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El Brasil que Lula tendrá que negociar Opinión Archivo

El Brasil que Lula tendrá que negociar

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Sebastián Casanova Díaz
Por : Sebastián Casanova Díaz Magister en Relaciones Internacionales.
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Algunas decisiones importantes comenzarán lejos de las cumbres: en las condiciones de un crédito, en una excepción comercial o en una votación parlamentaria.


Los brasileños volvieron a elegir a Lula y dejaron la mayor bancada de la Cámara en manos del partido de su adversario. El parte oficial de la Justicia Electoral actualizado el 25 de octubre a las 21:52, hora de Brasilia, registraba un 51,77 % para Lula y un 48,23 % para Flávio Bolsonaro, con el 99,9 % escrutado. Su cuarta victoria llega acompañada de una negociación política que ya tiene representantes elegidos para hacerla difícil.

La abstención descendió del 21,08 % al 19,21 %, según el Senado brasileño. Hubo electores que acudieron cuando la disputa parecía más incierta. Ese esfuerzo reúne expectativas distintas: conservar prestaciones sociales, respaldar al presidente o impedir el regreso bolsonarista pueden conducir al mismo voto. Después comienzan las diferencias sobre lo que corresponde hacer con él.

La división tiene representantes

Antes de la elección, el 78 % percibía un país polarizado, de acuerdo con Datafolha. Otro levantamiento del instituto, realizado entre el 20 y el 22 de octubre, registraba un 49 % de aprobación personal y un 48 % de desaprobación. El costo de vida y la inseguridad convivieron durante la campaña con la defensa de políticas sociales, las controversias por corrupción y las preocupaciones democráticas, como documentó Associated Press.

Nuestra lectura es que Lula preservó una promesa de protección en una sociedad insatisfecha. Las cifras no permiten atribuir una causa única a la división. El próximo mandato deberá responder a problemas que sobrevivieron a la campaña, mientras sus adversarios intentan convertir cada dificultad gubernamental en una nueva oportunidad electoral.

El PL obtuvo 121 diputados frente a los 88 de la federación PT-PCdoB-PV y tendrá 28 senadores. Ambas fuerzas necesitarán aliados. Esa distribución acompañará la agenda exterior cuando requiera legislación, aprobación de tratados o presupuesto. Los artículos 49.I y 84.VIII de la Constitución distribuyen competencias sobre compromisos internacionales entre Congreso y Presidencia. Otras formas de cooperación tienen procedimientos distintos: el margen gubernamental dependerá también del instrumento elegido.

China entra en la discusión doméstica

Entre enero y septiembre, China compró productos brasileños por US$84.680 millones, un aumento interanual del 12 %. Lula y Xi Jinping ya acordaron acelerar las tratativas Mercosur–China. Los exportadores interesados en vender más y los fabricantes expuestos a mayores importaciones llegarán a esa discusión con cuentas diferentes.

Helen Milner permite seguir el conflicto sin atribuir a Brasil una preferencia única. En Interests, Institutions, and Information, la cooperación internacional depende de intereses, instituciones e información. Aquí importa quién obtiene acceso al mercado chino, quién pide protección y quién puede modificar el acuerdo. Las posiciones pueden cambiar cuando se conocen plazos, excepciones y oportunidades de inversión. El respaldo electoral del presidente no resuelve esas diferencias.

La preocupación por los fabricantes y la posibilidad de un entendimiento limitado aparecen en una evaluación de Reuters. Esa vía parece más plausible que una apertura amplia: permitiría negociar productos y procedimientos específicos mientras continúan otras disputas. Lula tendrá que construir apoyos para condiciones concretas, con sectores que pueden coincidir sobre su candidatura y discrepar sobre sus decisiones comerciales.

Washington y los vecinos

Con Estados Unidos existen reclamos precisos. El MDIC estimó en julio que sobretasas combinadas del 37,5 % alcanzaban productos equivalentes al 16,5 % de las exportaciones brasileñas hacia ese mercado, calculadas sobre 2024. La cifra mide exposición comercial. Detrás están actividades cuyos empleos e ingresos darán urgencia a las conversaciones.

El documento estadounidense basado en la Sección 301 también aborda comercio digital y pagos electrónicos. Mientras negocia esas controversias, Lula intentará profundizar sus relaciones con Pekín. Cabe esperar avances parciales y discusiones prolongadas. La competencia entre ambas potencias entrará en decisiones brasileñas cuyos costos tendrán que discutirse dentro del país.

