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“Informe parcial sobre la vida”, la poesía de Ramón Díaz Eterovic CULTURA|OPINIÓN Crédito: Raúl Goycolea

“Informe parcial sobre la vida”, la poesía de Ramón Díaz Eterovic

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Jaime Pinos Fuentes
Por : Jaime Pinos Fuentes Licenciado en Literatura de la Universidad de Chile, escritor y editor.
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Tal vez una de las tareas más importantes de un poeta, de un investigador privado de lo real, de un detective salvaje, sea aguardar esos ecos. Aprender a escuchar los ecos de esa voz diferente. Otras sonoridades, distintas al ruido monocorde y saturado de un paisaje sonoro dominado por el poder.


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Después de un largo tiempo, Díaz Eterovic vuelve a publicar poesía. Autor de dos volúmenes poéticos editados a inicios de los ochenta, Pasajero de la ausencia y El poeta derribado, quienes lo conocemos sabemos que la poesía siempre ha estado entre sus trabajos.

Formado en su juventud por el encuentro con poetas imprescindibles como Jorge Teillier y Rolando Cárdenas, trabajó también por su circulación, difícil y subterránea durante la dictadura, como editor de la mítica revista La gota pura. Pero una cosa es escribir poesía y otra publicarla.

Sobre este libro dice el autor en una entrevista reciente: “Buena parte del tiempo estoy escribiendo poemas, pero simplemente no los había publicado. Hay poemas que escribí hace 20 años, hasta algunos que son de hace seis meses”.

Este libro nos permite entonces conocer el fruto de este trabajo cotidiano. Las huellas del trayecto, invisible pero persistente, que Díaz Eterovic ha recorrido durante estos años por los caminos de la poesía.

Los caminos de la poesía, en cualquier caso, siempre se han trenzado para Díaz Eterovic con otros caminos en el espacio abierto de su escritura. Desde luego, con su reconocida labor como narrador, creador de un personaje, un mundo y un imaginario que es parte de nuestra mejor literatura. A propósito del voluntario silencio editorial sobre su poesía y la relación con su narrativa, dice: “He tenido oportunidades para publicar y no he querido. Tal vez siento que el impulso de mi poesía está presente en las novelas de Heredia”.

El impulso de la poesía en las novelas de Heredia, dice el autor. Y viceversa, podría agregarse. El impulso de esas novelas en esta poesía. A propósito, una de las partes del libro se titula Los poemas del hombre que pregunta. Dentro de esa sección, el poema Meditaciones de un detective: Aquí estoy, frente al espejo de la barra,/ esperando al que ya no soy. /La noche siempre envuelve con sus misterios y el fondo del vaso es una pregunta./ Pasarán las horas y las respuestas seguirán junto a la puerta del bar,/ indecisas, /como el amante que posterga su confesión /o la muchacha que se sienta en la butaca más escondida de la platea. /Es vano esperar que la mañana traiga un rumor distinto./ Dicen que el mundo tiene su orden y las palabras sus sentidos. /Solo yo aguardo los ecos de una voz diferente/ mientras una mujer de rostro cansado sirve mi próxima copa.  

Tal vez una de las tareas más importantes de un poeta, de un investigador privado de lo real, de un detective salvaje, sea aguardar esos ecos. Aprender a escuchar los ecos de esa voz diferente. Otras sonoridades, distintas al ruido monocorde y saturado de un paisaje sonoro dominado por el poder, el dinero, la estupidez. Preguntar, sabiendo que las respuestas serán indecisas. La poesía como la insistencia de preguntar desde la butaca más escondida de la platea. Hacer preguntas, preguntarse, abrir los oídos a la escucha del mundo, de la vida.

El investigador pregunta. El poeta pregunta. ¿Sobre qué? ¿a quién interroga? ¿Cuáles son las líneas de su investigación?

