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¿Gasto o inversión en cultura? CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

¿Gasto o inversión en cultura?

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Fernando Gaspar
Por : Fernando Gaspar Director de Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile
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El desafío que se plantea ante las reducciones en el presupuesto cultural, es en definitiva, el de vencer los paradigmas que ven en la creación artística y la actividad cultural, como actividades de privilegio, dirigida a unos pocos, para entender su riqueza multidimensional, económica y educativa.


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Cierra el periodo de postulaciones de los Fondos de Cultura con sensaciones encontradas y no pocas frustraciones en el campo de las artes y entre quienes trabajan en el sector. Los recortes a los fondos de cultura, las restricciones introducidas en las bases de postulación y la falta de una reflexión profunda sobre el rol que tiene el Estado en estas áreas, generan incertidumbre de cara a la discusión del Presupuesto de la Nación 2027.

¿Es la inversión en artes y cultura un “gasto” para el Estado que debiera interpelarse frente a otras urgencias sociales? El financiamiento de las artes y la cultura no es una tarea exclusiva de un Ministerio e involucra una comprensión del Estado como garante de derechos, así como una concepción de sociedad y lo que de manera conjunta concebimos como relevante, tanto de nuestro pasado como del futuro.

Desde el nacimiento de la República, los Estados han garantizado inversiones en cultura desde diferentes veredas ideológicas y concepciones de lo público; en la educación, la preservación y financiamiento del patrimonio público, en la dinamización de la economía, así como en la relevancia que tienen las artes y la cultura en nuestras sociedades.

Por esto, históricamente el Estado chileno ha invertido en cultura en diferentes reparticiones e instituciones. Lo hace en el Ministerio de Relaciones Exteriores, comprendiendo su relevancia en cómo nos acercamos al mundo y lo que compartimos con otros países.

Lo ha hecho históricamente desde instituciones como el Banco Estado, con innumerables aportes desde su origen, a través de CORFO dinamizando industrias locales, como el sector audiovisual y, sin lugar a dudas, a través de sus instituciones de educación pública, universidades, elencos nacionales, bibliotecas, museos y un sinnúmero de actores.

En la actualidad, la importancia de una mayor inversión en cultura debe entenderse por su relevancia e impacto en diversas materias y dimensiones.

Una de ellas tiene que ver con el aporte económico que hacen las artes y la cultura, nutriendo un amplio ecosistema que trasciende a las y los creadores, que genera desarrollo en los territorios -con casos emblemáticos largamente estudiados, que van desde el impacto del Museo Guggenheim en Bilbao, hasta una inversión sostenida en ciudades como Medellín-.

El ecosistema vinculado a las artes y la creación artística involucra el trabajo de un amplio abanico de oficios que van desde técnicos, trabajadores de espacios, gestores, responsables de la difusión de actividades que abarcan la formación, la creación artística, la divulgación, entre muchas tareas.

En las artes y la cultura no sólo trabajan artistas, sino que se crean y desarrollan empresas pequeñas, medianas y transnacionales, generando empleo, aportando al crecimiento nacional y contribuyendo con impuestos al bien común. Valga sólo la comparación en Chile, entre el aporte de la “economía creativa” al PIB nacional, en torno al 2,2%, en comparación a la menguada inversión en el presupuesto nacional que alcanza el 0,5% del total.

El aporte de las artes y la cultura no es sólo económico. Lo es también de manera relevante en la educación formal y no formal. La educación artística permite generar comunidades críticas, comprometidas con la diversidad, empáticas, sensibles. Sabemos de larga data, que aquellas instituciones educativas que promueven las artes en sus distintas formaciones, como en la inversión para producir creación artística en su interior de manera sostenida, logran mejoras sustantivas en la convivencia escolar y educativa, uno de los grandes desafíos de la educación contemporánea.

Invertir en educación y creación artística, a través de programas, actividades permanentes, docentes y creadores, mejora los procesos educativos en todos los niveles y áreas del conocimiento.

A lo económico y al plano educativo, es relevante mencionar el aporte que hacen las artes y la cultura a nuestras identidades, nacionales, comunitarias, individuales.

La cultura, las expresiones artísticas contribuyen a nuestro sentido de pertenencia, a fortalecer nuestra capacidad de sentirnos parte de un colectivo que respeta y promueve la diversidad, contribuyendo a fortalecer comunidades armónicas que se enriquecen con las distintas opiniones, percepciones y sentidos individuales, respetando a los semejantes y con una idea de lo común compartida. Las artes nos ayudan también a entender nuestro pasado, problematizar y abordarlo desde perspectivas críticas y sensibles, nos ayuda a imaginar futuros comunes en tiempos de incertidumbre.

Invertir en cultura entonces, no sólo es destinar recursos a estereotipos o caricaturas sobre los artistas, sus actividades, espacios u obras, es también fomentar la creatividad de nuestras sociedades, la innovación y la resolución de problemas a partir de miradas diversas y constructivas, es incentivar la investigación para encontrar respuestas en un mundo complejo, es invertir en hacer frente a la crisis que enfrentamos cotidianamente y que merma el presente, ya sea por el calentamiento global, la sostenibilidad ambiental y los desafíos sociales de construir un proyecto de vida en común.

El desafío que se plantea ante las reducciones en el presupuesto cultural, es en definitiva, el de vencer los paradigmas que ven en la creación artística y la actividad cultural, como actividades de privilegio, dirigida a unos pocos, para entender su riqueza multidimensional, económica, educativa, social.

Invertir en artes y cultura responde a qué tipo de sociedad construimos, una más desigual, de conflictos, de persecución a las diferencias o promover una sociedad del conocimiento, activa, innovadora, crítica, que propone miradas de futuro e invierte en soluciones creativas para atender los conflictos presentes y del mañana.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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