobionte nos recuerda que la salud de cualquier ser vivo depende, en última instancia, de la salud de la red de vida de la que forma parte. Cuidar las relaciones es cuidar la vida.
¿Y si la idea de que somos individuos separados fuera una ilusión biológica? ¿Qué pasaría si descubriéramos que ningún ser vivo es realmente un individuo, sino un ecosistema en movimiento formado por millones de organismos que viven en estrecha colaboración simbiótica?
La ciencia contemporánea comienza a ofrecer respuestas sorprendentes. La comprensión de los seres vivos como holobiontes revela que la vida no se sostiene sobre organismos aislados, sino sobre complejas comunidades microscópicas que cooperan, se retroalimentan y coevolucionan.
Durante siglos entendimos a los seres vivos como entidades autónomas y claramente delimitadas. Sin embargo, la biología moderna sugiere una realidad muy distinta: plantas, animales, hongos, corales y seres humanos viven en íntima asociación con millones de microorganismos que participan activamente en su desarrollo, nutrición y capacidad de adaptación.
Lejos de ser individuos aislados, son sistemas vivos formados por múltiples especies que coexisten e interactúan de manera inseparable. A estas unidades ecológicas la ciencia las denomina holobiontes.
Se estima que en nuestro cuerpo habitan alrededor de 30 billones de células humanas y 39 billones de células bacterianas. Existimos en estrecha asociación con comunidades microbianas que hacen posible nuestra vida.
Como señalaba Gregory Bateson, muchos de los problemas del mundo surgen de la diferencia entre el funcionamiento de la naturaleza y el pensamiento humano. Reconocernos como parte de una trama de relaciones de la que dependemos para vivir puede transformar nuestra manera de comprender y cuidar el mundo.
Desde esta perspectiva, la salud y la regeneración dejan de entenderse como propiedades individuales y pasan a concebirse como emergentes de la calidad de las relaciones que sostienen a los sistemas vivos. Regenerar implica crear las condiciones para que las redes de vida permanezcan diversas, interconectadas y resilientes.
¿De dónde viene el término holobionte?
El término proviene de las raíces griegas holos (todo) y bios (vida), y fue introducido en 1991 por la bióloga Lynn Margulis. Se refiere a un organismo huésped junto con todas las comunidades de microorganismos que lo habitan, funcionando como una unidad ecológica y funcional.
Margulis ayudó a comprender que la historia de la evolución, explicada únicamente mediante la competencia y la selección natural, estaba incompleta. Hace miles de millones de años, microorganismos distintos comenzaron a vivir juntos en relaciones de beneficio mutuo.
Algunas asociaciones se volvieron tan estrechas que terminaron integrándose en nuevas formas de vida. Así surgieron las células complejas o eucariotas, base de plantas, animales, hongos y seres humanos. Cada célula compleja existente hoy es el resultado de antiguos procesos evolutivos de colaboración.
Un micro universo que sostiene la vida
Las funciones de los microorganismos asociados a los holobiontes son innumerables. En los seres humanos, la microbiota intestinal participa en la síntesis de vitaminas, la regulación inmunológica y contribuye a nuestro bienestar y salud mental.
En el rumen de las vacas, las comunidades microbianas degradan la celulosa que el animal no podría digerir por sí solo; en los suelos, bacterias asociadas a las raíces fijan nitrógeno atmosférico y lo transforman en nutrientes disponibles para las plantas; hongos micorrícicos y bacterias de la rizosfera facilitan a los árboles la absorción de agua y minerales; las microalgas simbiontes aportan a los corales la energía necesaria para construir arrecifes; y el fitoplancton oceánico produce gran parte del oxígeno que respiramos, regula el ciclo del carbono y sostiene las redes tróficas marinas.
Muchos de los atributos que solemos atribuir a organismos individuales son, en realidad, propiedades emergentes de la cooperación constante entre múltiples formas de vida.
El holobionte y tres mitos culturales
El concepto de holobionte desafía tres supuestos centrales de la cultura moderna: la idea del individuo autónomo, la separación entre organismo y ambiente, y la interpretación de la evolución como un proceso dominado exclusivamente por la competencia.
La biología contemporánea muestra que ningún organismo existe de forma aislada. Toda vida es un fenómeno relacional. Los seres vivos estamos constituidos por asociaciones dinámicas con comunidades microbianas que cumplen funciones esenciales para la nutrición, el metabolismo y la inmunidad. La salud depende, en gran medida, de la diversidad de estas comunidades.
También se vuelven difusos los límites entre un organismo y su entorno. Los seres vivos son sistemas abiertos, atravesados continuamente por flujos de materia, energía e información. Los microorganismos conectan a los organismos con el suelo, el agua, el aire y los alimentos, desdibujando la frontera entre el “adentro” y el “afuera”.
A su vez, el enfoque del holobionte amplía la comprensión de la evolución al integrar la cooperación como fuerza fundamental junto con la competencia. La evidencia en biología evolutiva muestra que gran parte de la innovación biológica surge de relaciones simbióticas estables, más que de la competencia aislada entre individuos. Si somos holobiontes, la idea de un individuo completamente autónomo se desvanece, revelando que la interdependencia no es una elección sino una condición fundamental de la existencia.
Aprender a cuidar lo microscópico: una urgencia ecológica
El estilo de vida actual nos expone a una profunda crisis microbiótica. El uso indiscriminado de antibióticos, las dietas pobres en fibras y ricas en ultraprocesados, el estrés crónico, la disminución del contacto con la naturaleza y la exposición permanente a pesticidas y otros contaminantes afectan seriamente a las comunidades microbianas de las que dependemos.
A esta situación se suma el calentamiento global, que altera los microbiomas de suelos, océanos y ecosistemas enteros, afectando procesos esenciales para la fertilidad, los ciclos de nutrientes, la regulación climática y la resiliencia de la vida.
La crisis del mundo microscópico refleja una desconexión profunda entre los sistemas humanos de producción y consumo y los procesos ecológicos que sostienen la vida. Es tiempo de una restauración profunda de nuestro vínculo con los microorganismos que sostienen la salud de los suelos, los océanos y todos los seres vivos. Ellos representan una medicina ancestral forjada a lo largo de miles de millones de años de evolución. Allí donde los microorganismos prosperan, la vida florece.
Entre el todo y las partes, las relaciones
El descubrimiento del holobionte representa uno de los cambios de paradigma más profundos de la biología contemporánea. Nos invita a replantear una pregunta fundamental: ¿dónde termina el “yo” y dónde comienza el “otro”?
La respuesta parece más compleja de lo que imaginábamos. Los organismos son comunidades de especies interdependientes, una realidad que abre camino hacia una nueva comprensión ecológica del ser humano basada en la relacionalidad, la reciprocidad y el cuidado mutuo.
La idea del holobionte nos recuerda que la salud de cualquier ser vivo depende, en última instancia, de la salud de la red de vida de la que forma parte. Cuidar las relaciones es cuidar la vida.
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