El poeta detective, el hombre que pregunta, interroga a la memoria. Busca a través de las palabras, de las imágenes, el rastro de lo perdido. La posibilidad de recuperar algunos recuerdos a pesar del paso implacable del tiempo. El poema se llama Acerca del olvido:  Con la primera luz de la mañana, me pregunto por el olvido./ Una línea que desaparece, un punto que se borra. //Pobres los mortales que tememos el olvido./ Somos apenas una cifra en el registro de la seguridad social/o en un club de buenos amigos// Todo está escrito, me respondo. /Todo está escrito y dispuesto a ser borrado./ La vida no se detiene a recoger sus muertos. Todo está dispuesto a ser borrado, también la memoria de nuestros muertos. Sin embargo, la poesía, la paciente persistencia en la palabra, puede convocarlos. Al menos por un momento, la insistencia de la poesía por rastrear sus huellas puede rescatarlos de la desaparición total. La memoria es ese trabajo. Esa larga y laboriosa paciencia si, como escribió Teillier, para hablar con los muertos hay que aprender a esperar.

El poeta detective, el hombre que pregunta, interroga a la ciudad. Busca los pasos perdidos por las calles de otro tiempo. Un tiempo ya ido donde aún existían lugares donde encontrarse, tomar un trago, conversar. Estos poemas son parte de ese trabajo de memoria que caracteriza toda la obra de Díaz Eterovic. Dice el autor en una entrevista: En buena medida, las novelas de Heredia son crónicas de un mundo en extinción. Hay calles, casas y bares que ya no están, y tampoco está la convivencia que se daba en esos lugares. El bar tradicional abre paso al local de comida chatarra. La desaparición de un modo de vida genera distanciamiento y nostalgia por igual en mis poemas, novelas o cuentos que son madera de un mismo árbol. Las formas pueden ser distintas pero la continuidad es evidente. El poeta detective, tal como Heredia, es testigo de la extinción de un modo de vida que, sin embargo, sobrevive en el recuerdo. Más allá de la nostalgia, recoger sus vestigios es también una forma de resistir a la disolución de la ciudad neoliberal. Oponer al eterno presente de una ciudad dominada por el dinero, la competencia y la soledad, una memoria que sostenga y haga posible la imaginación de otra forma de vivir. De una ciudad futura menos cruel, más humana.

Informe parcial sobre la vida, se titula este libro. Tratándose de un libro que recoge un periodo de escritura de más de veinte años, estos textos podrían leerse como una bitácora personal, un diario de vida. Dice Díaz Eterovic al respecto: Tal vez me fui convenciendo que mi poesía, que nunca he dejado de escribir, es sólo un diálogo íntimo, un diario de vida que de pronto recuerdo llenar con algunas palabras.

Este libro, esta poesía, es también el historial de una investigación sobre la vida común. Escribir, redactar informes, reportes de una experiencia compartida. En un tiempo de aceleración, escepticismo y pérdida de sentido, escribir para abrir otro tiempo. Un tiempo de arraigo, diría Teillier. Uno abierto a la memoria y la comprensión de la vida. Uno donde las cosas importantes estén en el centro de los días. Del poema Un hombre frente a la tumba de sus padres: Ustedes saben lo que es vivir y lo que vale la pena vivir. El amor desde luego. Ver crecer a los hijos y las plantas del jardín. Mirar el horizonte cada tarde y escuchar el oleaje del mar. Beber una copa de vino, acariciar un gato, hablar con los amigos de cosas sin importancia. Oír una canción que nos explica el misterio de ser y estar. Eso y poco más. Lo demás es materia del olvido.

El informe es parcial. Inacabado, incompleto. Los lectores de Díaz Eterovic quedamos entonces a la espera de nuevos informes en el futuro. Nuevas entregas de esta poesía que nos permite escuchar esa canción. Aún en medio de todo este ruido.  Escuchar la vida. El misterio de ser y estar. Detenerse, como nos invita este libro, para poder prestar oído a ciertos ecos que permanecen.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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