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A la zaga de los alcaldes, Colegio Médico y resto de Latinoamérica

por 23 marzo, 2020

A la zaga de los alcaldes, Colegio Médico y resto de Latinoamérica
Decíamos que esta podía ser una oportunidad para Piñera, pero la verdad es que, hasta el momento, las primeras semanas indican que puede convertirse en una segunda pesadilla, como la del 18 de octubre. “El país mejor preparado de Latinoamérica” tiene una de las tasas más altas de contagiados y ha ido reaccionando detrás de todos los países del continente. Cierran fronteras, cerramos fronteras. Decretan estado de excepción, decretamos lo mismo. Sin embargo, son varios los que ya iniciaron el confinamiento total, como Uruguay, Perú, Bolivia y Argentina, esta última nación después de constatar que el flujo de personas desde Buenos Aires a distintos balnearios se había disparado. Algo no muy distinto de lo que se ha reportado en Cachagua y Zapallar.
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“Chile está más preparado que los otros países de Latinoamérica e Italia”. La provocadora e inoportuna frase corresponde al Presidente Sebastián Piñera y la dijo durante dos entrevistas emitidas en forma simultánea por CNN-CHV y Canal 13. Además del hecho de que el Mandatario parece olvidar con facilidad sus desaciertos –como cuando afirmó que Chile era un “oasis” en el continente, dos semanas antes del 18 de octubre–, uno se pregunta si no hay nadie que le advierta antes que, compararse con otros países no sólo es muy poco diplomático, sino que constituye también un riesgo enorme para un Gobierno que estas semanas ha demostrado confusión a la hora de tomar decisiones.

Alcaldes que asumen medidas y presionan a diario a La Moneda sin resultados y países que van corriendo delante de este Gobierno. ¿Tan preparados estábamos?

No cabe dudas que las cosas en La Moneda no están bien. La propia estrategia para enfrentar el COVID-19 ha demostrado que el poder se volvió a reacomodar, tomando protagonismo político –más allá de lo obvio por su cargo– el ministro de Salud, Jaime Mañalich.

Cercano, tal vez del grupo de los amigos de Piñera, el médico pasó a liderar, en la práctica, el Comité Político. Hombre arrogante, que se jacta de su relación con el Presidente y de una personalidad muy fuerte, le quitó todo protagonismo a sus pares Gonzalo Blumel (Interior) y Karla Rubilar (Segegob), dos actores de reparto en esta crisis. Tal vez, el único que ha intentado disputarle las cámaras es el titular de Defensa, Alberto Espina, pero sin grandes resultados. La dupla Piñera-Mañalich está a cargo de un país golpeado por el virus.

Como siempre a la zaga, el Gobierno invitó recién ayer domingo –luego de una semana de insistencias– a los alcaldes y el Colegio Médico para conformar una mesa de diálogo, sin embargo, una hora antes anunció su decisión de instaurar toque de queda nacional. Es decir, diálogo sí, pero cuarentena total no. Y aunque los alcaldes ya habían bajado su petición sólo a la Región Metropolitana, en la práctica han empezado a promover el confinamiento en sus respectivas comunas. Pero quien quedó bajo fuego, pese a insistir en su disposición a colaborar y no restar, fue Izkia Siches. Un grupo de parlamentarios de la UDI comenzó una fuerte campaña en redes sociales de defensa a Mañalich y de crítica a la dirigenta. Algo poco entendible, considerando que la posición de Siches ha sido compartida por alcaldes de ese sector, como Germán Codina, Joaquín Lavín y Rodrigo Delgado.

Tampoco es un misterio que Sebastián Piñera vio en el Coronavirus una inesperada oportunidad de revertir el escaso apoyo público. Quedó al descubierto en una de sus más peligrosas debilidades: pensar que tener un protagonismo mediático es proporcional a aumentar adhesión, así como la soberbia que le aflora por los poros, especialmente, a la hora de improvisar.

Piñera en función matinée, vermouth y noche. Entrevistas, puntos de prensa, declaraciones con la convicción que dar vuelta la página del 18 de octubre era algo simple, tan simple como pintar la estatua de Baquedano. Pero no hay peor pecado en el Presidente que el de sentir que está presentando a una de sus empresas para venderlas. Lo que el Mandatario ha hecho estos días es tratar de convencernos que la gestión para enfrentar esta pandemia es y será superior a cualquier otro país.

