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“Un mundo de paternidades” de Roberto Poblete Acuña: las huellas que quedan en los hijos CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

“Un mundo de paternidades” de Roberto Poblete Acuña: las huellas que quedan en los hijos

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Esta obra, a través de sus historias, entrega al lector la oportunidad valiosa de reflexionar respecto a las complejidades de la paternidad, y la importancia de respetar los derechos de hijas e hijos.


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Un mundo de paternidades puede leerse a partir de un eje temático central: la relación entre padres e hijos como un espacio de afectos, pero también de poder, violencia, abandono, culpa, conflicto y, eventualmente, reparación.

El conjunto de relatos propone una exploración plural de la experiencia de la paternidad, alejándose de una representación unívoca de la figura paterna y desplegando, en cambio, diversas formas de ejercerla, padecerla, cuestionarla y reconstruirla.

En este sentido, uno de los principales aciertos del libro radica en que la relación filial es abordada desde perspectivas narrativas diferentes, lo que permite complejizar el vínculo y desplazar progresivamente el lugar desde el cual el lector comprende sus conflictos.

Esta diversidad se advierte con particular claridad en “Descarga”, donde el padre encarna la manifestación más extrema del ejercicio abusivo del poder paterno. La confianza, la dependencia y la vulnerabilidad propias de la infancia son transformadas por él en instrumentos de violencia y dominación.

Sin embargo, el relato no se clausura exclusivamente en la representación del daño, sino que incorpora la posibilidad de confrontar el pasado y avanzar hacia una forma de elaboración y reparación.

En “Última Cena”, por su parte, la violencia adquiere una naturaleza menos explícita, pero no por ello menos devastadora: se expresa a través de la imposición de valores, la rigidez moral, la intolerancia y la incapacidad del padre para reconocer y aceptar a su hija en su singularidad. La religión y el pensamiento conservador, cuando son asumidos desde una perspectiva dogmática, terminan desplazando el afecto, la escucha y el diálogo, hasta convertir el vínculo paterno en un espacio de exclusión.

“¿De qué color es la lluvia cuando llueve por dentro?” introduce una perspectiva particularmente compleja, pues sitúa al padre ante una experiencia que lo obliga a interrogar sus propias certezas y capacidades. Ya no se trata del padre que ejerce directamente la violencia o que abandona, sino de aquel que debe enfrentarse a una situación compleja al interior de su propia familia y asumir la responsabilidad de decidir cómo actuar frente a ella.

En este relato emerge una dimensión especialmente significativa de la paternidad: la posibilidad del desconcierto, la duda, el error y la impotencia frente a situaciones que desbordan las herramientas emocionales y morales de quien debe ejercer el rol paterno. El padre deja así de ser una figura omnipotente para convertirse en un sujeto vulnerable, enfrentado a sus propias limitaciones.

En “El segundo”, la perspectiva del hijo permite reconstruir retrospectivamente una historia familiar. El descubrimiento de ese pasado modifica la percepción que el protagonista tiene de su propia historia y revela hasta qué punto la identidad individual se encuentra atravesada por acontecimientos anteriores a la propia conciencia.

Por su parte, “El poder de las libélulas” desplaza nuevamente el foco hacia la búsqueda de los orígenes. La narración abre así una reflexión sobre la filiación, la identidad y el deseo de conocer aquello que forma parte de la propia historia, incluso cuando ese conocimiento llega tardíamente.

En su conjunto, los relatos configuran una suerte de cartografía de las paternidades, en la que conviven formas diversas y, en ocasiones, antagónicas de ejercer el vínculo filial. Esta pluralidad constituye uno de los aspectos más interesantes de la obra, pues impide reducir la figura paterna a un arquetipo único y permite observarla en sus contradicciones, fragilidades y zonas de sombra.

Atraviesa los relatos, además, una problemática común de particular fuerza: el daño que se produce cuando un padre no logra reconocer al hijo como un sujeto autónomo, diferente de sí mismo. Cuando el hijo es concebido como una prolongación de la voluntad paterna; cuando se pretende imponer sobre él una determinada moral, identidad o concepción de mundo; cuando su singularidad es negada; cuando se ejerce sobre él un poder absoluto o, por el contrario, se opta por la desaparición y el abandono, el vínculo paterno deja de constituirse como espacio de protección y puede transformarse en una fuente profunda de sufrimiento.

Desde esta perspectiva, Un mundo de paternidades trasciende una lectura centrada exclusivamente en la figura del padre y puede comprenderse como una exploración de las huellas que la experiencia de la paternidad deja en quienes son hijos e hijas. Son huellas que pueden manifestarse como heridas, silencios, preguntas, ausencias, recuerdos y conflictos, pero que también pueden abrir, en determinadas circunstancias, espacios para la comprensión, el encuentro y la reparación.

En términos estrictamente literarios, en algunos relatos, el desarrollo de los conflictos podría adquirir mayor densidad si determinadas características psicológicas y emociones fueran sugeridas a través de las acciones, los silencios, los diálogos, y las relaciones entre los personajes, en lugar de ser explicitados por la voz narrativa.

Resultaría igualmente provechoso profundizar en la construcción de los entornos y atmósferas, no solo como escenarios donde transcurren los acontecimientos, sino como elementos capaces de contribuir a la configuración simbólica y emocional de cada historia, permitiendo situar al lector de manera más vívida dentro del universo narrativo.

Finalmente, esta obra, a través de sus historias, entrega al lector la oportunidad valiosa de reflexionar respecto a las complejidades de la paternidad, y la importancia de respetar los derechos de hijas e hijos.

Ficha técnica:

Un mundo de paternidades

Roberto Poblete Acuña

Grupo Editorial Letrame, 2024

102 páginas

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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