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¿Qué hizo Chile con los investigadores que decidió formar?
Chile demostró que puede formar investigadores y desarrollar investigación. Ahora debemos decidir dónde y para qué queremos desarrollar esa capacidad.
Hace casi veinte años Chile tomó una decisión importante: necesitaba más investigadores y debía formarlos. En 2008 se anunció un ambicioso programa de becas de posgrado. Se proyectaba pasar de 500 becarios en el extranjero en 2007 a 2.500 en 2009 y formar, durante la década siguiente, a más de 30 mil personas. También se anunciaron incentivos para quienes regresaran al servicio público, las universidades y las regiones.
Casi veinte años después vale la pena preguntarse qué ocurrió.
Chile efectivamente formó muchos más doctores y las universidades incorporaron una parte importante de ellos. Una evaluación de los programas de CONICYT mostró que cerca del 60% de los exbecarios de doctorado ocupados trabajaba en universidades. Al mismo tiempo aumentó el número de académicos con doctorado y universidades que antes realizaban poca investigación comenzaron a desarrollarla.
No es correcto, entonces, afirmar que Chile formó investigadores y después no hizo nada con ellos. Los formó y fortaleció principalmente con ellos a sus universidades. Ese es un resultado importante de esta política.
Pero no era su único propósito. En 2008 se hablaba también del servicio público, las regiones y distintos sectores de la economía. Allí el resultado es menos claro. Los doctores continúan concentrándose principalmente en las universidades y su presencia es mucho menor en las empresas y en el Estado.
Esto importa. El Estado enfrenta problemas cada vez más complejos y necesita capacidad propia para investigar, analizar información y evaluar sus políticas. Las empresas necesitan investigadores para desarrollar nuevos productos, procesos y tecnologías. Y también importa dónde se investiga: fortalecer las universidades regionales significa desarrollar capacidad científica en las regiones donde están insertas.
Durante años hemos tratado la formación de investigadores, el financiamiento de proyectos y su inserción como problemas separados. Una cosa es financiar investigación y otra, financiar la capacidad para investigar. Las becas forman investigadores; Fondecyt financia proyectos; los postdoctorados, una etapa de la carrera. Pero desarrollar universidades, organismos públicos y empresas capaces de mantener grupos de investigación requiere políticas y recursos de largo plazo.
Después de casi veinte años deberíamos, además, saber dónde están quienes fueron formados con recursos públicos. Saber cuántos trabajan en universidades, empresas, organismos del Estado o fuera del país, y qué hacen allí, debería ser información básica para evaluar esta política y decidir cómo continuarla.
Hoy volvemos a discutir Becas Chile, Fondecyt y áreas prioritarias. Mientras discutimos qué áreas deben recibir los recursos y cómo resguardar la libertad de investigación, proponemos una pregunta anterior: ¿qué capacidad de investigación quiere construir Chile con los investigadores que forma?
Chile demostró que puede formar investigadores y desarrollar investigación. Ahora debemos decidir dónde y para qué queremos desarrollar esa capacidad.
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