Opinión
Cambio de escenario político: las chicas grandes no lloran
La Presidenta hizo en lo formal lo que un buen asesor de comunicaciones recomienda: ante un escenario comunicacional crítico y a la defensiva, mueve tu poder de impulso, concéntralo y cambia el escenario de manera dramática. Así lo hizo. Al día siguiente todos estábamos enfocados en el hecho. Hasta opacó la lata de La Haya y desató las operaciones de interpretación y cobro de cuentas.
La decisión de la Presidenta de la República de comunicar que había pedido la renuncia a todos sus ministros en una entrevista en vivo en televisión, fue un golpe de efecto magistral. Bastante poco convencional y altamente coherente con su estilo político y diseño de Gobierno unipersonal y neocaudillista, determinó un cambio dramático de escenario político, que le da la oportunidad de romper la inercia y volver a controlar la agenda. Todo depende de lo que haga a continuación.
Queda claro que se apartó de los partidos de su coalición en la decisión, y asumió la responsabilidad de un cambio que hace rato se esperaba, de manera solitaria y espectacular. Telepolítica le llaman algunos.
Pero no hay que ver sólo el modo y el medio, sino también el contexto, y la decisión tiene una astucia sutil de féminas malas, lo que siempre es una buena sazón.
La decisión de los nombres de reemplazo, seguramente ya previstos, vendrá después bajo el lema síganme los buenos y… los que yo convoque. El entreacto de 72 horas es un subrayado a la especulación y la expectación. Es un slowly dentro del espectáculo. Bravo. Por primera vez un sketch politico fino y de inesperados resultados. Pero, ojo, con profundo contenido político (espero no equivocarme)
[cita] Lo único evidente es que el estilo unipersonal y sigiloso se afirma. Segundo, que el gabinete se desplomó y que, por lo tanto, haciendo uso de su comodín de fecha fija de vencimiento, la Presidenta utilizó aquel de su fecha fija de vencimiento el 2018 para proyectar la imagen de la salida completa del gabinete. Acto seguido, para que no pareciera chambonada, abrió la puerta de reingreso con el canciller Muñoz, lo que dejó pagando incluso a chicos listos de la derecha como el senador Chahuán, quien desde La Haya apareció dando “apoyo” a Muñoz [/cita]
La Presidenta hizo en lo formal lo que un buen asesor de comunicaciones recomienda: ante un escenario comunicacional crítico y a la defensiva, mueve tu poder de impulso, concéntralo y cambia el escenario de manera dramática. Así lo hizo. Al día siguiente todos estábamos enfocados en el hecho. Hasta opacó la lata de La Haya y desató las operaciones de interpretación y cobro de cuentas.
Algunas corrieron de la mano del estilo mercurial en el tabloide La Segunda, inventando ministro del Interior (Tohá) y de Justicia (el renunciado Samuel Donoso al PPD). El hombre detrás de la movida, según el tabloide, fue Guido Girardi… Pura operación como un acto de descarte y aproximaciones, en que de verdad nadie tiene una fija.
Lo único evidente es que el estilo unipersonal y sigiloso se afirma. Segundo, que el gabinete se desplomó y que, por lo tanto, haciendo uso de su comodín de fecha fija de vencimiento, la Presidenta utilizó aquel de su fecha fija de vencimiento el 2018 para proyectar la imagen de la salida completa del gabinete. Acto seguido, para que no pareciera chambonada, abrió la puerta de reingreso con el canciller Muñoz, lo que dejó pagando incluso a chicos listos de la derecha como el senador Chahuán, quien desde La Haya apareció dando “apoyo” a Muñoz.
La incógnita es el Ministerio del Interior, que a estas alturas debiera llamarse misterio del Interior, por la cantidad de preguntas sin respuesta que acumula. La primera es qué pan de pascua envenenado comió el ministro Peñailillo en las fiestas de fin de año que, mareado o entontecido, ha terminado en ser la figura emblemática que amenaza a la Presidencia. Si sigue en el gabinete será cariño a toda prueba. De política, cero.
Entre hoy y el 21 de mayo, la Presidenta tiene la oportunidad de reelaborar su carta de navegación para el Gobierno. Por cierto, puede insistir en las reformas estructurales, como lo sugiere disciplinadamente el mejor partido oficialista, el Partido Comunista. Total, las promesas del cambio estructural, al igual que las de un Gobierno probo, solo son discursos, pues donde no hay camino, se hace camino al andar.
Lo importante es cómo va a usar sus facultades administrativas, cómo va a impulsar una agenda –en conjunto con el propio Congreso– para devolver la legitimidad básica de funcionamiento al Poder Legislativo. Cómo sale del embrollo de nombrar un nuevo contralor; y cómo, de un nuevo Fiscal Nacional. Entre otras muchas tareas atrasadas y en un estilo que permita que vuelva la confianza a la ciudadanía.
Por cierto, puede seguir usando la tele. Lo único que se sugiere es que no sea en un programa de Yerko Puchento, porque ahí se arrancan los micrófonos, aunque tiene gran sintonía. En todo caso, señoras, si este las menciona no importa, las chicas grandes no lloran.