Pero más allá del relato, la semana pasada volvieron los fantasmas a La Moneda, esos que la han rondado durante cinco meses. Baja capacidad de escuchar –o tal vez comprender– a los actores más claves del país en una crisis como esta. Primero los alcaldes, quienes –al igual que cuando anunciaron una consulta nacional para el tema constituyente– han actuado con un nivel de coordinación, alineamiento y transversalidad a toda prueba. Los jefes comunales decidieron restringir los centros comerciales y cines antes que La Moneda. También han facilitado recintos para las vacunas, provisto de elementos de protección a su gente, además de pedir de manera oficial –varias veces– que el Gobierno defina una cuarentena total. Sin ir más lejos, el viernes pasado, 56 alcaldes insistieron en la medida, a lo que en Palacio respondieron que aún no existían condiciones y Blumel advirtió que los “municipios no pueden tomar medidas que van más allá de sus atribuciones”.

Al margen de las amenazas del ministro del Interior –que incluye a alcaldes de su misma coalición–, varios de ellos tomaron la decisión de iniciar un cierre total de sus comunas desde el sábado. Difícil pensar qué podría hacer Blumel para evitarlo.

Pero, sin duda, el golpe más fuerte para el Gobierno provino de la presidenta del Colegio Médico de Chile, Izkia Siches. La joven profesional visitó al Presidente hace exactamente una semana y le habló con mucha franqueza. Le señaló que era urgente el confinamiento de ciudades y regiones. A la salida del encuentro, Siches dio un punto de prensa en que mostró una habilidad comunicacional sorprendente, haciendo un llamado a enfrentar la pandemia con unidad.

La redes sociales estallaron alabando a la exdirigenta de las Juventudes Comunistas. La profesional, de 34 años, ha insistido desde ese día en que esta debía ser una medida inmediata, criticando la falta de voluntad de La Moneda para asumir la difícil decisión. Incluso, el viernes 20 de marzo calificó de fracasada la estrategia del Gobierno, advirtiendo que era “imprescindible el cierre total de la Región Metropolitana”. Y agregó una frase muy dura: “Los datos entregados por el Gobierno son incompletos, inconsistentes y tienen una tremenda falta de transparencia, que no se había visto en la historia de la salud pública chilena”.

Para rematar, “el país mejor preparado de Latinoamérica” tiene una de las tasas más altas de contagiados y ha ido reaccionando detrás de todos los países del continente. Cierran fronteras, cerramos fronteras. Decretan estado de excepción, decretamos lo mismo. Sin embargo, son varios los que ya iniciaron el confinamiento total, como el caso de Uruguay, Perú, Bolivia y Argentina, esta última nación después de constatar que el flujo de personas desde Buenos Aires a distintos balnearios se había disparado. Algo no muy distinto de lo que se ha reportado en Cachagua y Zapallar.

Decíamos que esta podía ser una oportunidad para Piñera, pero la verdad es que, hasta el momento, las primeras semanas indican que puede convertirse en una segunda pesadilla, como la del 18 de octubre. Un ministro tozudo –“¿qué pasa si el virus muta y se pone buena persona?”–, con exceso de protagonismo presidencial, soberbia, temor a la hora de tomar decisiones –¿no habría sido lógico que fuera el Gobierno el que planteara que no existían condiciones para hacer el plebiscito y no los partidos?–, más una falta de convicción en momentos críticos y una desconfianza ideológica que les impide escuchar, genuinamente, a la presidenta del Colegio Médico por su cercanía al Frente Amplio. Si no fuera por el paquete económico anunciado, La Moneda quedaría en rojo en la primera etapa de emergencia.

Como siempre a la zaga, el Gobierno invitó recién ayer domingo –luego de una semana de insistencias– a los alcaldes y el Colegio Médico para conformar una mesa de diálogo, sin embargo, una hora antes anunció su decisión de instaurar toque de queda nacional. Es decir, diálogo sí, pero cuarentena total no. Y aunque los alcaldes ya habían bajado su petición sólo a la Región Metropolitana, en la práctica han empezado a promover el confinamiento en sus respectivas comunas. Pero quien quedó bajo fuego, pese a insistir en su disposición a colaborar y no restar, fue Izkia Siches. Un grupo de parlamentarios de la UDI comenzó una fuerte campaña en redes sociales de defensa a Mañalich y de crítica a la dirigenta. Algo poco entendible, considerando que la posición de Siches ha sido compartida por alcaldes de ese sector, como Germán Codina, Joaquín Lavín y Rodrigo Delgado.

Pero, así como el Gobierno estaba mucho menos preparado de lo que Piñera afirmó la semana pasada, la ciudadanía, los chilenos y chilenas, parecemos tener un estado psicológico bastante más adaptativo luego de venir de cinco meses en que la anormalidad se convirtió en lo cotidiano. Jornadas más cortas, toque de queda, trabajo desde la casa, niños sin clase, locales cerrados. Sin duda que esta situación es distinta, ya que la incertidumbre es total, pero tampoco es que nos sorprenda tanto, en comparación con los otros países del “oasis”.

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