Opinión
DW
Japón, Fobos y el valor de la exploración internacional
La exploración espacial requiere recursos, conocimientos y tecnologías que muchas veces resulta más conveniente compartir. Y cuando esa colaboración funciona, sus beneficios pueden extenderse mucho más allá de los participantes.
En este preciso instante viaja por el espacio un cohete H3 que el pasado 20 de octubre despegó desde el Centro Espacial de Tanegashima, en el sur de Japón, transportando una sonda destinada a recorrer millones de kilómetros hasta llegar a las proximidades de Marte. Sin embargo, su objetivo no es aterrizar en el Planeta Rojo, sino explorar Fobos, la mayor de sus dos lunas, recoger muestras de su superficie y traerlas de regreso a la Tierra. Una misión extraordinaria, tanto por su complejidad científica y tecnológica como por la cooperación internacional que la hace posible.
La misión, denominada Martian Moons eXploration (MMX), está dirigida por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), creada en 2003 mediante la integración de tres organismos dedicados al desarrollo espacial. JAXA es una de las principales agencias espaciales del mundo y refleja la consolidación de Japón como una potencia en este ámbito. De hecho, el país asiático cuenta con capacidad propia para fabricar y lanzar cohetes y satélites, desarrollar sondas interplanetarias y participar en grandes proyectos internacionales, como la Estación Espacial Internacional.
En ese contexto, MMX representa un nuevo paso en esa trayectoria. La nave deberá llegar al entorno de Marte en agosto de 2027 y comenzar a estudiar Fobos desde sus proximidades. Durante los años siguientes analizará su composición, desplegará un pequeño vehículo explorador y recogerá al menos diez gramos de material de su superficie. También observará a Deimos, la segunda luna marciana. Y si todo ocurre según lo previsto, iniciará su regreso en 2030 y una cápsula con las muestras aterrizará en Australia en 2031, cinco años después del lanzamiento.
¿Por qué semejante esfuerzo para recuperar apenas 10 gramos de roca y polvo? porque ese material podría ayudar a resolver una interrogante que sigue abierta: ¿cómo se formaron las lunas de Marte? Al respecto, los científicos consideran dos hipótesis principales. La primera sostiene que Fobos y Deimos son antiguos asteroides capturados por la gravedad marciana. La segunda plantea que surgieron de los escombros de una gigantesca colisión contra Marte, de modo que conocer su origen permitiría comprender mejor la evolución del Planeta Rojo y la historia del sistema solar.
La elección de Fobos, en lugar de la superficie de Marte, tampoco es casual. Su gravedad extremadamente débil facilita ciertas operaciones de descenso y retorno, aunque plantea desafíos propios. Además, su superficie podría conservar partículas procedentes de Marte, expulsadas al espacio por antiguos impactos. De esta manera, Japón espera obtener información sobre el planeta sin necesidad de aterrizar directamente en él, una operación considerablemente más compleja.
Pero Japón no comienza desde cero. En 2003 lanzó la sonda Hayabusa, que consiguió recoger muestras del asteroide Itokawa y devolverlas a la Tierra en 2010. Su sucesora, Hayabusa2, repitió la hazaña con el asteroide Ryugu, cuyas muestras llegaron a nuestro planeta en diciembre de 2020. Estos logros, sumados a décadas de desarrollo de cohetes, satélites e investigación científica, demuestran que Japón ha construido capacidades espaciales propias y sostenidas en el tiempo. Esto demuestra que su posición no depende de una misión aislada, sino de una estrategia de largo plazo, respaldada por universidades, centros de investigación y una poderosa industria tecnológica.
Sin embargo, MMX también destaca por una característica que trasciende las fronteras japonesas. En el proyecto participan la NASA de Estados Unidos, la Agencia Espacial Europea, la agencia espacial francesa CNES y el Centro Aeroespacial Alemán (DLR). Sus aportes incluyen instrumentos científicos, sistemas de comunicaciones, apoyo desde estaciones terrestres y el pequeño vehículo explorador IDEFIX, desarrollado conjuntamente por Francia y Alemania. Un conjunto de capacidades provenientes de distintos países, integradas en una misión bajo liderazgo japonés.
Esta dimensión adquiere especial relevancia en el escenario internacional actual. Vivimos una época marcada por guerras, rivalidades estratégicas, competencia tecnológica y crecientes dificultades para alcanzar acuerdos multilaterales. Y el espacio tampoco está al margen de estas tensiones, desde el momento en que las grandes potencias compiten por desarrollar nuevas capacidades, garantizar su autonomía tecnológica y fortalecer su influencia más allá de la Tierra.
Pero la competencia no excluye necesariamente la cooperación. MMX demuestra que los países pueden perseguir sus propios intereses y, al mismo tiempo, reconocer las ventajas de trabajar juntos. La exploración espacial requiere recursos, conocimientos y tecnologías que muchas veces resulta más conveniente compartir. Y cuando esa colaboración funciona, sus beneficios pueden extenderse mucho más allá de los participantes.
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