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Fernando Barros, Larraín Matte y la COP25: cómo se armó el lío que puso a los empresarios en el centro del debate ambiental MERCADOS

Fernando Barros, Larraín Matte y la COP25: cómo se armó el lío que puso a los empresarios en el centro del debate ambiental

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Natalia Saavedra Morales
Por : Natalia Saavedra Morales Editora periodística El Mostrador Mercados
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Fernando Barros –consejero de la Sofofa en representación de Oxiquim, firma que preside y que ha sido cuestionada por la contaminación en la zona Quintero-Puchuncaví– protagonizó una semana con alta exposición. Encontrándose en Londres, hasta donde llegó como parte de la delegación de empresarios que participó del ChileDay, una columna suya explotó al interior de la organización de la COP25. Barros cuestionó el financiamiento de la conferencia por parte de un sector del empresariado al propiciar, con ese hecho, un discurso que –a su juicio– «se anticipa como uno muy contrario al mundo de la empresa y al modelo de desarrollo económico». Fuera de las chispas que sacaron sus frases en el mundo del medio ambiente, en el ámbito de los negocios estas fueron interpretadas como una interpelación directa al presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte, con quien ha tenido públicos desacuerdos previos por el estilo de liderazgo y que evidencian una división al interior de la gremial de empresarios.


Antes, mucho antes de que el consejero de la Sofofa, Fernando Barros –otrora abogado de Pinochet y asesor del Presidente Sebastián Piñera en materia tributaria–, dijera públicamente que «es lamentable que el mundo empresarial aparezca validando la COP25», había sostenido varias veces «encontrones» con el timonel de la organización gremial, Bernardo Larraín Matte.

El episodio que dejó al abogado nadando en un mar sin orilla tras sus declaraciones, evidenció –otra vez– que su figura representa a la disidencia de la Sofofa, aquella que ve en Larraín Matte una presidencia demasiado «chascona» para los tiempos que corren. Esto, aunque en el desacuerdo por la COP, ni quienes apoyan a Barros –como el empresario Nicolás Ibáñez– pudieron respaldarlo.

Barros es consejero de la Sofofa en representación de Oxiquim, firma que preside y ha sido cuestionada por la contaminación en la zona Quintero-Puchuncaví. También es director de otras empresas, como Socovesa y Agrosuper. Del gremio empresarial es parte desde el año 2005.

El abogado protagonizó una semana con alta exposición. Codeándose con la elite empresarial en Londres, fue parte del grupo de empresarios que participó del ChileDay. Mientras eso sucedía, su columna en el Diario Financiero sobre el rol del sector privado en la COP25 desataba un vendaval. Acusó a la conferencia de tener poca representatividad. Específicamente, dijo que se trataba de «un encuentro en que la mayoría de los asistentes serán de organizaciones de, a lo menos, desconocida representatividad y cuyo discurso ya se anticipa como uno muy contrario al mundo de la empresa y al modelo de desarrollo económico, distante del libre emprendimiento y más bien promotor del sometimiento del hombre al Estado para que este pueda proteger el medio ambiente».

Las respuestas llegaron de todos lados. El presidente de la Sofofa, el de la CPC y otros dirigentes gremiales, salieron rápidamente a desmarcarse. Pareció quedarse solo. El Gobierno y los empresarios se apresuraron a mostrar una postura distinta a la del abogado, quien se convirtió rápidamente en el símbolo –en su versión criolla– del negacionismo al cambio climático, dando pie, con solo este hecho, a que La Moneda desplegara toda una batería de frases para separar aguas y transmitir su preocupación por el medio ambiente. Algo así como el juego del policía bueno y el policía malo.

Luego, a través de una misiva, Barros, en una versión ya más moderada, soltó otro misil. Deslizó que en esta cruzada no estaba solo y que otros empresarios lo aplaudieron.