Tampoco encontrará coincidencia regional automática. Javier Milei y su proximidad con Washington agregan dificultades a las conversaciones con China; Paraguay introduce sus vínculos diplomáticos con Taiwán. Reuters identifica ambos obstáculos. Las derechas y ultraderechas regionales tienen diferencias que Brasil necesitará reconocer. Acuerdos limitados, con beneficios aceptables para gobiernos distintos, parecen una vía practicable. Para Chile interesa qué iniciativas sobreviven a las alternancias y bajo qué condiciones podemos participar.

Los BRICS en territorio brasileño

En Bahía, Minas Gerais, Pernambuco y Piauí hay instalaciones que permiten discutir los BRICS desde sus resultados. Un proyecto canalizado mediante BNDES recibió US$300 millones del Nuevo Banco de Desarrollo, creado por el grupo, y comprendió 277 aerogeneradores y 594.750 paneles solares. La evaluación de su oficina independientelo consideró exitoso y señaló insuficiencias en seguimiento y atención a comunidades. Ofrece antecedentes para ampliar cooperación y corregir su ejecución.

La diversificación monetaria tiene otro ejemplo. En octubre de 2024, el Nuevo Banco de Desarrollo, conocido como el banco de los BRICS, aprobó 1.425 millones de renminbis para redes eléctricas de CPFL Paulista. Fue su primer préstamo en moneda china para un proyecto fuera de China. Esa alternativa exige examinar costos y administración del riesgo cambiario cuando los ingresos se generan en reales.

Al mismo tiempo, el crédito de hasta US$500 millones autorizado por el Senado en julio de 2026, destinado a fondos de desarrollo regional, contempla una tasa vinculada a la SOFR. La Declaración de Río de 2025 impulsa financiamiento en monedas locales; los instrumentos mantienen condiciones diversas. Lula tendrá argumentos para profundizar esa participación si consigue proyectos útiles y costos defendibles.

La secuencia importa para el nuevo mandato. Un acuerdo exterior puede ofrecer recursos y oportunidades con los cuales reunir apoyos internos; también puede distribuir costos que fortalezcan la resistencia parlamentaria. Por eso conviene seguir las negociaciones desde sus efectos sobre actividades y territorios brasileños. La capacidad internacional de Lula se jugará en esa relación, con resultados diferentes según el asunto. Una iniciativa financiera puede avanzar mientras un compromiso comercial se demora, incluso cuando ambos formen parte de la misma orientación presidencial hacia sus socios internacionales.

Las preguntas de la campaña digital

Nos interesa detenernos en una preocupación surgida de la elección. El TSE exigió explicaciones a Meta y Xsobre anuncios, distribución de contenidos e inteligencia artificial. Dispuso revisar un video retirado de Instagram y solicitó información sobre Grok. El tribunal aclaró que los antecedentes todavía no demostraban las irregularidades denunciadas. La controversia está documentada; su efecto sobre los votos sigue sin establecerse.

Meta negó interferencia política y atribuyó incidentes a problemas técnicos y aplicación de reglas. La dificultad brasileña consiste en fiscalizar decisiones cuyos criterios están en manos empresariales. Una restricción puede afectar la información recibida aunque la intención partidaria no esté probada. Determinar su alcance exige datos y posibilidades de revisión, además de explicaciones empresariales.

En Digital Empires, Anu Bradford examina cómo prioridades regulatorias distintas generan conflictos entre Estados y compañías. Brasil ofrece una aplicación concreta: las exigencias de transparencia electoral pueden adquirir dimensión diplomática cuando involucran empresas transnacionales y controversias comerciales. Lula podría buscar cooperación para fortalecer la fiscalización. Deberá atender también los riesgos para la libertad de expresión identificados por ARTIGO 19. Sus medidas necesitarán garantías utilizables por los adversarios del gobierno.

El próximo mandato probablemente avance mediante acuerdos parciales, financiamiento sujeto a ejecución y una cooperación regional trabajosa. Lula cuenta con experiencia para negociar ese terreno y con una oposición que conoce sus fuerzas. Algunas decisiones importantes comenzarán lejos de las cumbres: en las condiciones de un crédito, en una excepción comercial o en una votación parlamentaria.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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