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Bochorno electoral en la UDI, la antesala del quiebre interno

por 3 diciembre, 2018

Bochorno electoral en la UDI, la antesala del quiebre interno
Haber tenido que postergar las elecciones hasta el 16 de diciembre debido a que EVoting fallara de manera bochornosa, solo hace proyectar que la espuma seguirá subiendo y siembra un manto de dudas sobre lo que pasará en estas dos semanas de campaña forzada. Denuncias cruzadas de intento de “boicot” –problema técnico habría sido de origen “externo”–, ¿a quién le convenía este “tiempo extra"?, ¿qué oscuras manos intervinieron en este sabotaje, de acuerdo a la pobre explicación de la empresa cuestionada? Según el argumento de EVoting, una de las hipótesis que se podría plantear entonces es que uno de los dos comandos consideró que le estaba faltando poco para alcanzar el triunfo y requería de los 5 minutos de alargue en la final.
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El vergonzoso episodio vivido ayer en las elecciones en la UDI, fue la coronación de un proceso que ha estado caracterizado por duros intercambio de opiniones, recriminaciones mutuas y denuncias de intento de alterar el padrón autorizado por el propio Tribunal Calificador de Elecciones del gremialismo. Pero, además, marcada por el factor Bolsonaro, que se metió en medio de la contienda interna para determinar la mirada de país que proponían los dos contendores –la timonel Jacqueline van Rysselberghe y el diputado Javier Macaya– respecto de las redefiniciones doctrinaras del pasado pinochetista, sus posturas frente a temas valóricos e, incluso, la lealtad al programa y Gobierno de Sebastián Piñera.

Haber tenido que postergar las elecciones hasta el 16 de diciembre debido a que EVoting fallara de manera bochornosa, solo hace proyectar que la espuma seguirá subiendo y siembra un manto de dudas sobre lo que pasará en estas dos semanas de campaña forzada. Denuncias cruzadas de intento de “boicot” –problema técnico habría sido de origen “externo”–, ¿a quién le convenía este “tiempo extra"?, ¿qué obscuras manos intervinieron en este sabotaje, de acuerdo a la pobre explicación de la empresa cuestionada? Según el argumento de EVoting, una de las hipótesis que se podría plantear entonces es que uno de los dos comandos consideró que le estaba faltando poco para alcanzar el triunfo y requería de los 5 minutos de alargue en la final.

Ambos competidores declararon sentirse perjudicados con lo ocurrido, sin embargo, es evidente que Van Rysselberghe queda mucho más expuesta, porque ella es la actual presidenta del partido y, por tanto, quien estaba a cargo del proceso de votación. La responsabilidad de volver a contratar a la empresa –falló en la elección del gremialismo de 2016 y las de Ciudadanos este año– que sólo ha tenido una historia de fracasos, genera a lo menos la duda respecto al criterio de elección. ¿Qué intereses están detrás de la decisión de insistir en EVoting? El argumento expresado por la senadora vía Twitter, en relación con que la empresa fue contratada por la directiva de Hernán Larraín, no hace más que confirmar que la mesa directiva sí podía intervenir en esas decisiones.

La senadora apeló al UDI duro, ese que no estuvo de acuerdo con el divorcio, el aborto en tres causales y se indignó por el apoyo que el Gobierno le dio a la Ley de Identidad de Género, pero también ese que fue a gritar a Londres cuando detuvieron a Pinochet o que hasta el día de hoy aprueba, entre cuatro paredes, porque decirlo es políticamente incorrecto, las violaciones a los derechos humanos. Ese militante que aplaudió a rabiar las propuestas de Bolsonaro. Lo que ha querido JVR en esta elección es dar una especie de golpe de Estado a los “socios controladores” –como diría Pepe Auth–, a ese grupo que condujo el partido como una camarilla de amigos, de compañeros de curso por décadas.

JVR parece haber hecho un cambio de estrategia de última hora, lo que se refleja en el llamado a Macaya, 48 horas antes de la elección, para hacerle una extraña oferta: permitir que 60 mil militantes no habilitados pudieran sufragar. La verdad es que sonó a un intento de incluir a grupos de personas que, de seguro, la lista de la senadora había logrado identificar y contactar. No se explica de otra forma. Este hecho específico puede abrir diversas hipótesis entre algunos militantes del gremialismo.

