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Chilena que participará en Berlin Science Week: “La Patagonia funciona como una ventana al futuro” CULTURA|CIENCIA

Chilena que participará en Berlin Science Week: “La Patagonia funciona como una ventana al futuro”

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La lingüista Michelle Lezana será parte de un evento que desde este domingo y hasta el 10 de noviembre reúne a la comunidad científica, instituciones, universidades, responsables de política pública, innovación y público general en uno de los principales festivales científicos de Europa.


La lingüista Michelle Lezana expondrá en la Berlin Science Week, que comenzará este domingo en la capital alemana, hasta el 10 de noviembre.

Lezana, miembro de la Red de Investigadoras de Chile, fue seleccionada en un proceso competitivo internacional y será la única chilena en ser parte del programa en el Inspiration Stage, un escenario de charlas tipo TED que da visibilidad a voces emergentes en ciencia.

Específicamente, dará una charla el 8 de noviembre, a las 18:00 horas.

El Berlin Science Week reúne durante diez días a la comunidad científica, instituciones, universidades, responsables de política pública, innovación y público general en uno de los principales festivales científicos de Europa, y en 2026 espera conectar a la programación con más de 35.000 personas.

Trayectoria

Michelle Lezana tiene una maestría del programa “Estudios Ingleses: Literatura, Lenguaje, y Cultura” de la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Adquirió este postgrado mientras simultáneamente hacía investigación en Meta-autorías y Humanidades Digitales en CETAPS (Centro de Estudios de Inglés, Traducción y Estudios Anglo-Portugueses) en la Universidad de Porto, Portugal. En tal ocasión, Michelle también coordinó proyectos de vinculación que unen la cultura y el medio ambiente para plantear preguntas sobre la sostenibilidad en la educación a través de las escuelas públicas a través de una mirada utópica. Entre estos proyectos se encuentran “Alimentopia”, y “Valongo, Ciudad Utópica”. Además, colaboró con Utopía 500; un proyecto multidisciplinario que conmemora los quinientos años desde la publicación de Thomas El libro de More, Utopía.

Sus campos de trabajo incluyen la Intermedialidad, Fotografía, Estética y Estudios Culturales. Su formación académica en Alemania, donde vivió durante 6 años, incluye docencia en Teoría Literaria, Poesía, el soneto Shakesperiano, Teatro, Escritura académica y Métodos de Investigación Literaria, en el programa de Licenciatura en Estudios Ingleses en la Universidad Libre de Berlín.

Antes de volver a Chile, trabajó por segunda vez en el CETAPS como Coordinadora de Investigación, Comunicación y Financiamiento. Actualmente, Michelle trabaja en la Universidad de Aysén, donde está a cargo de la Gestión de la Investigación, enfocada a la productividad científica y la escritura académica en idiomas extranjeros. En su trabajo, también se encuentra investigando estrategias para mejorar producción académica y radicalizar los campos de conocimiento desde la Patagonia, empoderando simultáneamente a la comunidad local mediante la divulgación científica.

– ¿Cómo se gestó tu participación en el evento?

Mi participación en Berlin Science Week tiene un significado muy especial porque representa un retorno. Crecí en la Patagonia, me fui a Alemania para mi formación académica, estudié y trabajé en Berlín, desarrollé parte de mi carrera en Portugal y luego regresé a Aysén porque quería construir capacidades de investigación en una universidad pública nueva. Y ahora vuelvo a Berlín con una propuesta intelectual desarrollada en uno de los territorios más remotos de Chile, con base en mi formación académica en Alemania. Hay algo muy significativo en regresar al lugar donde me formé llevando conocimiento desarrollado desde el territorio donde crecí.

Berlin Science Week es uno de los encuentros dedicados al diálogo entre ciencia y sociedad más grandes de Europa. Su programación reúne a instituciones de investigación, universidades, artistas y públicos diversos, y ha convocado a más de 35.000 visitantes en ediciones anteriores. Fui seleccionada como la única chilena del Inspiration Stage, un espacio de charlas que busca acercar ideas científicas complejas a audiencias amplias. El tema del festival este año es In Touch, y propone reflexionar sobre nuestras formas de entrar en contacto con la ciencia. Reconocí inmediatamente que había afinidad entre el tema y una pregunta que atraviesa mi trabajo: cómo circula el conocimiento, qué formatos permiten comprenderlo o restringen su acceso.

