CULTURA|OPINIÓN
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Pablo Neruda, un clásico del siglo XX
Se nos muestra como un personaje indisociable de la historia y el desarrollo artístico del siglo XX, por su obra extraordinaria y multiforme, su compromiso con las luchas populares, su potente nexo con Chile y con el mundo entero. Su obra es una herencia que lo torna inmortal y presente.
La lectura de este volumen biográfico sobre Pablo Neruda, profuso, detallado y documentado, ha reforzado en mí una convicción que, si bien tenía clara, siempre es bueno corroborar. Pablo Neruda es una de las principales figuras artísticas del siglo XX: prolífico, incansable, multifacético, activo, participante, comprometido, controversial.
Era y es posible, por cierto, estar de acuerdo o en desacuerdo con su ideario político (después de la guerra todos son generales, más todavía a más de medio siglo de su muerte), pero no se puede ignorar la extraordinaria potencia de su obra poética y literaria. Es un clásico de todos los tiempos, de la dimensión de grandes talentos como Cervantes y Shakespeare.
A ello se suman sus virtudes de lector inagotable, coleccionista de toda clase de maravillas (que primero hay que descubrir), estudioso de los caracoles con prestigio internacional (malacólogo experto) y viajero infatigable. En todo lugar del mundo donde he podido estar, siempre ha ocurrido que en algún momento alguien ha tomado la palabra para recitar de memoria uno de sus grandes poemas; esa es la mejor forma de medir el valor de un clásico, mucho más veraz que una valoración académica o que la pertenencia a un supuesto canon.
La biografía que Amorós ha construido sobre la vida de Neruda es tan monumental y vasta como la obra y la vida del poeta. Nos ofrece una perspectiva detallada, a veces abrumadora, de su historia, con los altos (extraordinarios) y bajos que conforman la existencia de los grandes artistas, expuestos al riguroso escrutinio público. La conclusión que subyace a la lectura de esta biografía es la admiración hacia su trabajo poético y su dedicación a las causas populares. ¡Cómo fue posible hacer tanto en el trayecto de una vida humana!
Tuve la fortuna de conocer a Pablo Neruda (debo ser uno de los pocos que lo conoció con cercanía antes de los 18 años) porque mi padre, Diego Muñoz Espinoza, fue su amigo desde el Liceo de Temuco, cuando eran niños en el Sur, junto con el poeta Juvencio Valle (Premio Nacional de Literatura). De modo que tuve el honor y raro privilegio de tratar de tíos a estos personajes, así como escuchar desde niño sus conversaciones sobre la Guerra Civil Española, aventuras y juergas juveniles, luchas y manifestaciones populares, lecturas diversas, viajes y anécdotas interminables. Nunca aprecié en él distancia, soberbia ni gravedad; más bien exudaba deseos de vivir, de reír y de crear. Recuerdo haber sido, siendo niño, su ayudante en Isla Negra para liberar globos de papel (costumbre importada de un viaje a China) en uno de sus cumpleaños; en realidad fuimos dos niños liberando al cielo nocturno los globos de colores impulsados por el aire caliente de un cabo de vela. Las decenas de invitados celebraban cada vuelo con sonoras exclamaciones y brindis.
En la presentación Amorós declara: “sus versos forman parte del patrimonio de la humanidad. Como la de Homero, Shakespeare, Tolstoi, García Lorca o Whitman, su obra tiene el sello de la inmortalidad”. El poeta dijo reiteradamente “que su oficio era tan importante como el del panadero que cada día cumple su labor y entrega sus frutos a la comunidad”. Con esa naturalidad produjo su obra este niño nacido en un humilde hogar de Parral en los albores del siglo XX.
En la lectura de este libro, como era de esperar, encontré con frecuencia referencias a mi padre, uno de los amigos que cargaron el ataúd de Neruda en su entierro, que fue la primera manifestación antifascista a pocos días del golpe militar del 11 de septiembre de 1973. En las fotos y videos del entierro pueden verse —entre otros— Juvencio Valle, Francisco Coloane, Diego Muñoz Espinoza y mi madre, Inés Valenzuela. El libro “Memorias de la bohemia nerudiana” de mi padre fueron una de las fuentes del estupendo trabajo de Mario Amorós.
Esta biografía es una fuente casi infinita de datos, incidentes y curiosidades del mundo literario. Por sus páginas desfilan nombres destacados: García Lorca, Miguel Hernández, Ilia Ehrenburg, Pablo Picasso, Rafael Alberti, Gabriela Mistral, Alone, Raúl Silva Castro, Alberto Rojas Jiménez, Rubén Azócar, Roberto Meza Fuentes, entre cientos de otros, que atraen la curiosidad del lector cercano al mundo de la escritura.
Los amores son estructurantes en la vida de Neruda. Amorós nos describe las diversas musas que desde su adolescencia lo estremecieron y dejaron su impronta en la poesía nerudiana. Sus tres esposas —María Antonieta Hagenaar, Delia del Carril y Matilde Urrutia— marcaron etapas en su vida.
La lucha política fue otra columna vertebral, importante y turbulenta, en su vida de militante comunista. A causa de esa acendrada y permanente vocación política sufrió denuestos, persecución, exilio, así como también grandes honores, viajes y fama internacional.
En suma, Pablo Neruda se nos muestra como un personaje indisociable de la historia y el desarrollo artístico del siglo XX, por su obra extraordinaria y multiforme, su compromiso con las luchas populares, su potente nexo con Chile y con el mundo entero. Su obra es una herencia que lo torna inmortal y presente, a más de medio siglo de su muerte. La biografía de Mario Amorós pone de relieve la trascendencia de su legado.
Ficha técnica:
Neruda. El príncipe de los poetas, Mario Amorós, Ediciones B, Santiago, 2026, 608 pp.
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