CULTURA|OPINIÓN
Crédito: Archivo
Las huellas de la violencia política de los 70: tatuajes que resisten el olvido
Este libro muestra a Nora Strejilevich como una voz muy original dentro de la literatura latinoamericana sobre memoria y derechos humanos, capaz de transformar archivos íntimos en una reflexión universal sobre el recuerdo, la pérdida y la persistencia de la escritura.
“Tatuajes en papel” (Editorial Cuarto Propio), de Nora Strejilevich, es un libro que profundiza en una de las preocupaciones de obras anteriores de la autora argentina: cómo la escritura puede preservar las huellas de vidas marcadas por la violencia política, las desapariciones, el exilio y las pérdidas. En este caso, entre muchas, resalta una desaparición en particular, que golpea desde el inicio del libro: la de su hermano, Gerardo Strejilevich, y destaca una violencia política específica, la vivida por la autora, secuestrada también en el año 1977. Y entre tantos dolores desatados por la dictadura argentina, observamos muy de cerca el de sus padres, Sarita y León.
Publicado recientemente, el libro se organiza como una serie de textos en los que cartas, notas de su cuaderno, fotografías y recuerdos, van alternando con la poco habitual voz de la narración en segunda persona (en este caso la autora de hoy le habla su “yo” del pasado), y esos registros funcionan como “tatuajes” inscritos sobre el papel: marcas que sobreviven al tiempo y resisten el olvido.
“Tatuajes en papel” propone una experiencia de lectura fragmentaria. Esos materiales ya mencionados no son simples objetos del pasado: son detonantes de una memoria que se reconstruye a partir de indicios, silencios y asociaciones. El libro invita al lector a recorrer ese tejido discontinuo, donde la memoria individual se entrelaza con la historia colectiva.
En términos estilísticos, Strejilevich mantiene una escritura a ratos lírica, en la que la reflexión convive con imágenes muy precisas y una intensa carga sensorial. La autora evita el tono testimonial convencional: en lugar de ofrecer una reconstrucción detallada de hechos, trabaja mediante superposiciones y desplazamientos entre la experiencia íntima y los acontecimientos históricos.
Uno de los mayores logros del libro es convertir los documentos personales en materia literaria. Las cartas, anotaciones y a veces las fotografías, además de ser evidencia de vidas concretas, son al mismo tiempo, objetos que interpelan al lector desde un punto de vista ético. El título resume bien esa idea: así como un tatuaje permanece grabado en la piel, la escritura deja marcas sobre el papel que sobreviven a quienes las produjeron, y deja marcas en las y los lectores.
Y les plantea preguntas, unas muy relevantes, como estas (tomadas de una de las notas de su cuaderno): “¿Por qué esta pulsión de darle palabras a la memoria? ¿Para quitarse la culpa por haber sobrevivido? ¿Para echarle el peso del recuerdo al papel? ¿Para justificarse? ¿Para ser escuchada? ¿Para transformar la vida en literatura? ¿Para que la literatura transforme la vida? ¿Para alimentar el ego? ¿Para ganar una subvención que le permita a la escritora subsistir? ¿Para sacarle brillo al sufrimiento padecido? ¿Para ganarse un nicho de modesta fama? ¿Para aportar un pliegue subjetivo a la “objetiva” historia? ¿Para entretenerse con un hobby económico y accesible? ¿Para acoplarse al entramado de relatos que habitan nuestro universo cultural, ignorado por el 99% de los pobladores del planeta? ¿Para elaborar cuestiones que filósofos y escritores ya han desbrozado y disecado? ¿A quién le susurramos las memorias? ¿A esa que las vivió o a esa que las está olvidando? ¿A lectores interesados en recuperar vicariamente su humanidad a través de un relato conmovedor? ¿A futuras generaciones, para mostrarles lo que callan las historias oficiales? Ignoramos la respuesta y entretanto no paramos de escribir y reescribir un palimpsesto infinito”.
Por su parte, la componente epistolar del libro, nos muestra que, incluso en contextos de violencia extrema, la palabra todavía puede sostener una comunidad mínima entre quienes fueron separados por los golpes de la historia. Como una red de hilos que va manteniendo el contacto entre actores repartidos por el mundo, unas sinapsis entre los nodos de la diáspora causada por la dictadura argentina. Citando nuevamente a la autora: “El hilo de las misivas une, con sus desprolijas puntadas, el desgarro de no estar donde hay que estar o de ya no saber de dónde ser”. Una frase que retrata tan bien el exilio, para los que sabemos en qué consiste ese castigo.
La obra tiende más a la escritura meditativa y de reflexión, y no tanto a la autobiografía directa, privilegiando la exploración de los rastros materiales de la memoria. Con esos recursos, más allá de la denuncia, que por cierto también está, el libro muestra cómo la represión se infiltra en lo doméstico, en lo familiar, en los aspectos más íntimos de las vidas de las personas golpeadas por el terrorismo de estado. Ahí aparece su fuerza: hace narrable una experiencia que no se agota en los hechos históricos, porque también toca el modo en que las personas sobreviven, y recuerdan. Sobre todo, gracias a las cartas.
Cito nuevamente una nota de su cuaderno, que a mi juicio ilustra algo respecto a los párrafos anteriores. “Escribir cartas es pasearse por un paisaje íntimo donde no hay capítulos. Hay, más bien, mesetas que se enredan o desembocan en otras: escaleras en caracol que llevan a terrazas sin límites, encrucijadas que se hunden en túneles y trepan por techos de casas colgadas en el cielo…”
Dadas las características antes descritas, la obra exige un lector dispuesto a aceptar la ausencia de un testimonio directo o de una narración autobiográfica lineal. No es un libro de revelaciones, ni de progresiones de hechos, su fuerza reside más bien en la acumulación de pequeñas escenas (varias de ellas muy conmovedoras), así como de voces y objetos que van construyendo un mapa afectivo del pasado.
En conjunto, “Tatuajes en papel” es una obra de notable intensidad literaria y ética. A mi juicio nos muestra a Nora Strejilevich como una voz muy original dentro de la literatura latinoamericana sobre memoria y derechos humanos, capaz de transformar archivos íntimos en una reflexión universal sobre el recuerdo, la pérdida y la persistencia de la escritura. Es especialmente recomendable para lectores interesados en la literatura testimonial, la memoria de las dictaduras del Cono Sur y las formas contemporáneas de la autobiografía.
Ficha técnica:
“Tatuajes de papel”
Nora Strejilevich
Editorial Cuarto Propio. 2026.
336 páginas
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