CULTURA|OPINIÓN
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“La bandera de Chile es extranjera en su propio país”: valoración de poeta chilena Elvira Hernández
Sus libros ofrecen una lectura crítica de los lenguajes dominantes, hipercodificados e instalados en el imaginario nacional chileno, y porque marcan un hito en las prácticas poéticas chilenas e hispánicas.
El reconocimiento y la valoración de la obra de la poeta chilena Elvira Hernández (1951) siguen consolidándose en el ámbito internacional. Hoy su poesía se lee y estudia en diversas latitudes.
Prueba de ello es la reciente publicación de una excelente colección de estudios preparada por Luis Correa-Díaz (U. de Georgia), María Ángeles Pérez López (U. de Salamanca) y Biviana Hernández (U. de Concepción). Me refiero a La bandera de Chile es extranjera en su propio país. Estudios sobre poesía civil/insurrecta de Elvira Hernández (Reichenberger, 2025), en cuyo lanzamiento el 22 de octubre, en el marco del VII Congreso Internacional de Estudios Exo-canónicos de la Universidad de Salamanca, tuve el placer de participar.
Este libro se suma a las recientes publicaciones antológicas y críticas sobre Elvira Hernández aparecidas en Estados Unidos.
La lectura de conjunto de la obra de Elvira Hernández permite comprender la complejidad de su itinerario poético y, sobre todo, su imbricación con la cultura chilena y, en particular, con la historia de las crisis políticas y las movilizaciones sociales que la han dinamizado. Su obra muestra la dimensión profundamente política de la poesía escrita desde los años ochenta, así como la disputa por los símbolos de la identidad y del poder en Chile.
Por ello, a cualquier lector no chileno podría sorprenderle que su libro más comentado sea La bandera de Chile de 1991 (escrito en 1981) y que ese gesto se prolongue hasta 2017 con Seudoaraucana y otras banderas (escrito en 2010). Este último libro surge, además, de un proyecto en el que participaron varios escritores, dirigido por el poeta mapuche Jaime Huenún y la académica Luz Ángela Martínez.
Cabe señalar, asimismo, que la traducción parcial de La Araucana. Ta awkan mapu mew (2006) fue realizada por el lingüista Manuel Segundo Manquepi y Elicura Chihuailaf, el poeta mapuche más reconocido y primer galardonado con el Premio Nacional de Literatura perteneciente a esta nación originaria.
El modo en que se discute la historia de Chile en la poesía de Hernández seguirá siendo, seguramente, motivo de estudio durante mucho tiempo. Como muestra el libro que comentamos, los textos producidos desde la Conquista y la Colonia (La Araucana, Arauco domado, Purén indómito y Cautiverio feliz) han generado profundos y complejos debates en torno a la construcción de las identidades nacionales y a la disputa por el imaginario dominante.
Alonso de Ercilla escribió una obra épica extraordinaria que suscitó controversias desde el momento mismo de su publicación. No en vano, García Hurtado de Mendoza, gobernador de Chile y posteriormente virrey del Perú, quien se sintió maltratado en la obra de Ercilla, encargó a Pedro de Oña que escribiera una loa a sus supuestas hazañas en Arauco. Así nació Arauco domado. Pero el poderoso y vanidoso Hurtado, insatisfecho aún, encargó nada menos que a Lope de Vega la escritura de un nuevo Arauco domado. Arte, literatura y poder en plena escenificación.
El gran mérito de Ercilla consiste en haberse percatado de la barbarie de las guerras de conquista, hasta el punto de tener que justificar en el prólogo de La Araucana su inclinación hacia los indígenas. Presiente que será criticado al mostrarse “algo inclinado a la parte de los araucanos, tratando sus cosas y valentías más extendidamente de lo que para bárbaros se requiere”.
Esta perspectiva humanista, introducida por el propio Ercilla, constituye la base de la magnífica lectura que Andrés Bello realizaría un par de siglos después. A juicio de Bello, esa “inclinación” sería el origen del desfavor y del escaso aprecio que los españoles mostraron por nuestra Eneida.
La bandera de Chile es extranjera en su propio país permite transitar por estos problemas desde perspectivas históricas, políticas, sociales e intertextuales. El subtítulo del libro, que califica la poesía de Hernández como “civil/insurrecta”, da cuenta de la dimensión política, inevitable y central, de su escritura.
Los distintos enfoques dejan al descubierto el carácter incómodo de esta obra poética para los diversos actores del poder: una dictadura brutal, una transición política a medias y una historia de levantamientos sociales que culmina, por ahora, con el estallido social de 2019. El papel de los poetas chilenos que emergieron durante la dictadura ha sido fundamental para comprender y desentrañar estos procesos.
La “Introducción” escrita por los editores arroja luces sobre muchas de estas cuestiones. Se trata de un magnífico prólogo, como cabría esperar de un texto firmado por tres destacados académicos(as). En éste, se sitúa la obra de Hernández en la trayectoria de los movimientos sociales, desde los años ochenta, especialmente el llamado “año decisivo” de 1986. Varios de los estudios incluidos en el volumen recogen esta perspectiva. Francisco Simón, por ejemplo, aborda con agudeza las subjetividades políticas y las disyuntivas que el movimiento social chileno ha experimentado durante las últimas décadas y que Hernández elabora poéticamente en su escritura.
Sin embargo, la poesía de Elvira Hernández no es relevante únicamente por su carácter civil o político. Como bien explica María Ángeles Pérez López, también lo es porque sus libros ofrecen una lectura crítica de los lenguajes dominantes, hipercodificados e instalados en el imaginario nacional chileno, y porque marcan un hito en las prácticas poéticas chilenas e hispánicas, en sus palabras «porque trazan una trilogía del territorio en que se reescriben (y trizan) las formas culturales dominantes».
En este paisaje de intertextualidades al que invita la poesía de Hernández, el artículo de Alec Schumacher recuerda que los versos del himno de las juventudes pinochetistas —“Chile eres tú, Chile, bandera y juventud”— fueron escritos, al parecer por encargo, por Braulio Arenas, el más importante poeta del surrealismo chileno, amigo de Breton y fundador del grupo Mandrágora.
Arenas recibió el Premio Nacional de Literatura en 1984, después de haber abjurado del surrealismo. Menciono este caso porque, así como la propuesta de Elvira constituye un ejemplo de coherencia poética y política, la poesía y los poetas también han estado, no pocas veces, al servicio de los fines que el poder les asigna en las tareas de disciplinamiento social y cultural.
Creo que existen muchos y excelentes estudios sobre la escritura de Elvira Hernández en este volumen, el que constituye, sin duda, un hito crítico en el análisis de su obra. Así lo demuestran las contribuciones de Marcelo Pellegrini, Biviana Hernández y Fernanda Moraga, entre otras, que convierten este libro en una invitación no sólo a leer la poesía de Hernández, sino también a revisitar la poesía chilena de la dictadura y la transición, así como a reflexionar sobre el modo en que las sociedades suturan la arpillera incompleta de su historicidad.
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