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Nuestros dogmas y las crisis económicas

por 24 abril, 2020

Nuestros dogmas y las crisis económicas
Hoy enfrentamos una crisis económica de gran magnitud. Tratar de minimizar su costo social, supone un aumento enorme del gasto público que tendrá que ser financiado con los recursos que tenemos ahorrados y con nuevas deudas. Puede que, para evitar pagar altas tasas de interés, sea necesario que el Banco Central compre deuda del fisco en los mercados financieros y que, si las cosas empeoran, sea necesario hacerlo directamente. Ojalá no lleguemos a ello, pero si ocurre ya será tarde para las personas y la economía, si el ente emisor no cuenta con los instrumentos necesarios.
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Desde hace algunas semanas se ha iniciado una discusión sobre si el Banco Central de Chile debiera poder prestarle “directa o indirectamente” al fisco. Hoy está prohibido por la Constitución (Art. 109) y por la Ley Orgánica Constitucional del Banco que reproduce exactamente las palabras de la Carta Fundamental. Por lo tanto, para que el BC pueda hacer lo que hacen todos los bancos centrales modernos, como es comprar y vender deuda del fisco en los mercados, se requiere reformar la Constitución.

La prohibición es insólita en sí misma. Pero lo más increíble es que entre los opositores al cambio se encuentran el actual presidente del banco, Mario Marcel, y varios expresidentes. La notable excepción es Roberto Zahler. Los demás se dan cuenta que política y técnicamente su posición es insostenible, por lo que han optado por “aceptar” el cambio, pero poniendo duras trabas para que sea operacionalmente viable. Ni hablar de que el Central le preste directamente al fisco, eso parece ser considerado un pecado capital, aunque hay varios bancos centrales que en la actual crisis lo harán si es necesario, entre ellos el Banco Central Europeo.

Negarse a tener un instrumento de política económica en el canasto de instrumental económico, es como eliminar el Cuerpo de Bomberos para prevenir los incendios. Carece de toda lógica y ninguna teoría económica lo avala.

Cuando la economía comienza a recuperarse, de a poco los dogmas se van reacomodando y se reinstalan de forma que, no mucho tiempo más tarde, volvemos a lo mismo en una versión diferente. La versión de hoy es el crédito del Banco Central al fisco. Desde luego, en lo que tarda en aparecer el Friedman que, en su inocencia, grita que el emperador está desnudo, la economía se puede ir por la alcantarilla.

Por el contrario, como lo han demostrado desde 2008-09 los principales bancos centrales de países desarrollados, y Japón desde principios de los 2000, ellos han comprado asiduamente papeles de deuda fiscal en los mercados secundarios. Eso explica, en gran medida, lo bajo que han estado las tasas de interés a nivel mundial en la última década.

En el caso de la FED, el BC más importante del mundo, el 40% de sus activos son papeles del gobierno de los EE.UU., según reporta Adair Turner, exjefe del equivalente inglés de nuestra Comisión para el Mercado Financiero (CMF). Para mayor abundamiento, hace pocos días el Banco de Inglaterra –uno de los más prestigiosos del mundo– anunció su disposición a comprar directamente papeles del UK Treasury, o sea, el fisco inglés. ¿El motivo? Asegurar la liquidez de los mercados, evitar que suba la tasa de interés –que está prácticamente en cero– y así reducir los riesgos de que la crisis sanitaria haga aún más daño a la economía.

Cuesta entender cómo en Chile nos compramos un dogma y nos convertimos en más papistas que el papa.

Un ejemplo notable de esta perversa tendencia nacional quedó ilustrada con la visita a Chile de Milton Friedman en 1981, cuando vino a asesorar a sus discípulos de Chicago mientras la economía colapsaba. Al aterrizar en Santiago y al pie de la escalera del avión –no habían mangas en esa época–, los periodistas le preguntaron qué le parecía el tipo de cambio de 39 pesos por dólar y Friedman respondió que prefería un tipo de cambio fijo, pero que otra cosa era a qué nivel se fijaba. No apareció más en la prensa durante esa visita. Como siempre, no se podía cuestionar la decisión de la "autoridad" económica.

Muy preocupado por lo que estaba ocurriendo y por las acciones cada vez más contraproducentes de las autoridades económicas de la época –como reducir los sueldos en 10% en el sector público y privado–, en octubre de 1981 escribí un artículo sobre la importancia y necesidad de devaluar. Se lo mandé al entonces editor de la revista Gestión. Lo publicaron en abril del 82 , ¡seis meses después! El dogma vigente impedía cuestionar el tipo de cambio fijo. O sea, se niega el debate hasta que, como en la fábula, el niño impresionado por lo obvio, exclama ante todos: “¡El emperador está desnudo!”. En nuestro caso lo obvio no se discutió hasta que la economía colapsó (lo mismo pasó en 1930 con el patrón oro).

Lo más impresionante es que aún después que la economía colapsa, el dogma no es cuestionado. No se debate por qué fracasó, simplemente desaparece como si nunca hubiera existido. No se habla más del tema y nadie es responsable. Todos miran para el techo por un tiempo, mientras la política económica cambia de curso, pero muy tarde para evitar los costos humanos y económicos de la crisis.

Cuando la economía comienza a recuperarse, de a poco los dogmas se van reacomodando y se reinstalan de forma que, no mucho tiempo más tarde, volvemos a lo mismo en una versión diferente. La versión de hoy es el crédito del Banco Central al fisco. Desde luego, en lo que tarda en aparecer el Friedman que, en su inocencia, grita que el emperador está desnudo, la economía se puede ir por la alcantarilla.

Hoy enfrentamos una crisis económica de gran magnitud. Tratar de minimizar su costo social, supone un aumento enorme del gasto público que tendrá que ser financiado con los recursos que tenemos ahorrados y con nuevas deudas. Puede que, para evitar pagar altas tasas de interés, sea necesario que el Banco Central compre deuda del fisco en los mercados financieros y que, si las cosas empeoran, sea necesario hacerlo directamente. Ojalá no lleguemos a ello, pero si ocurre ya será tarde para las personas y la economía, si el ente emisor no cuenta con los instrumentos necesarios.

Negarse a tener los instrumentos económicos disponibles, es vivir en el mundo de los dogmas irreductibles. Dios nos guarde de nuestros dogmas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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