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¿Y el juego bonito?

por 29 junio, 2019

¿Y el juego bonito?
Hoy, el jugador de Brasil perdió eso, la sonrisa. Son todos grandes atletas, ganan millones y están en los mejores equipos del planeta, pero perdieron esa esencia que los hacía distintos. Que los hacía ser temidos y respetados en cada cancha. ¿Qué pasó? Precisamente la competencia, el mercado de pases y algunos técnicos más preocupados de sumar puntos, comenzaron esta revolución de restarle al jugador de Brasil, ese poder que ningún otro tenía.
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Brasil ya está en semifinales, pero el equipo de Tite aún no despierta de un letargo que ya genera desesperación en las tierras cariocas. Y digo esto, por que ni siquiera cuando juega la selección local, los estadios se repletan o se genera un carnaval al ver la canarinha. Y créame cuando le digo que no se revoluciona el ambiente, no pasa nada, ni siquiera en este partido de cuartos de final ante Paraguay el jueves en la tarde.

Los números desde que asumió Tite son excelentes. Ha dirigido a Brasil en 42 partidos y solo tiene dos derrotas. Pero algo pasa que este equipo no despierta interés, menos emoción en uno de los países más futbolizados del planeta. Acá en Río de Janiero y en pleno invierno, los cariocas están más preocupados de salir a trotar por Avenida Atlántica, de llegar a la playa temprano y aprovechar el sol -se oscurece a las 17.30- y de jugar fútbol-voley o practicar ejercicios en los módulos dispuestos a lo largo de los 12 kilómetros de playa que tiene “cidade maravillosa”.

Por momentos, ha sido contradictorio estar cubriendo esta Copa América con un Brasil a veces mezquino y ávaro en cuanto al espectáculo. Siempre se le exige más a quienes desde un inicio regalaron magia, espectáculo y alegría. Como dice la canción de Sabina ¿Quién me robó el mes de abril? Yo preguntaría ¿quién le robó la sonrisa a Brasil? El que lo hizo o quienes lo realizaron, favor devolverla con urgencia. Se lo agradece todos los que amamos el fútbol.

Claro, usted me dirá que Brasil goleó a Perú sin piedad, es cierto, pero aún así esta escuadra está muy por debajo y lejos de la esencia de las épocas de oro de los años 70 y 80, donde la verdeamarelha deleitaba siempre donde jugaba. El mítico "Brasil" 70 que fue campeón del Mundo en México tenía cinco jugadores extraordinarios, todos zurdos, en la oncena estelar con Pele, Jairzinho, Rivelinho, Gerson y Tostao. Quienes los vieron jugar, dicen que era un equipo mágico, elegante y creativo. Mérito absoluto del viejo zorro Mario Zagallo, al ubicar a estos mega cracks en el equipo y hacerlos convivir con un Pelé superlativo y extraordinario.

La década de los 80 nos regaló jugadores de una calidad fantástica: Zico, Sócrates, Junior, Eder, Toninho Cerezo, Falcao. Un Brasil lleno de magia y playa, completo de malabarismo y favela. Claro, ese mega equipo no pudo ser campeón del mundo en 1982 por no tener un centrodelantero y arquero de calidad, pero el resto de los nombres antes entregados siguen en los más alto del pedestal.

Tal vez, uno de los últimos equipos del scratch digno de recordar es aquel que entre sus filas tenía a Roberto Carlos, Rivaldo, Romario, Ronaldinho y Ronaldo. Esos son estandartes de lo más propio del jugador brasilero. Se les veía sonreír y disfrutar.

Hoy, el jugador de Brasil perdió eso, la sonrisa. Son todos grandes atletas, ganan millones y están en los mejores equipos del planeta, pero perdieron esa esencia que los hacía distintos. Que los hacía ser temidos y respetados en cada cancha. ¿Qué pasó? Precisamente la competencia, el mercado de pases y algunos técnicos más preocupados de sumar puntos, comenzaron esta revolución de restarle al jugador de Brasil, ese poder que ningún otro tenía.

Cuando se camina por las playas de Río y se puede ver a los chicos y chicas dominando, jugando y haciendo malabarismo, queda un halo de esperanza que pueda recuperarse y potenciar esa habilidad innata que tienen.

Cuando veo jugar a Dani Alves queda algo por disfrutar. Es casi como el último mohicano intentado mantener esa sonrisa y alegría de jugar. Mantiene esa diversión por jugar, nunca deja de sonreír y trata de contagiar a sus robóticos compañeros. Es por ahora el más brasileño de todos y eso que su carrera se forjó bajo la estructura europea. Se agradece verlo cuando se atreve a encarar, tirar un túnel en medio de tanta estrategia y táctica.

A Brasil, no le perdonarían no ser campeón en su casa. El pueblo futbolero y en más de un 70% no le gusta el juego de Tite, a pesar de la estadística favorable. Por momentos el joven Everton también logra mantener ese ADN del jugador propio del pentacampéon, hasta que seguramente deje Sudamérica para emigrar a Europa.

Por momentos, ha sido contradictorio estar cubriendo esta Copa América con un Brasil a veces mezquino y ávaro en cuanto al espectáculo. Siempre se le exige más a quienes desde un inicio regalaron magia, espectáculo y alegría. Como dice la canción de Sabina ¿Quién me robó el mes de abril? Yo preguntaría ¿quién le robó la sonrisa a Brasil? El que lo hizo o quienes lo realizaron, favor devolverla con urgencia. Se lo agradece todos los que amamos el fútbol.

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