Postulé de manera independiente, mientras estaba fundando el Institute for Wild Futures (IWF) junto a mis dos cofundadores. Es un instituto de interés público que coordina conocimiento y capacidades en ecología, tecnología y gobernanza. Tenemos una proyección internacional, con vínculos y capacidades en Chile y Europa.

La selección tiene también un valor como prueba de concepto. Demuestra que un enfoque construido desde Patagonia puede entrar en una conversación científica internacional y aportar herramientas que pueden ser relevantes y de buen nivel. Mi participación será el 8 de noviembre, en Haus der Kulturen der Welt, una de las instituciones culturales de Alemania con más prominencia del país, y que frecuentaba cuando vivía en Berlín con mucha admiración. Nunca imaginé que volvería para ocupar ese espacio como expositora.

– ¿Con qué trabajo vas a participar?

Presentaré Ancestral Algorithms: How Did Rural Women End Up Weaving eDNA into a Tapestry in Remote Patagonia?, una charla que sigue el viaje de información científica sobre biodiversidad marina desde el ADN ambiental en Raúl Marín Balmaceda hasta su representación mediante técnicas textiles patrimoniales. Soy lingüista y filóloga de formación, y mi trabajo se centra en estudiar cómo se construye, representa y transmite la información científica a través de distintos sistemas de comunicación que crean accesos, brechas, o dinámicas de poder. Este trabajo tiene relación directa con mi formación en Berlín, donde estudié Curatorial Practice within Cultural Policy and Institutional Frameworks, con el profesor Stéphane Bauer, en Kunsthaus Bethanien, vinculado a la Universität der Künste. Esa experiencia formativa me permitió profundizar en la manera en que la curaduría organiza relatos y relaciones entre contenidos, espacios y públicos.

RESIDENCIA REMOTA surgió de ese aprendizaje como un laboratorio experimental. Mi interés era crear un programa científico-artístico en Aysén donde artistas e investigadores pudieran experimentar con los lenguajes y soportes mediante los cuales circula el conocimiento, utilizando la propia comunicación como campo de investigación aplicada. Mi foco es investigar un de las últimas etapas del ciclo de investigación: ese momento en que el conocimiento ya ha sido producido, pero todavía necesita encontrar las condiciones para circular, y ser apropiado por las comunidades científicas, no-especializadas, y tomadores de decisiones. Para mí, esa etapa constituye un campo de investigación en sí mismo, capaz de generar literatura, metodologías y modelos aplicados.

RESIDENCIA REMOTA fue una forma concreta de experimentar con esa hipótesis. En mi charla propongo una lectura lingüística de ese recorrido desde el territorio, el laboratorio, la residencia, y cómo la información científica realiza un recorrido entre distintos lenguajes. Una secuencia genética, un código digital, un patrón visual y un tejido utilizan convenciones diferentes para organizar y representar información, y con ello, cuando el conocimiento cambia de soporte, también cambian las posibilidades de comprenderlo y las relaciones que establecemos con él. Un artículo científico en inglés es una convención muy valiosa, pero también existen otros medios capaces de ampliar las posibilidades de comprensión sin sacrificar la complejidad de la información.

También hay una dimensión personal que atraviesa este trabajo. Mi abuela es artesana y crecí observándola trabajar con lanas, teñidos naturales y patrones textiles. En Aysén, donde el clima es muy exigente, la lana forma parte de una cultura rural y también de la vida familiar. El cuidado y los afectos, en una zona de clima extremo, se traducen en un chaleco tejido, una manta o algo hecho para proteger a otra persona del frío. Por eso, cuando apareció la posibilidad de que información científica encontrara expresión en un tejido, reconocí un lenguaje cultural que había habitado desde mi infancia. Comprendí que ciertos materiales podían acercar el conocimiento a las personas, y me interesa explorar cómo estos medios y lenguajes culturales habilitan que el conocimiento científico regrese a las comunidades y territorios donde se origina.

– ¿Cuál es la importancia de visibilizar la ciencia en regiones?

