martes, 25 de febrero de 2020 Actualizado a las 20:43

OPINIÓN

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Una derecha con programa de conservación y la centroizquierda balcánica

Una derecha con programa de conservación y la centroizquierda balcánica
La centroizquierda está atrapada en su propia ineptitud política. Su contrincante electoral para los próximos dos años, en nueva Constitución, municipales, gobernación y presidencial, está ordenado y disciplinado, incluso su desorden y la disidencia están mediados y acordados. La candidez de creer que el proceso político no se empuja y no requiere desafíos de acuerdos, nos llevará a la caída más estrepitosa de los últimos años.
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El Gobierno y el oficialismo, luego de diversas reuniones dominicales en la casa del Presidente Sebastián Piñera, considerando que actualmente existen electores amnésicos a la desigualdad, adictos a un sistema neoliberal de consumo y aprovechando que al frente tiene una centroizquierda balcánica, congelada por la evaluación electoral que se avecina, ha decidido generar una comedia perfecta para mantener el modelo de la Constitución de 1980.

Esta articulación no ha sido ponderada, ni en sus fortalezas ni en sus debilidades, por la izquierda institucional o parlamentaria. Por el contrario, se ha mantenido capturada en generar diferentes “comandos o estancos” por la nueva Constitución. La desorientación es tal, que incluso han llegado a proponer nombres para una eventual Convención Constituyente, olvidando por completo que, antes, resulta imperioso triunfar en el plebiscito de abril.

Si realmente la disputa hegemónica es el cambio del modelo constitucional, entonces, no es posible comprender razonablemente la torpeza de las fuerzas políticas opositoras. Es cierto que tienen el deber de respetar la vigente institucionalidad, a pesar de los evidentes síntomas de agonía que tiene; pero eso no justifica la ausencia de articulación programática, incapaz de enfrentar el reordenamiento oficialista por el rechazo a una nueva Constitución.

En efecto, la estrategia de producción de eventos y discursos políticos contra el proceso constituyente es clara y goza de alta difusión mediática. Si somos capaces de hilar una serie de acontecimientos que constituyen, en su conjunto, el fenómeno de mayor protección comunicacional a los privilegios del modelo neoliberal de la derecha, podemos identificar un vacío político de la izquierda institucional.

Enumeremos algunos de esos acontecimientos:

1. El oficialismo, con la convicción que es posible asegurar una Convención Mixta que les permita paralizar de facto la agenda legislativa de los próximos años (al faltar 86 congresistas), ha movilizado la presentación de una agenda legislativa ficta sobre supuestas protecciones sociales que solo buscan generar cismas o quiebres en la oposición parlamentaria, como ha acontecido con las reformas Tributaria y de Pensiones, capturando a las fuerzas centristas.

2. Luego, también, ha generado el relato sobre la existencia de un ambiente de “crisis social” o “inestabilidad económica” que hace imposible un debate constitucional “razonado o ponderado” de los contenidos de la Constitución, cuestión que exige mayor tiempo y un equilibro macro y microeconómico, para que los expertos puedan comandar el desafío de indicar a la ciudadanía cuáles serían los contenidos de una nueva Constitución. Un buen ejemplo, es el discurso relacionado a la PSU y la cancelación de la prueba de Historia.

Sin embargo, lo que impacta y duele, es que la izquierda institucional no entienda y asuma que no es posible condenar esas conductas, especialmente, considerando que el leitmotiv de los secundarios es la incapacidad del modelo educativo como un mecanismo para democratizar la sociedad. Esa conciencia adquirida por los jóvenes no puede dar lugar al monopolio de la difamación legítima de intereses que deben movilizar a la centroizquierda y debiera, si existiera agudeza política de la izquierda, adjudicar este fracaso al Gobierno, como aseguró el 5 de enero de 2020 el rector de la Universidad San Sebastián, al indicar que la PSU era una prueba de fuego para el Gobierno.

3. Asimismo, luego del 18/O, el oficialismo fue hábil y entendió que era el momento para realizar un “abrazo del oso” y contaminar el germen de nueva Constitución que se estaba fraguando en la comunidad nacional. En efecto, el Acuerdo del 15 de noviembre fue una captura simbólica del proceso transformador y de conquista social que se logró por estallido social. El Acuerdo, para la derecha chilena, sirvió instrumentalmente como un proceso de neutralización y vestimenta democrática. De ahí que no sea sorprendente la “voltereta” de estos últimos días. Ahí también, la izquierda institucional ha sido incapaz de entender que ese acuerdo no es una hoja de ruta sagrada: es una conquista social que debe seguir empujando con fuerza, porque el proceso político y social está a favor de su programa histórico, relativo a derogar la Constitución impuesta en dictadura.

4. Por otro lado, el oficialismo y la opinología de sus columnistas, nos recuerdan día a día la importancia de respetar la institucionalidad y las formas democráticas. Al mismo tiempo, carece de pudor para proponer como “capitán del barco del rechazo” al exministro del Interior Andrés Chadwick, sindicado por la comunidad social como uno de los responsables políticos de las graves violaciones de Derechos Humanos acontecidas en estos últimos meses. Acá se tienen dos opciones claras en la izquierda: primero, la indignación y rabia que generará la revictimización a los miles de afectados; segundo, la perspicacia política de traducir que la decisión de nombrar al exministro es una forma de desdramatización y pérdida de importancia de acoger acusaciones constitucionales, porque la calificación jurídico-política de violación de la Constitución solo tiene sanciones formales. Así, el oficialismo abre la puerta para que este recurso se use sin tantas cavilaciones y reflexiones, como está ocurriendo con el caso del intendente Guevara.

5. Para finalizar, la humorada del informe Big Data. El Presidente y el oficialismo necesitaban generar un “enemigo poderoso extranjero” como creador de los hechos del 18/O, pues en sus propias reflexiones no era concebible que el país y sus habitantes estuvieran agotados del sistema social y económico imperante. En esa necesidad, nuevamente se buscó, por medio del mayor aliado de los gobiernos de derecha, los grupos económicos, la generación de un documento que acreditara sus prejuicios. De ahí que Rodrigo Hinzpeter y Andrónico Luksic, con la inaceptable complicidad de la Agencia Nacional de Inteligencia, generaron el documento más triste que puede dar lugar a la creatividad de una supuesta inteligencia nacional.

Así, podríamos seguir hilando el discurso de Piñera, cuando dio a conocer la reforma Constitucional al Capítulo XV, la reforma al sistema de salud, los efectos de la hoja en blanco, agua como bien nacional de uso público, renuncia del diputado Marcelo Díaz y 70 militantes al PS, y etcétera.

De este modo, la centroizquierda está atrapada en su propia ineptitud política. Su contrincante electoral para los próximos dos años, en nueva Constitución, municipales, gobernación y presidencial, está ordenado y disciplinado, incluso su desorden y la disidencia están mediados y acordados. La candidez de creer que el proceso político no se empuja y no requiere desafíos de acuerdos, nos llevará a la caída más estrepitosa de los últimos años.

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