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Un Presidente desbordado

por 25 diciembre, 2018

Un Presidente desbordado
Cuando Piñera dio luz verde en Junio al Comando Jungla, que ahora se trata de enterrar y se incurre en lo que hace el totalitarismo, como que nunca existió, esa vez el gobernante se esmeró hablando contra el terrorismo, inculcando en esos efectivos una escala de valores errónea y definiendo un enemigo ficticio, el terrorista, de allí a la catástrofe había un paso. Lo que no reparó la autoridad es que la convicción moral del uniformado no puede ser el odio, sino que la identidad con la dignidad de las personas y los intereses de la comunidad, dentro de los cuales el respeto a los Derechos de los pueblos indígenas son un aspecto primordial. La ira hacia lo diferente generó la catástrofe.
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El crimen de Camilo Catrillanca golpeó al gobierno con nuevos antecedentes que confirmaron la ineptitud de la autoridad para establecer la real conducta del Comando Jungla y le obligaron a poner término a la gestión de mando del general Hermes Soto.

El video “oculto” durante un mes, tomado por el suboficial jefe de la patrulla desde la que se dispara contra un joven y un niño, ambos indefensos arriba de un tractor azul, indica ausencia de mando superior, descontrol operativo y una total irresponsabilidad de esos efectivos a un grado extremo. Por si fuera poco, un Senador y el ex Intendente de la Región han confirmado que recibieron falso material fotográfico, enviado desde dependencias de un general qué pasó a retiro, que no era más que un montaje para aseverar un tiroteo que nunca ocurrió para justificar el homicidio de Camilo Catrillanca.

El calificativo de “cagamos” de uno de los involucrados ante el cuerpo de la víctima, evidencia una insensibilidad brutal, inconsciencia y desprecio por el ser humano allí agredido, baleado y agónico que delata una ausencia de formación moral que debe ser encarada y resuelta en la formación de Carabineros.

El descrédito se produce generado por el megafraude de Finanzas, el montaje de la Operación Huracán y ahora el asesinato del comunero mapuche, Camilo Catrillanca, es decir, acciones delictuales de Carabineros colaboraron activamente a la situación que viven. Pero, es evidente que la quintaesencia de la formación institucional, proteger a la persona y la comunidad, como la clave esencial de la tarea policial es lo que no se incluyó, en forma lamentable, en los discursos de la autoridad. Eso se olvidó.

La víctima, Camilo Catrillanca, nunca es considerada en su condición e integridad de ser humano, ante el resultado de la operación punitiva, es decir, el asesinato del comunero mapuche, comienza de inmediato una acción tendiente a ocultar o encubrir las conductas criminales de los autores y sus jefes, así se desnuda un verdadero socavón en la conciencia moral de tales uniformados. La pregunta es: hasta dónde llega ese pozo sin moral y cuánto se extiende en la institución?

Por mucho que lo niegue, Piñera cometió un error de fondo, la estrategia que definió en Marzo, apenas asumido el gobierno, de descabezar la institución pasando a retiro cerca de 60 generales y coroneles no abordó el tema de fondo en Carabineros, es decir, como se define y aplica la ética policial hoy, en la diversidad de la sociedad chilena de la primera parte del siglo XXI.

Con simplismo tomó exclusivamente el aspecto burocrático administrativo como el desafío planteado en Carabineros, que el nudo del problema era alejar prontamente a los contaminados con el gobierno anterior y así el camino del éxito estaría asegurado. En rigor, la tarea no era tan fácil, no bastaba subirse a un patrullero y dar la imagen de experto en operativos policiales, antes de un año tuvo que repetir la receta y al deponer a Hermes Soto una decena de generales son dados de baja, buscando a su elegido para la sucesión; así, configuró una situación de crispación interna en Carabineros, sin precedentes en democracia.

En una institución jerárquica corresponde mantener la regla de obediencia, si se cumple es altamente arbitrario castigar por ello, ese caso solo se fundamenta con claridad irrebatible cuando se trata de terrorismo de Estado o actos de violaciones a los Derechos Humanos, así también, cuando el policía cae en la delincuencia; hay que ser directo: el criminal o delincuente debe asumir su responsabilidad, si no hay delitos no corresponde sancionar por cumplir la disciplina que se le pide.

El descrédito se produce generado por el megafraude de Finanzas, el montaje de la Operación Huracán y ahora el asesinato del comunero mapuche, Camilo Catrillanca, es decir, acciones delictuales de Carabineros colaboraron activamente a la situación que viven. Pero, es evidente que la quintaesencia de la formación institucional, proteger a la persona y la comunidad, como la clave esencial de la tarea policial es lo que no se incluyó, en forma lamentable, en los discursos de la autoridad. Eso se olvidó.

Todos lo vimos. Cuando Piñera dio luz verde en Junio al Comando Jungla, que ahora se trata de enterrar y se incurre en lo que hace el totalitarismo, como que nunca existió, esa vez el gobernante se esmeró hablando contra el terrorismo, inculcando en esos efectivos una escala de valores errónea y definiendo un enemigo ficticio, el terrorista, de allí a la catástrofe había un paso.

Lo que no reparó la autoridad es que la convicción moral del uniformado no puede ser el odio, sino que la identidad con la dignidad de las personas y los intereses de la comunidad, dentro de los cuales el respeto a los Derechos de los pueblos indígenas son un aspecto primordial. La ira hacia lo diferente generó la catástrofe.

Por eso, el gobernante erró el diagnóstico, lo que debió hacer y no lo hizo fue haber inculcado el respeto a la dignidad de las personas y del pueblo mapuche como el principio rector del comportamiento policial. Prevaleció la foto en que aparecían armados hasta los dientes, como una fuerza militar de ocupación y no como la policía que brinda protección y tranquilidad a la población.

Si el símbolo que se inculca es un guerrero de la contrainsurgencia, tipo Rambo, una especie de ultima exhalación de la guerra fría, lo que se obtendrá después será correspondiente a ese modelo de conducta. Los terribles videos de los últimos minutos de vida de Camilo Catrillanca lo corroboran dramáticamente. La acción es tan brutal como estéril e inhumana.

Por eso, es preocupante que tanto se hable de los aspectos materiales, básicamente organizacionales de la modernización de Carabineros y muy poco o nada se diga de la formación moral, de la conciencia e integridad que debe tener un policía en esas labores institucionales. No hay nada que pueda estar por encima de la vida y la dignidad humanas y eso se enseña, se aprende y no es producto de surgimiento espontáneo o por ósmosis.

Ahora toma el mando una nueva generación, por Chile deseamos a Mario Rozas, General Director recién asumido, que salga adelante por miles y miles de carabineros que sienten respeto y cariño por el uniforme y la comunidad; se espera que esta nueva hornada en Carabineros tenga presente que la autoridad está en la honradez, rectitud y respeto irrestricto a la dignidad del ser humano, asumiendo el pluralismo y la diversidad de la nación que hoy constituimos en nuestra tierra.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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