Creo que debemos avanzar hacia una discusión mucho más profunda que visibilizar, y poner atención a quiénes tienen la facultad de producir conocimiento y ser un interlocutor válido en las conversaciones que lo legitiman. La centralización del conocimiento es, en buena medida, un constructo administrativo. Podemos concentrar instituciones, financiamiento e infraestructura científica en determinados lugares, pero los fenómenos que estudiamos no responden a esa organización.

Chile tiene una diversidad territorial extraordinaria: desde los cielos del norte, fundamentales para la astronomía, hasta los glaciares, bosques, humedales y ecosistemas marinos de la Patagonia. Las preguntas científicas que surgen de esos paisajes son distintas y sus posibilidades de contribuir al conocimiento también lo son. La geografía de nuestras instituciones no puede determinar la geografía del conocimiento. Por eso considero que los territorios, más allá de la visibilización, necesitan desarrollar la capacidad de producir conocimiento sobre sí mismos, narrarse desde ese conocimiento y participar en las decisiones que afectan su futuro. Visibilizar la ciencia desde regiones es valioso, pero es fundamental que las regiones, y sobretodo las zonas remotas, puedan trascender su condición de lugar de observación o muestreo para convertirse en un interlocutor que se narre a sí mismo y defina sus propias preguntas y prioridades de investigación.

Cuando un territorio carece de capacidad para producir conocimiento propio, pierde autonomía, posibilidades de gestión e incidencia. Pero también pierde el país, porque excluimos perspectivas que podrían ayudarnos a encontrar soluciones. Los desafíos contemporáneos, desde el cambio climático hasta la seguridad alimentaria y la pérdida de biodiversidad, exigen una conversación amplia entre disciplinas, territorios y sistemas de conocimiento. No podemos enfrentar problemas complejos mediante un monólogo geográfico o epistemológico.

– ¿Cuál es la importancia de participar en este evento como única chilena, en un momento de recortes?

Creo que mi participación en Berlin Science Week es una prueba concreta de que Chile tiene capacidades, talento y conocimientos relevantes para contribuir a grandes conversaciones científicas internacionales con la misma relevancia y rigor intelectual que cualquier otro país. Además, esta instancia ilustra el valor de la inversión pública en investigación más allá de la ciencia básica; mi charla en la Berlin Science Week posiciona ciencia regional financiada por el Gobierno Regional de Aysén en un escenario internacional aportando directamente al desarrollo del turismo científico, un área de crecimiento económico clave en la Patagonia Aysén.

En un escenario de restricciones presupuestarias, me parece importante comprender que participar en la producción y discusión internacional de conocimiento también es una forma de tener incidencia sobre nuestro propio desarrollo. Las agendas científicas, los marcos de cooperación y los conocimientos que orientan las decisiones sobre cambio climático, biodiversidad, tecnología o escasez hídrica se construyen mediante conversaciones internacionales. Invertir en investigación permite que Chile contribuya con perspectivas propias a esas conversaciones desde territorios muy estratégicos a nivel mundial.

Me gusta pensar que la Patagonia funciona como una ventana al futuro. En sus glaciares, ecosistemas y paisajes podemos observar con especial claridad transformaciones asociadas al cambio climático que permiten anticipar escenarios que también afectarán a otros territorios. Esa condición nos sitúa en una posición privilegiada para producir conocimiento relevante frente a desafíos globales. Yo ahí veo una oportunidad para cuestionar las jerarquías que determinan cómo, dónde y desde quiénes se produce conocimiento en áreas fundamentales para el futuro de nuestros sistemas de vida. El Institute for Wild Futures nace precisamente de esa convicción: que los territorios remotos tienen conocimientos y perspectivas indispensables para comprender y construir el futuro que compartimos.

Chile tiene el talento científico, la diversidad territorial y las capacidades necesarias para contribuir a las grandes discusiones internacionales. Nuestra participación importa porque el conocimiento que se produce en esos espacios orienta decisiones que también determinarán nuestro desarrollo. Debilitar nuestras capacidades científicas significa renunciar a parte de esa influencia, precisamente cuando los desafíos globales exigen incorporar más perspectivas. Tenemos una comunidad científica con conocimiento propio y capacidad para participar en esas discusiones. El futuro de Chile se está definiendo en ellas, y su impacto trasciende a un horizonte mayor que cualquier período político.

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