CULTURA|OPINIÓN
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Bienvenidos al país de la risa: una lectura al nuevo libro de Juan R. Chapple
A primera vista también, el terror en un libro hay que anunciarlo, explicitarlo. Aunque nadie podría advertir que en la risa se halla la crueldad del fin del mundo, la que viene a confirmarnos que nosotros —eso que llaman humanidad— somos una maraña de fracasos y muchas derrotas más.
“Pareciera que las estrellas hubieran desfallecido, que no hay más planetas, y que ni siquiera ya existiera el espacio. Girando en la nada, así van. Movidos únicamente por la risa que escuchan a todas horas”, fragmento del libro.
Todo parte con un hecho inquietante, aparentemente somero, cotidiano. Una risa. La risa de un hombre y una mujer en la playa. Desaforada. Contagiosa. Un día cualquiera. Primero en la arena, luego en la acera, en la ciudad. En todo el planeta.
Los “Rientes” —así los bautiza uno de los protagonistas, ya que la novela está narrada por dos hermanos que apenas rozan la adolescencia: él, trabajador de una tienda de mascotas; ella, empleada en un bufete de abogados— representan a la nueva y última humanidad. Atrincherados en su casa, a veces desde la azotea, incomunicados de internet, la radio y la televisión, escuchan afuera la maldición: las vociferaciones diabólicas de los Rientes. De eso trata “La gran risa” (Libros de la Medianoche, 2026), de Juan Chapple.
Sin causa ni motivo. El terror en Chapple, siempre reflexivo y calculado, con asociaciones múltiples y metafóricas, sostenido por una prosa de rica densidad léxica, irrumpe sin explicaciones. Y es que el terror verdadero no se explica; se siente, se experimenta.
“El mundo al revés. Los fantasmas ya no viven en las casas, ya no asolan los castillos, sino que se han repartido por el mundo. Los fantasmas ríen y no dejan de reír…ya no arrastran ninguna cadena más que la del sonido rasposo de esas risas” (p. 57).
Pero la novela, que cuenta con el estreno del autor como ilustrador, va un paso más allá. Aborda cuestiones que apelan al sinsentido —acaso no lo es todo— cuando lo que parece orden y paz no es más que una construcción precaria, siempre a punto de desbaratarse y destruirse. La vida moderna, las obligaciones, la moral. La utilidad del conocimiento, los noticieros, las posesiones. El ritual citadino de los trayectos. Con pulsión cinematográfica, el autor de la novela “Vertederos” y los volúmenes de cuentos “El día más salvaje” y “El rostro de ceniza y fuego” nos propone un examen de conciencia con todas las herramientas que la ficción puede entregarnos. De pronto, algo: el terror. Todo ello sazonado con una dosis de humor negro y sátira, para hacernos imaginar la inmersión total en el abismo, en lo extraordinario, en lo incomprensible.
“Reírse de las noches insomnes terminando trabajos, preparando exámenes, desde pequeños; reírse y volverse a reír de las pretensiones de triunfo y de los sueños truncos que van quedando al pasar” (p. 58).
Porque los Rientes no solo ríen. Es decir, ríen, pero adquieren formas diversas: algunos se llevan las manos a la boca, otros dan tumbos por el suelo, y otros reptan emitiendo a cada tanto una risa sibilante. Están también los que trepan y escalan —los bautizados “Trepadores”— que ascienden a los árboles y a los postes de luz con una fuerza inusitada, sobrehumana, henchidos y a la vez vacíos. Los Rientes se acumulan, se aglomeran. Una marea acústica que desorienta a los pájaros y hace que los aviones se estrellen; una amenaza mutante en constante transformación. Un mundo apocalíptico donde nada se clausura, empezando por la propia risa, en la línea de las películas de Parker Finn.
El autor cuenta que tuvo que añadirle un subtítulo: “Una novela de terror”. Porque, a primera vista, risa y terror no conviven. No conviven en una portada. A primera vista también, el terror en un libro hay que anunciarlo, explicitarlo. Aunque nadie podría advertir que en la risa se halla la crueldad del fin del mundo, la que viene a confirmarnos que nosotros —eso que llaman humanidad— somos una maraña de fracasos y muchas derrotas más. Y que a veces solo nos salvan los fantasmas.
Juan Chapple. “La gran risa”. Libros de la Medianoche, 2026. 156 páginas.
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