Publicidad
Poemario “Tiempo de Murras” de Marcos Maricoy Carimán: la aldea penitente CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

Poemario “Tiempo de Murras” de Marcos Maricoy Carimán: la aldea penitente

Publicidad
Marcelo Guajardo Thomas
Por : Marcelo Guajardo Thomas Poeta. Ha publicado Un momento propicio para el exilio, Editorial Das Kapital, Santiago, 2011 y Los celacantos y otros hechos extraordinarios, Ediciones Overol, Santiago, 2015, entre otros. En narrativa infantil publicó La bicicleta mágica de Sergio Krumm, ediciones SM, Santiago 2013. En el 2017 obtiene el premio Pablo Neruda de Poesía Joven.
Ver Más

El autor nos demuestra que en momentos de un extendido tedio y futilidad en torno al registro poético la mansedumbre ante el tiempo y el fenómeno es un modo genuino de recuperar la palabra poética.


El Mostrador Fuente Preferida

Las murras o zarzamoras se extienden con libertad en un terreno que se ha dejado de habitar. Al abandono sigue la expansión de su puntiaguda viña, de sus pequeñas hojas acorazadas y el fruto al final comestible y rodeado de espinas. Su tiempo es el tiempo del abandono humano, es el tiempo del exilio de la aldea y del reemplazo de un habitante por otro resistente e inevitable.

En “Tiempo de Murras” del poeta Marcos Maricoy Carimán, el protagonista es precisamente aquel interregno que está entre la colonización natural y los últimos habitantes que de la aldea, entre estos últimos, la naturaleza se cierne, signando el día a día, oscureciendo, o enrojeciendo el cielo y la tierra que se abandona y que termina por devorar el sitio y sus contornos.

Se puede sentir en los poemas el despoblamiento de la comarca como si fuera una hilera de penitentes que caminan en silencio, aquellos romeros cuya peregrinación es a la inversa alejándose del lugar que les fue suyo y que poblaron rudamente en un entorno que nunca cedió completamente.

Son poemas puente entre un reino que decrece y otro que toma su lugar, pero también, son los textos de una comarca que habita para siempre, que regresa en forma de sueño ardiente, de manto, arrullo y penitencia. En su desplome van apareciendo a condición de un fraseo rítmico y sosegado los destellos que nos regresan al país natal, los cauquiles y las pinditas brillan allí ente las labores habituales para la vida, la leña, el ganado, los peces, la labranza del trozo de tierra y lo humano bosquejado y bajo una sombra antigua y contemporánea, aquí por ejemplo usando sentencia y premonición:

“en las jaulas salmoneras / soltaron un basilisco azul / para engullir inmundicia / engaños / abusos / plásticos / y luego defecarla / en las mansiones continentales” (p 41)

Otras, en la rudeza del territorio y su devenir amenazado, como fondo de la trama considera a Dios y el rito que atestigua, palabras y rituales que sostienen la arquitectura natural y humana, el relato se imbrica en la aldea, Dios se imbrica en la aldea y lejos de ella años más tarde emerge en el poema:

“Se rompía mi pecho / en desembocadura / de róbalos, lobos marinos / y sangre espantada / señal de la cruz/ previo a creciente / tragar el remedio / y escupir lo enterrado / para que esta sombra / me deje” (p 34)

En cuanto al oficio, el verso es contenido y directo, a veces hace una curva buscando el lugar de enunciación, va al lugar donde reside y trae para si como ya se ha dicho; la memoria de un lugar, su cotidiano y su penitencia. También se asoma a los últimos acontecimientos y el registro amoroso para personas significativas;

“la piel tibia del fuego / seducía su materia / húmeda y maltratada / sus astilladas puntas / humearon hasta encenderse / y sin expresar voluntad / se consumió hasta ser ignorada”

En suma, el poemario de Marcos Maricoy Carimán nos demuestra que en momentos de un extendido tedio y futilidad en torno al registro poético la mansedumbre ante el tiempo y el fenómeno es un modo genuino de recuperar la palabra poética.

 

Ficha técnica:

“Tiempo de Murras”
Marcos Maricoy Carimán
Editorial Casa de Barro
@casadebarro
Ancud 2026.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad