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Winners: dejemos de ser cómplices pasivos

por 29 agosto, 2020

Winners: dejemos de ser cómplices pasivos
Recientemente, el estudio “Ética y Crimen Corporativo en Chile”, del Centro Ética Empresarial (CÉE) del ESE Business School de la Universidad de los Andes, arrojó que un 40% de las empresas aún no cuenta con un código de ética, mientras un 45% de estas no provee capacitación sobre ética y fraude a sus empleados. Resulta esencial que exista un compromiso real y tangible con el buen actuar, que no quede solo en palabras, sino que se transfiera a todos quienes pertenecen a la organización, que existan medidas ejemplificadoras a quienes se pasan de listos y, a la vez, protección a quienes se atreven a denunciar.
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Hace unas semanas escribí la columna “Winners y el costo para la sociedad”, que describe cómo funciona la microcorrupción en Chile y en la vida cotidiana. Y, paradójicamente, el mismo día de su publicación, me tocó presenciar la cultura winner en todo su esplendor.

Mientras hacía una fila bastante larga, apareció un carabinero solicitando los permisos temporales, lo que provocó que varias personas desaparecieran rápidamente. Hasta ahí, ninguna sorpresa, algunos se querían pasar de listos y no pudieron.

Sin embargo, me llamó la atención una mujer que, sin portar permiso, intentó convencer al carabinero que le permitiera terminar su trámite. Para suerte de ella, el uniformado le ordenó regresar a su casa, evitando ser detenida o multada.

La mujer de la fila, realizó su trámite ante la mirada inquisidora de todos quienes estábamos presentes. No levantó la mirada nunca más, sabía que su actuar no había sido ético. Por mi parte, me acerqué al carabinero para pedirle que por favor denunciara a la persona que lo llamó, porque el daño que le hace al país con este acto es inmenso. Sé que el temor a represalias de superiores impide muchas veces este tipo de denuncias, pero al menos espero que la próxima vez lo piense dos veces.

Pasaron 15 minutos, yo seguía en la fila, cuando vuelve la mujer pasándole el teléfono al carabinero, quien lo recibe y conversa amablemente con su interlocutor al otro lado de la línea. Una vez que este cortó, se dirigió a la mujer y le permitió volver a la fila.

Si bien los winners están en todas partes, ver esta situación frente a mis ojos me dejó atónita, por lo que no pude dejar de preguntarle a la mujer cómo la habían dejado quedarse si no tenía permiso. Se demoró en responder, pero finalmente contó que un amigo policía intercedió. Un ejemplo cotidiano de tráfico de influencias.

Mi cara lo dijo todo, al igual que la cara de todas las personas en la fila. Y es que, a todas luces, interceder ante la autoridad para lograr un beneficio propio es un acto de corrupción. ¿Cómo pretendemos que los carabineros no sean corruptos, si al mínimo problema se intenta corromperlo ante un superior al cual tenemos acceso?

Incluso el problema va más allá y lo dijo una persona que también hacía la fila: “Esto es la injusticia social, ella llama y le solucionan el problema”. ¿Podemos dudar de esa frase? Creo que no, de hecho es la impotencia que sentimos los chilenos, porque por unos pocos winners se desmorona toda la confianza en el sistema.

En el mundo privado, también son frecuentes hechos como ese y es fundamental que se trabaje en favor de la transparencia, además dar garantías a quienes alertan sobre hechos irregulares al interior de las compañías.

Recientemente, el estudio “Ética y Crimen Corporativo en Chile”, del Centro Ética Empresarial (CÉE) del ESE Business School de la Universidad de los Andes, arrojó que un 40% de las empresas aún no cuenta con un código de ética, mientras un 45% de estas no provee capacitación sobre ética y fraude a sus empleados. Resulta esencial que exista un compromiso real y tangible con el buen actuar, que no quede solo en palabras, sino que se transfiera a todos quienes pertenecen a la organización, que existan medidas ejemplificadoras a quienes se pasan de listos y, a la vez, protección a quienes se atreven a denunciar.

Seguramente todos hemos tenido alguna actitud winner en nuestra vida o hemos sido testigos de alguna de ellas. Una lección importante es que, si callamos, terminamos avalando esas conductas que perjudican a todo un sistema, aumentando de paso la sensación de injusticia, al punto en que no confiamos en nada ni en nadie. Por el contrario, si comenzamos a cuestionar a los winners, al menos dudarán antes de actuar.

La mujer de la fila, realizó su trámite ante la mirada inquisidora de todos quienes estábamos presentes. No levantó la mirada nunca más, sabía que su actuar no había sido ético. Por mi parte, me acerqué al carabinero para pedirle que por favor denunciara a la persona que lo llamó, porque el daño que le hace al país con este acto es inmenso. Sé que el temor a represalias de superiores impide muchas veces este tipo de denuncias, pero al menos espero que la próxima vez lo piense dos veces.

Cuando la protagonista de nuestra historia se fue, le grité “winner”, pero no se atrevió a mirar atrás.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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