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Mi partido es una app o el fin del clientelismo

por 29 agosto, 2019

Mi partido es una app o el fin del clientelismo
Es evidente que hay que dar vuelta la fórmula y, en vez de que cada partido rellene infinitamente con fichas las comunas, fortaleciendo el clientelismo local, se debe poner una cifra límite de acuerdo a una cierta proporción del padrón. Que un partido tenga más del 2% o 5% del padrón de una comuna, no es sinónimo de buena salud democrática, más bien lo contrario, ya que lo más probable es que detrás de esas cifras haya un alcalde, parlamentario o líder local que controla una “cartera” de fichas con las cuales puede jugar en ligas mayores. Un 1% del padrón local como tope comunal es más que razonable para un partido.
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No tengo dudas de que en poco tiempo más los partidos serán una app, una aplicación dentro del celular, pues desde el teléfono se podrá votar, encuestar, participar en foros, bajar documentos, subir videos y fotos de las asambleas y campañas, ver conferencias y, también, se podrá distribuir la propaganda y por qué no, pagar las cotizaciones. La “analítica” nos dirá quiénes son los militantes activos y quiénes bajaron la app pero nunca han interactuado con ella. Y lo más importante, los militantes-fichas tendrán sus días contados.

Tampoco es necesario llenar de ejemplos –espero– acerca de la irrelevancia del número de militantes de un partido, en relación con su desempeño político institucional. Hoy en día, influencia, resultados electorales y poder no requieren de miles de militantes inscritos, menos si han ingresado clientelarmente a padrones ficticios, más bien lo que se necesita hoy es fibra electoral-mediática, que influya en los espacios virtuales y reales, a través de ideas y propuestas.

No está lejos el día en que, así como en ciertos clubes de fútbol de Europa, hay que esperar que muera un socio para liberar una plaza, algún partido que lo esté haciendo bien, pero muy bien, tenga un listado de ciudadanos esperando por el honor de entrar y ser parte del selecto número de militantes, con un carné virtual dado por la app, que se sientan orgullosos de ser parte de esa institución. Pero mientras eso no llega, limpiemos los padrones y el clientelismo que están matando la política.

Algo de contexto. Recordemos que el año 2015 la ex-Presidenta, Michelle Bachelet, convocó a un Consejo Asesor Anticorrupción liderado por Eduardo Engel, para responder a los casos sobre el financiamiento ilegal de la política. Años después, algunas de las medidas, como el refichaje de los partidos, se cuestionan a partir de las magras participaciones electorales internas de las colectividades políticas y la profunda crisis que vive el Partido Socialista, luego de las acusaciones de abultamiento de su padrón en comunas como San Ramón, el excesivo clientelismo local y denuncias de eventuales vínculos de militantes con el narcotráfico.

De esta forma, el núcleo de críticas hoy se centra en la fallida implementación del refichaje de militantes, norma que fue propuesta por el consejo citado y que culminó en su etapa central, en abril de 2017, plazo que definía qué partidos quedarían habilitados para el espacio electoral de ese año. El proceso continuó en 2018 y 2019 con nuevas incorporaciones de militantes hasta el día de hoy, con partidos –todos– entre los 30 mil y 55 mil inscritos, pero con resultados electorales muy diferentes entre ellos.

¿Cómo es posible que partidos con militantes recién inscritos no logren superar el 8% en promedio de participación interna? Todos las colectividades de representación nacional superan los 40 mil militantes entre 2017-2019, sin embargo, solo votan alrededor de 8 mil a 9 mil militantes y, en algunos casos, como el de RD, lo hacen menos de 3.500 militantes. Solo la UDI y el PDC superaron los 10 mil votantes en sus elecciones internas, fuera del PS con alrededor de 20 mil en mayo de este año, elección signada por conflictos de público conocimiento.

De esta forma, es evidente que hay que dar vuelta la fórmula y, en vez de que cada partido rellene infinitamente con fichas las comunas, fortaleciendo el clientelismo local, se debe poner una cifra límite de acuerdo a una cierta proporción del padrón. Que un partido tenga más del 2% o 5% del padrón de una comuna, no es sinónimo de buena salud democrática, más bien lo contrario, ya que lo más probable es que detrás de esas cifras haya un alcalde, parlamentario o líder local que controla una “cartera” de fichas con las cuales puede jugar en ligas mayores. Un 1% del padrón local como tope comunal es más que razonable para un partido.

Lo deseable sería tener partidos acotados, con premilitancia, capacitación, antigüedad y, lo más importante, adhesión a los principios básicos de donde se quiera participar.

No está lejos el día en que, así como en ciertos clubes de fútbol de Europa, hay que esperar que muera un socio para liberar una plaza, algún partido que lo esté haciendo bien, pero muy bien, tenga un listado de ciudadanos esperando por el honor de entrar y ser parte del selecto número de militantes, con un carné virtual dado por la app, que se sientan orgullosos de ser parte de esa institución. Pero mientras eso no llega, limpiemos los padrones y el clientelismo que están matando la política.

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