¿Qué podría ganar Macaya con este alargue? Intentar llegar a una base que, se dice, hasta ahora pertenece a JVR, ya que su fuerte estaría en la elite del partido, pero pareciera que eso sería muy costoso para el que hace de retador. Mal que mal, de tener cualquier evidencia de intervención, podría comprometer a los históricos del partido que son a quienes representa. ¿Podría haber otros interesados en intervenir esta elección? Difícil.

Más allá de lo sospechoso de lo ocurrido ayer, esta ha sido una de las elecciones internas de un partido más reñidas y mediáticas de los últimos años. Solo en 2018, la DC eligió a Fuad Chahin, el PPD a Heraldo Muñoz y RN reeligió a Mario Desbordes sin ninguna sorpresa, sin competencia y menos debate. Fueron meros trámites administrativos y los pocos militantes que concurrieron a las urnas constituyen prueba de ello. Como anécdota, en Renovación Nacional la lista perdedora fue encabezada por Álvaro Contreras. ¿Lo había escuchado alguna vez?

A diferencia de las internas de 2016, en que el partido se dividió entre conservadores –apoyados por los coroneles– y liberales, si es que cabe este concepto en el gremialismo –liderados por Jaime Bellolio, que obtuvo el 37.6% contra el 62.4% de la senadora–, esta vez la disputa ha estado marcada por el quiebre entre unos disminuidos coroneles, cuyo principal rostro es el clan Coloma y el surgimiento del caudillismo de JVR, quien tomó vuelo propio, está encabezando una rebelión contra la elite del partido y se la jugó en las bases.

La senadora apeló al UDI duro, ese que no estuvo de acuerdo con el divorcio, el aborto en tres causales y se indignó por el apoyo que el Gobierno le dio a la Ley de Identidad de Género, pero también ese que fue a gritar a Londres cuando detuvieron a Pinochet o que hasta el día de hoy aprueba, entre cuatro paredes, porque decirlo es políticamente incorrecto, las violaciones a los derechos humanos. Ese militante que aplaudió a rabiar las propuestas de Bolsonaro. Lo que ha querido JVR en esta elección es dar una especie de golpe de Estado a los “socios controladores” –como diría Pepe Auth–, a ese grupo que condujo el partido como una camarilla de amigos, de compañeros de curso por décadas.

Las últimas semanas ha ido quedando en evidencia que un triunfo de JVR sería la demostración de que en Chile tenemos un grupo importante de personas conservadoras y radicales, que de seguro miran con recelo a Piñera por su tibieza en algunos temas, especialmente los valóricos. Un sector que aprobaría decididamente la expulsión de casi todos los emigrantes, especialmente los haitianos y propiciaría la ley de no juzgar a los policías que maten a un “delincuente”, sin siquiera tener pruebas. Es decir, esos que también en silencio deben estar pensando que los miembros de la patrulla Jungla que mató por la espalda a Camilo Catrillanca son héroes.

Macaya, por su parte, es la renovación generacional y un rostro emergente en lo que va quedando de los “coroneles” o de los históricos, de los fundadores. En desgracia Novoa y Longueira y con Chadwick en La Moneda, el liderazgo se estaba quedando limitado al senador Coloma. Este grupo representa a los dispuestos a negociar, a aplicar una dosis de pragmatismo incluso a la hora de abordar temas valóricos o apoyar a un RN como candidato presidencial. Son los “renovados” de la UDI y eso genera molestia en esos que un día abandonaron el partido, que sienten que la “doctrina” dura se está relativizando, como José Antonio  Kast.

El daño provocado por estas elecciones de seguro será alto. Las fracturas parecen ser severas, más aún con dos semanas por delante en que los golpes pueden ser más fuertes. Jaime Bellolio ya anunció que si gana JVR abandonará la UDI y lo puede seguir una parte del casi 40% que obtuvo en 2016. Si gana Macaya, es probable que un grupo grande siga los pasos de JA Kast, considerando que sus posturas frente a temas valóricos y apoyo a Bolsonaro fueron aplaudidos por varios diputados gremialistas.

Y, claro, todavía falta descubrir quién hizo esta intervención “externa”. Una arista que podría abrir otro capítulo en la ya alicaída y golpeada clase política chilena.

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