CULTURA|OPINIÓN
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Poemario “Tiempo de Murras” de Marcos Maricoy Carimán: la aldea penitente
El autor nos demuestra que en momentos de un extendido tedio y futilidad en torno al registro poético la mansedumbre ante el tiempo y el fenómeno es un modo genuino de recuperar la palabra poética.
Las murras o zarzamoras se extienden con libertad en un terreno que se ha dejado de habitar. Al abandono sigue la expansión de su puntiaguda viña, de sus pequeñas hojas acorazadas y el fruto al final comestible y rodeado de espinas. Su tiempo es el tiempo del abandono humano, es el tiempo del exilio de la aldea y del reemplazo de un habitante por otro resistente e inevitable.
En “Tiempo de Murras” del poeta Marcos Maricoy Carimán, el protagonista es precisamente aquel interregno que está entre la colonización natural y los últimos habitantes que de la aldea, entre estos últimos, la naturaleza se cierne, signando el día a día, oscureciendo, o enrojeciendo el cielo y la tierra que se abandona y que termina por devorar el sitio y sus contornos.
Se puede sentir en los poemas el despoblamiento de la comarca como si fuera una hilera de penitentes que caminan en silencio, aquellos romeros cuya peregrinación es a la inversa alejándose del lugar que les fue suyo y que poblaron rudamente en un entorno que nunca cedió completamente.
Son poemas puente entre un reino que decrece y otro que toma su lugar, pero también, son los textos de una comarca que habita para siempre, que regresa en forma de sueño ardiente, de manto, arrullo y penitencia. En su desplome van apareciendo a condición de un fraseo rítmico y sosegado los destellos que nos regresan al país natal, los cauquiles y las pinditas brillan allí ente las labores habituales para la vida, la leña, el ganado, los peces, la labranza del trozo de tierra y lo humano bosquejado y bajo una sombra antigua y contemporánea, aquí por ejemplo usando sentencia y premonición:
“en las jaulas salmoneras / soltaron un basilisco azul / para engullir inmundicia / engaños / abusos / plásticos / y luego defecarla / en las mansiones continentales” (p 41)
Otras, en la rudeza del territorio y su devenir amenazado, como fondo de la trama considera a Dios y el rito que atestigua, palabras y rituales que sostienen la arquitectura natural y humana, el relato se imbrica en la aldea, Dios se imbrica en la aldea y lejos de ella años más tarde emerge en el poema:
“Se rompía mi pecho / en desembocadura / de róbalos, lobos marinos / y sangre espantada / señal de la cruz/ previo a creciente / tragar el remedio / y escupir lo enterrado / para que esta sombra / me deje” (p 34)
En cuanto al oficio, el verso es contenido y directo, a veces hace una curva buscando el lugar de enunciación, va al lugar donde reside y trae para si como ya se ha dicho; la memoria de un lugar, su cotidiano y su penitencia. También se asoma a los últimos acontecimientos y el registro amoroso para personas significativas;
“la piel tibia del fuego / seducía su materia / húmeda y maltratada / sus astilladas puntas / humearon hasta encenderse / y sin expresar voluntad / se consumió hasta ser ignorada”
En suma, el poemario de Marcos Maricoy Carimán nos demuestra que en momentos de un extendido tedio y futilidad en torno al registro poético la mansedumbre ante el tiempo y el fenómeno es un modo genuino de recuperar la palabra poética.
Ficha técnica:
“Tiempo de Murras”
Marcos Maricoy Carimán
Editorial Casa de Barro
@casadebarro
Ancud 2026.
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