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“El último Neanderthal”: intolerancia de un nosotros con otros CULTURA|OPINIÓN Crédito: imagen del libro

“El último Neanderthal”: intolerancia de un nosotros con otros

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La obra abre muchas interrogantes, entre las cuales -quizás la más importante y de difícil respuesta antes y ahora es: ¿Qué significa ser humano y dónde estaría la separación entre humano y no humano? ¿Qué es encontrarse un nosotros con otros? ¿Es posible que hoy esté surgiendo otra humanidad?


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Este libro tiene como subtítulo interior El final de los antiguos humanos, lo que nos instala en el periodo de la desaparición de quienes el autor, el paleoantropólogo francés Ludovic Slimak (Vercors, 1973), define como otra humanidad; frente a este descubrimiento del último neandertal, en agosto de 2015, hace ya dieciséis años, escribe que “no podía dejar de pensar en el camino de aquel hombre que se extinguió para siempre junto con todos los suyos”. (p. 10)

El suelo y las rocas de las cavernas en las cuales ha hecho sus descubrimientos, tienen más de 55.000 años y han conservado los olores de carne asado a los que Slimak no podía dar significado ni nombre. En algún momento, salió de la cueva y pasó por un cedazo la arena, pero ahora dejando las piedrecillas; en ese momento se da cuenta que ese olor está pegado en las piedras, no en la arena, que recogieron el hollín fosilizado, al que llama “El fósil de las respiraciones pasadas”.

Entre los hallazgos de la cueva de Mandrin, excavada por más de treinta años, hay muchas puntas de sílex, y nueve dientes de leche pertenecientes a niños del Paleolítico, con una antigüedad estimada de 100.000 a 40.000 años, fecha esta última en que se produjo la extinción de los neandertales. Además, y esto sí es sorprendente, un diente de un niño de m/m 54.000 años, que correspondería a un integrante del grupo Homo sapiens antiguo. Este hallazgo y otros miles revelan “la presencia del hombre moderno en las zonas mediterráneas del oeste de Europa, en tiempos muy antiguos”. (p.18)

Lo anterior, -fundamentalmente el hollín- le permite a Slimak afirmar que “Digamos que, en este estadio, y por primera vez, se sugiere el encuentro improbable de dos humanidades separadas por medio millón de años de evolución paralela” (p.39). Y así, sapiens y neandertal pudieron compartir territorios en la zona oeste de Europa occidental.

Los descubrimientos realizados durante varias décadas – vestigios muy escasos, por cierto- le permiten a Slimak afinar una cronología más cercana a los más que posibles acontecimientos, hasta aventurar que “Más o menos seis meses es el tiempo que, en la cueva, separa el último fuego neandertal del primer fuego sapiens”. (p. 48) Y recordar que durante 200.000 años perdura la experiencia neandertal en Eurasia, lo que solo fue posible descubrir a partir de miles de restos óseos milimétricos y nuevo y elaborados métodos de fechación, pertenecientes al (último) neandertal, bautizado por Slimak como Thorin, el rey enano de El señor de los anillos de Tolkien.

El enigma central con Thorin es poder definir su antigüedad real, que desde varias pruebas científicas provenientes de diversos especialistas, podría oscilar desde 42.000 a 50.000 años, 35.000 años y 105.000 años (p.94). Así, el tema central y tema de dudas y especulaciones es lo que la ciencia ha sostenido hasta ahora sobre neandertales y sapiens, épocas, contactos posibles, datos confiables, ¿se conocieron? Y no menos sorprendente, la posibilidad de que hayan existido diversos grupos neandertal en el tiempo.

Los hallazgos arqueológicos le permiten afirmar a Slimak que “El hombre de Mandrin y la mujer de Gibraltar vivieron en la misma época. (…) Durante un tiempo casi inimaginable, el linaje de Thorin -separado del linaje neandertal clásico- subsiste en territorios vecinos y relacionados entre sí. 60.000 años durante los cuales las dos poblaciones neandertales divergirán profundamente (…) sin ningún intercambio de genes”. (p.181)

Es un libro que si bien nos cuenta de manera muy documentada la ¿coexistencia? de sapiens y neandertales, abre muchas interrogantes, entre las cuales -quizás la más importante y de difícil respuesta antes y ahora es: ¿Qué significa ser humano y dónde estaría la separación entre humano y no humano? ¿Qué es encontrarse un nosotros con otros? ¿Es posible que hoy esté surgiendo otra humanidad?

El último capítulo, ¿Cómo mueren los humanos? tiene un subcapítulo, Los tiempos de la extinción, que el autor inicia afirmando que este es un libro triste: “Uno no se las ve con la mayor extinción de una humanidad sin mirarse directo a sí mismo, si es que lo consigue”. (p. 239) Y aquí parecieran tener un rol decisivo nuestra manera de estar en el mundo, nuestras concepciones de vida.

Un párrafo final es para quedarse pensando por mucho tiempo: “La simplificación del mundo que conlleva asumir la extinción de todas las otras criaturas humanas nos deja solos con nosotros mismo. Ayer como hoy, esa acumulación de milenios sugiere que solo lo humano puede hacer desaparecer a lo humano. Sapiens contra sapiens”. (p.266).

Sin duda, es un libro triste y ya desde el título nos clava una espina en el corazón. Ese último neandertal, integrante de una humanidad como la nuestra, no desapareció por sí mismo y hay una alta probabilidad que seamos parte activa de ello. Sobrevivimos como sapiens.

Vale mucho la pena leer este libro, porque, entre otros aspectos, las guerras y cualquier hecho de enfrentamiento a muerte acerca de los cuales sabemos o vivimos, nos enfrenta a la intolerancia de un nosotros con otros que tienen modos, culturas, formas de estar en el mundo diferentes a las únicas aceptables, las nuestras, sean cuales sean. ¿Debería ser así?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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