domingo, 27 de septiembre de 2020 Actualizado a las 03:56

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Trabajadores de las farmacias, en la trinchera contra el coronavirus y las autoridades

Trabajadores de las farmacias, en la trinchera contra el coronavirus y las autoridades
Con horror constatamos en terreno que no hay insumos suficientes, que no existe una voluntad clara de regular los precios de los medicamentos, hemos sabido de casos de trabajadores que han atendido enfermos diagnosticados con Coronavirus y no se les ha permitido hacer la cuarentena. Tanto el Colegio Médico, como numerosos alcaldes, han solicitado medidas más concretas y drásticas. Nos sumamos a exigir cuarentena nacional, cierre de fronteras, turnos éticos. Basta de decir una cosa y hacer todo lo contrario.
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Un fuerte y merecido aplauso brindaron esta semana los ciudadanos al personal del área de Salud que se encuentra batallando cara a cara con el Coronavirus. Salimos a los balcones y al antepatio de nuestras casas para aplaudirlos por su abnegada y valiosa labor.

Los auxiliares y trabajadores de farmacias no somos médicos, no somos enfermeras, pero de igual manera estamos día a día, enfrentando en primera línea la batalla contra esta enfermedad. Estamos al servicio de los pacientes, para surtirlos de lo necesario, brindándoles la mejor atención posible. Así como quienes laboran en hospitales y clínicas, tampoco podemos trabajar desde nuestros hogares. Somos los que acudimos en metro y en micro a cumplir el deber de atender a la gente. Los que dejamos a nuestros hijos solos para abastecer a la ciudadanía de medicamentos.

Poco, sin embargo, nos escuchan las autoridades. No asumen que sí somos centros de salud y que a la hora de opinar sobre el control de este virus, también tenemos mucho que decir. Hace una semana, escribimos cartas al Ministerio de Salud, hablamos con parlamentarios, aunamos fuerzas con trabajadores de otros sectores para hacer ver la necesidad de contar con los recursos básicos para poder funcionar durante esta crisis. Hasta el día de hoy, la respuesta ha sido “no podemos hacer nada, traten de llegar a acuerdos con los empleadores”.

Un número demasiado alto de trabajadores debemos atender público sin contar con mascarillas ni alcohol gel, tampoco se está haciendo la desinfección de los locales y lo más grave de todo, es que ni siquiera los mayores de 60 años, las mujeres embarazadas ni los enfermos crónicos han podido realizar la cuarentena preventiva. La mayoría ha tenido que seguir trabajando pese al riesgo de ser contagiados por los pacientes que llegan a las sucursales a comprar.

Nos hablan de medidas económicas, pero con horror constatamos en terreno que no hay insumos suficientes, que no existe una voluntad clara de regular los precios de los medicamentos. Entonces, cuánta distancia hay entre lo que se dice y la realidad. Cada vez que encendemos el televisor o la radio escuchamos al gobierno llamando a la gente a cumplir la cuarentena, a cuidarse, pero quién cuida de nosotros para que podamos seguir brindando servicio a la comunidad.

Se ha pasado a llevar la norma de manera grave, hemos sabido de casos de trabajadores que han atendido enfermos diagnosticados con Coronavirus y no se les ha permitido hacer la cuarentena. Entonces los discursos resultan vacíos y nos preguntamos cuál es la real conciencia que existe sobre la necesidad de frenar la epidemia.

Están jugando con nuestras vidas, privilegiando la estabilidad económica de las empresas y de paso usando esta crisis sanitaria para aplacar las ansias de la ciudadanía de corregir las leyes; de cambiar el juego, de dar vuelta el tablero, para que las reglas esta vez nos favorezcan a todos. Sabíamos que el virus llegaba en marzo, ¿acaso el gobierno era el único que no lo supo ver?

Tanto el Colegio Médico, como numerosos alcaldes, han solicitado medidas más concretas y drásticas; nos sumamos a exigir cuarentena nacional, cierre de fronteras, turnos éticos. Basta de decir una cosa y hacer todo lo contrario; los chilenos pedimos acción y solidaridad ahora, que aún es tiempo. Si a alguien le cabía alguna duda respecto a la gravedad de la crisis, después de ver la rapidez con que se esparce por el mundo y la estela de dolor que va dejando, no puede restarse al intento por cuidar de los suyos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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