Si bien algunas fuentes del mundo de los negocios distinguieron en la carta un ajuste del tono, para muchos otros la bomba ya había explotado, al evidenciar una división al interior de la Sofofa. Es más, las declaraciones vertidas en la columna fueron interpretadas como una interpelación directa al presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte, con quien ha tenido públicos desencuentros, siendo este caso puntual el corolario de varios «encontrones» previos.

El primer desencuentro se conoció el año pasado, cuando el controvertido empresario Julio Ponce quiso regresar como asesor de SQM. La Sofofa lo cuestionó y Barros montó en cólera respecto de las declaraciones de Larraín Matte, acusando que no tenía la calidad moral para cuestionar el rol de Ponce en SQM. Esto, pues provenía de una empresa –La Papelera, que pertenece a su familia– que se había coludido.

El incidente quedó atrás, pero no fue el único. Uno de los más recientes tuvo que ver con la molestia del abogado respecto a la postura del gremio sobre el proyecto de las 40 horas.

En una entrevista en La Tercera, el timonel de la Sofofa reconoció la importancia de discutir sobre la flexibilidad laboral. Barros manifestó que había sido una postura demasiado temprana y que se había discutido por los medios antes que se hiciera de manera amplia con los consejeros. Larraín aseguró, ante las inquietudes, que se trataba de empatía, no de apoyar el proyecto de la diputada Vallejo.

Barros fue partidario de que se realizará un consejo extraordinario en el gremio para abordar el tema, pero en una muestra de molestia y de poder, decidió no asistir al mismo.

En la interna, las versiones son diversas. Por un lado, hay un segmento que dice que no están los tiempos para consultar a los 120 consejeros cada declaración y decisión, y que para eso está el Comité Ejecutivo. Por el otro, sin embargo, se señala que Larraín Matte personaliza demasiado la dirección del gremio.

En un chat grupal, Barros había manifestado que quería que se debatiera de manera más profunda el tema de las 40 horas y había añadido un renglón, donde señalaba que era necesario discutir con mayor profundidad la postura de la Sofofa en la COP25.

Su comentario, no obstante, llegaba un poco tarde. La Sofofa había pactado participar de manera activa en la instancia y acordó apoyar el financiamiento mediante una especie de fideicomiso ciego, es decir, un fondo común al que las empresas aportan y le entregan recursos al Gobierno. De ahí que la mayor parte de los empresarios que participan en el gremio se mostraron sorprendidos por los dichos de Barros.

Si bien hay un grupo que coincide en que existe un segmento empresarial «asustado» respecto al curso que puedan tomar las decisiones y que impliquen limitar sus actividades por el cuidado del medio ambiente –sin que esto contenga una profunda base científica, como sostiene Barros–, otro segmento asegura que la postura del abogado tiene poco asidero al interior de la Sofofa y que en este caso no concitó apoyo popular. «Nadie va a salir con algo así, saben que es un búmeran reputacional», comenta un consejero.

Llevando el debate de regreso al gremio, allegados comentan que lo anterior evidencia cierta división interna respecto al estilo de administración que tiene Larraín Matte y que incomoda a algunos círculos. «La Sofofa no queda bien cuando se ventilan todo este tipo de debates internos, muestra un ambiente de desconfianza que le hace mal al empresariado», dice un consejero del gremio.

Con todo, la Sofofa se encuentra trabajando en una serie de aspectos para alistar su participación en la COP25. Entre ellos, se cuenta lograr convencer al Gobierno de que incluya, en el plenario de la cumbre, temas que le interesa que se discutan y también algunos invitados que pretenden sugerirle a la organización del evento.

A la par, están preparando la presentación del sector empresarial chileno que se llevará a cabo en el pabellón que representará a Chile en el encuentro. Y lo más relevante son las conversaciones que se están dando entre el sector privado y el Gobierno, a contrarreloj, para poder alcanzar un compromiso respecto a las emisiones de CO2 que sea realizable en el mediano plazo.

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