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No todo lo que brilla es fútbol

por 3 agosto, 2019

No todo lo que brilla es fútbol
Estas tres medallas de oro, tienen historias de mucho esfuerzo familiar e individual. Si bien la delegación chilena intentará emular las cinco preseas doradas obtenidas en Toronto 2015, queda una reflexión más allá del medallero:  ¿Somos un país que brinda todas las condiciones y estructuras para el desarrollo de nuestros deportistas?
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Lima. Martes 30 de julio y las buenas noticias llegaban desde la capital peruana: en un hecho histórico, inaudito, Chile lograba sumar tres medallas de oro en una sola jornada. Algo realmente extraordinario y atípico, pero con María Fernanda Valdés, Tomás González y los primos Grimalt, el team Chile empezaba a sacar aplausos y elogios por las preseas conseguidas. Difícilmente esa jornada se borrará del colectivo nacional, por que estuvo plagada de emociones y satisfacciones.

Comencemos por los Grimalt, Marco y Esteban, quienes hicieron su camino de gloria panamericana en base a talento, esfuerzo, silencio y capacidad. Son protagonistas del circuito mundial del Beach Volley y esos pergaminos los trajeron a las arenas limeñas, fueron contundentes y sólidos en cada partido. Lamentablemente el ganar el oro no les entrega cupo olímpico, pero de seguro con la confianza y complicidad mostrada, deberían llegar a Tokyo 2020.

Pasemos a Tomás González, el exponente mundial que ha prestigiado el deporte chileno a nivel olímpico, panamericano y sudamericano. Su rutina de suelo le permitió colgarse la medalla - la sexta en su currículum en Juegos Panamericanos- de oro y de paso, dejar en claro que es uno de los mejores en la historia del deporte de los anillos en nuestro país. Terminada la íntima celebración, el gimnasta reflexionó respecto a su próximo reto: Tokyo 2020 y declaró tener todas las expectativas de estar en sus terceros juegos olímpicos, con la experiencia y madurez adquirida a lo largo de sus 17 años de brillante carrera.

No sé si Chile logrará superar su ranking de medallas de oro, no sé si logrará generar un cambio en las políticas deportivas de nuestro país, pero sí quería plasmar una visión que cada cuatro años genera emoción y expectativas. Nuestros deportistas han logrado despertar a una sociedad que muchas veces es apática, lograron que ese martes 30 fuera un día de alegrías y festejos, que los niños se pegaran al televisor para ver los remaches de los Grimalt, los saltos y piruetas de González y ese grito desgarrador de María Fernanda Valdés al momento de levantar la pesa. Lograron que fuera un día distinto y donde el oro brilló.

Lo de María Fernanda Valdés fue épico y emocionante. La pesista chilena tuvo una ardua lucha contra las principales favoritas, la dominicana Crimery Santana y la ecuatoriana Tamara Salazar. En su fuero interno, Valdés sabía que podía dar una gran sorpresa y vaya que así fue, ya que logró 259 kilos, un registro que no estaba en los papeles de esta coquimbana, que luego de su triunfo en Lima 2019 prepara su matrimonio.

Estas tres victorias incentivaron a un país que está muy lejano de los triunfos habituales en cualquier disciplina deportiva. De hecho, al llegar a Chile la misma María Fernanda Valdés indicó que se podían conseguir cosas y que había que dejar de lamentarse, un mensaje muy potente de una referente que el 2017 fue víctima de bulling, pero que pudo superar ese trance y seguir adelante. Una enseñanza de vida que ella replica constantemente, dirigiéndola a los niños que son víctima de esta problemática.

Pero estas tres medallas de oro, tienen historias de mucho esfuerzo familiar e individual. Si bien la delegación chilena intentará emular las cinco preseas doradas obtenidas en Toronto 2015, donde las mellizas Abraham y el tenis, con Alexa Guarachi, pueden estar en lo más alto del podio, queda una reflexión más allá del medallero:  ¿Somos un país que brinda todas las condiciones y estructuras para el desarrollo de nuestros deportistas? ¿Tenemos planes estratégicos para el crecimiento de los planes olímpicos?.

Desde la mirada de los deportistas, quienes muchas veces alzan la voz, al parecer estamos muy distantes aún de otras potencias latinoamericanas. Nadie podrá desconocer que el Estado sí ha intentado y mejorado en algunas instancias estos planes y rutas de trabajo, pero mirando otras realidades que se plasman en Lima 2019, seguimos muy por debajo en el esfuerzo.

Escribo esta columna siendo las 21:30 horas del jueves 1 de agosto, por lo cual existen opciones reales de que Chile sume más medallas, pero la tabla no miente y la realidad es evidente. Los seis primeros lugares lo tienen potencias deportivas que hace décadas abrazaron el camino del trabajo planificado y de apertura presupuestaria para el crecimiento y competitividad de sus deportistas: Estados Unidos, México, Brasil, Canadá, Argentina y Colombia. Extraña situación de Cuba, que otrora era quien osaba disputar palmo a palmo el primer lugar a los americanos.

También debemos hacer la auto crítica quienes estamos inmersos en el periodismo deportivo. No hemos sido el vehículo cercano y abierto, para promocionar atletas y disciplinas que no sean fútbol o tenis. Nuestros deportistas no tienen visibilidad y salvo alguna historia excepcional, poco y nada se sabe de ellos durante los 365 días del año. Las excusas que no venden ni generan rating nos ha llevado a la ceguera ante muchas historias notables de esfuerzo y trabajo silencioso. Hablo desde mi propio mea culpa y creo también que es un reclamo válido de los deportistas.

Quiero hacer un guiño al trabajo del CDO (Canal Comité Olímpico) que hace ocho años nació para la difusión y fomento del deporte olímpico. Así como en su momento se creó el CDF (Canal del Fútbol) para el desarrollo y crecimiento de la actividad, la aparición del CDO ha sido un viento refrescante para aprender y observar el trabajo de los atletas. La cobertura que ha tenido durante estos Panamericanos de Lima 2019 ha sido notable y bien merecía una distinción.

No sé si Chile logrará superar su ranking de medallas de oro, no sé si logrará generar un cambio en las políticas deportivas de nuestro país, pero sí quería plasmar una visión que cada cuatro años genera emoción y expectativas. Nuestros deportistas han logrado despertar a una sociedad que muchas veces es apática, lograron que ese martes 30 fuera un día de alegrías y festejos, que los niños se pegaran al televisor para ver los remaches de los Grimalt, los saltos y piruetas de González y ese grito desgarrador de María Fernanda Valdés al momento de levantar la pesa. Lograron que fuera un día distinto y donde el oro brilló.

Pero qué pasará a partir del 11 de agosto cuando se terminen los Juegos Panamericanos. Habrá que escudriñar en alguna parte para saber de los nuestros, esos deportistas que sufren y ríen por Chile. Todo mi respeto para ustedes.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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