CULTURA|OPINIÓN
Bernardo Leigthon y Anita Fresno Créditos: Gabriel Pérez Mardones
Fragmentos de una memoria que todavía nos pertenece
Chile es un país que fue profundamente fracturado en las postrimerías del siglo pasado, y esa fisura todavía permanece latente, intacta, como una herida que no termina de cerrar. Hay memorias que se enfrentan, otras que se silencian y muchas que simplemente comienzan a desaparecer.
Cuando me preguntan por esa voz interna que suele revolotear sobre las primeras líneas de un texto, siempre la imagino como una flecha esbelta: aparece con un aire punzante y, con su composición vertiginosa, irrumpe de pronto en el acto creativo. Deja, con precisión quirúrgica, una diminuta bandera clavada en el corazón de los acontecimientos que me rodean. En ese cerco delimitado, acorralada dentro de los mundos imaginados, la creación se resiste a claudicar. Entonces no me queda otra opción: debo concederle un espacio concreto. En esa dimensión creativa, un impulso mecánico se despliega, dando forma a las distintas instancias que convergen en una idea central. Así se abastece ese trayecto parcelado, se hilvanan procesos internos, aprendizajes recientes y un estilo adquirido que, con el paso de los años, ha conservado su aspecto prolijo y sistemático. Con lo cual, después de haber atravesado un terreno plagado de experiencias, atesorando cada paso como un glosario que se desprende del alma, para ir en busca de algo sagrado, con el propósito de transformar ese pedregoso trayecto en una fértil aldea, donde se coronen los frutos y el camino haya valido la pena; si, después de ese largo derrotero, tuviera que elegir algunos aspectos fundamentales de ese itinerario, me quedaría con esa epifanía que genera el recuerdo. Y digo esto con una convicción que supera cualquier tipo de objeción. En principio, como tengo a mano el archivo, y ese documento gráfico posee alcances visuales, genera otro tipo de comunicación: establece un nexo entre lo acontecido en tiempos lejanos y el presente que me convoca a revisar este conjunto de fotogramas. En esa enigmática instancia visualizo un sinnúmero de rostros; proliferan las anécdotas y un cúmulo de circunstancias desembocan en las distintas coyunturas con las que tuve que lidiar. Precisamente en esa redundancia se fue amalgamando la fundación del recuerdo. Por eso es necesario conmemorar: porque el común de la gente suele desatender y, con bastante frecuencia, omite detalles y significativos alcances que marcan la diferencia. Por lo tanto, citar estas imágenes cada cierto tiempo genera nuevamente esa primordial novedad: los rostros adquieren una determinada frescura, una inaudita lozanía los adorna, y el paso del tiempo adula esa zancada segura, con ese garbo tan propio de la juventud. Por eso, esta suma de rostros no es sino un ejercicio de memoria. Una manera de poner en valor a un grupo de personajes que, desde distintos ámbitos y circunstancias, hicieron grandes cosas por Chile y cuyo desempeño los convirtió en protagonistas de los últimos treinta años del siglo XX en nuestro país.
Pero…
¿Por qué hago este ejercicio?
Porque siento una necesidad imperiosa de rescatar una huella y enarbolar el presente con esta mención. Quizás porque la fotografía, al final, no hace otra cosa que detener el tiempo y dejar un testimonio vivo de aquello que, de otro modo, inevitablemente se pierde. Chile es un país que fue profundamente fracturado en las postrimerías del siglo pasado, y esa fisura todavía permanece latente, intacta, como una herida que no termina de cerrar. Hay memorias que se enfrentan, otras que se silencian y muchas que simplemente comienzan a desaparecer con el paso de los años. Por eso vuelvo al archivo. Vuelvo a esas imágenes para rememorar, para mirar nuevamente esos rostros y recordar quiénes fuimos, qué nos ocurrió y quiénes, desde distintas trincheras y oficios, tuvieron la capacidad y el coraje de enfrentar tiempos difíciles. Traerlos nuevamente a la memoria es también una forma de reconocerlos. Fueron hombres y mujeres que, con inteligencia, astucia, valentía y versatilidad, contribuyeron a que Chile pudiera atravesar los vientos de la adversidad y abrir espacios de desarrollo, justicia y equidad. Quizás ese sea, finalmente, el sentido de este ejercicio: rescatar del archivo no solamente una fotografía, sino aquello que permanece detrás de ella. Un rostro, una historia, una época. Fragmentos de una memoria que todavía nos pertenece.
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